martes 31 de marzo de 2026

Centenario

El Complejo de Achumani, la gran obra de don Rafael Mendoza

La idea empezó a gestarse en 1970 y las obras se iniciaron en 1974. El predio, construido sobre una superficie de más de 70 mil metros cuadrados, cuenta con el estadio de fútbol que lleva su nombre y tiene una capacidad para 14 mil personas.
Rafael Mendoza en una visita al estadio del club, que lleva su nombre. Foto: El Tigre de Achumani
Rafael Mendoza en una visita al estadio del club, que lleva su nombre. Foto: El Tigre de Achumani

Sports 360 / La Paz

El Complejo de Achumani fue sin duda la obra más importante que dejó don Rafael Mendoza Castellón (Moro Moro, Vallgrande, 20 de octubre de 1924) al club The Strongest que, más de 50 años después del inicio de las obras, continúa como una de las entidades deportivas con mejor infraestructura en el país.

El dolor de la Tragedia de Viloco (septiembre de 1969) continuaba, ya se había concluido con el rearmado del plantel y el renacimiento del club, entonces empezó a gestarse la idea de contar con un predio propio.

“Nos cedieron un terreno de siete mil metros por el mercado de Achumani, pero con eso no hacíamos nada, así que en 1970 canjeamos ese terreno por uno de 50 mil que se encontraba en Alto Achumani, en un terreno irregular que pertenecía a las monjitas descalzas que gestionamos a través de Gustavo Portocarrero”, contó don Rafo al periodista Julio Peñaloza, palabras que están reflejadas en el libro El Tigre de Achumani.

“A partir de ahí fui testarudo, porque finalmente obtuvimos 70 mil metros en un playón de río y dije que con tecnología era posible desviar el río por otro lado”, continúa el relato.

Después de años de batallar con los desbordes del río Huayllani, aunque el problema fue recurrente por un tiempo más, “en 1974 comenzamos la obra de Achumani. Todos los domingos llevábamos salteñas y refrescos; limpiábamos el terreno los miembros del directorio, de las filiales y la gente del comité de Obras Públicas”.

En la misma época, Bolívar empezó con la construcción del estadio Simón Bolívar, de Tembladerani, que hoy en día no existe más, porque en ese espacio se construye su nuevo escenario.

Bolívar, según el relato de Mendoza, había sido favorecido con “un millón trescientos mil dólares”, motivo por el que se reclamó el mismo trato para el Tigre al Gobierno que entonces tenía como presidente a Hugo Banzer Suárez.

La dirigencia atigrada había presentado entonces “los estudios, planos incluidos, del complejo deportivo que queríamos construir”.

No fue, sin embargo, una tarea fácil porque “Banzer se llevó la documentación y entonces comenzó la odisea burocrática”.

En principio, se comenzó a financiar todas las obras “con el dinero de las recaudaciones de los partidos que jugaba el primer equipo”.

El siguiente paso fue empezar la venta de acciones, responsabilidad que recayó sobre Carlos Ballivián, Enrique Díaz Romero y Wálter Ríos Gamboa, todos abogados de profesión.

En la búsqueda de consolidar la nueva infraestructura, una de las claves fue separar los directorios. Uno dedicado exclusivamente al equipo de fútbol y otro que se encargue de llevar adelante el nuevo proyecto.

Cuando se consolidó esa situación, se pudo empezar a trabajar en los objetivos que se había planteado la dirigencia, pues “la asamblea del club nos había otorgado amplios poderes; aunque, por supuesto, se produjeron situaciones imprevistas”.

Se contrató una empresa “para que nivelara la cancha que debido a las riadas desapareció y hubo que comenzar otra vez”.

Esa situación originó que Mario Mercado Vaca Guzmán, entonces presidente de Bolívar, bromeara: “Me decía que tenía la cancha más larga del mundo, con un arco en Achumani y el otro en Valencia”.

 

Rifa

En 1979 —cinco años después de iniciadas las obras—, se pudo canalizar el río Huayllani, pero para ello fue necesario rifar una camioneta.

Cuando se obtuvieron los recursos, inmediatamente después “logramos ponerle tepes a la cancha que llevamos de la avenida Busch”.

La primera de las obras que se concluyeron en el Complejo fue la Casa del Tigre y en ello tuvieron mucho que ver don Max Ramírez, el popular “Chino”, quien también fue jugador del club; Waldo Beltrán y el general Hugo Suárez Guzmán.

Después, “el Complejo se convertiría en la póliza de seguro para que nuestra institución nunca desapareciera. Hicimos un pliego de especificaciones para construir el estadio; convocamos al Colegio de Arquitectos y finalmente se adjudicó el trabajo a la empresa Inchauste y Zárate”.

El Complejo Deportivo de Achumani, además de su sede social (la Casa del Tigre, que tiene un salón de actos, una sala de reuniones y oficinas), cuenta con el estadio que lleva su nombre, canchas de tenis, de frontón, piscinas, sauna, canchas de ráquetbol, un hotel de concentración para el plantel de fútbol, un moderno gimnasio de cuatro ambientes, además de un polideportivo que incluye una cancha de voleibol y básquetbol; además de una cancha de fútbol 8 con césped sintético.

 

Inauguración 

El estadio, que ocupa un importante espacio dentro del Complejo, tiene una capacidad para 14 mil espectadores y lleva el nombre de don Rafael Mendoza Castellón, como homenaje a un líder visionario que dejó una marca indeleble en la rica historia atigrada.

Fue inaugurado el miércoles 16 de julio de 1986 con un clásico paceño.  Fue triunfo de Bolívar por 1-2. Un año después —el 12 de abril de 1987—, en conmemoración de los 79 años de fundación del club, se jugó el primer partido internacional entre The Strongest y el uruguayo Peñarol, que se impuso por 1 a 0.

En 1991 —domingo 21 de abril—, se jugó el primer partido oficial. El Tigre recibió a Always Ready y lo goleó por 3 a 0.

Una vista panorámica del Complejo Deportivo del club The Strongest de hace varios años atrás. Foto: El Tigre de Achumani

 

Levantó al club tras la tragedia de Viloco

Don Rafael Mendoza empezó a construir su emblemática figura en The Strongest unos días después de la tragedia de Viloco (26 de septiembre de 1969). Fue el principal impulsor para la reconstrucción del plantel, que prácticamente había desaparecido en ese accidente aéreo, que enlutó al fútbol boliviano.

Solo tres jugadores de ese plantel sobrevivieron y continuan con vida 55 años después: Rolando Vargas, el paraguayo Luis Gini y el cruceño Marco Antonio Velasco.

El primer paso para resucitar al Tigre fue la formación del “The Strongest Símbolo”, que se hizo posible gracias a la colaboración de clubes del exterior y también del país.

Boca, a través de su presidente Alberto J. Armando, colaboró cediendo a dos futbolistas de la tercera división: Luis Fernando Bastida, el recordado “Zorro”, y a Víctor Hugo Romero, “Romerito”.

Bolívar, por ejemplo, cedió a uno de sus jugadores más importantes como Ramiro Blacut.

La Conmebol hizo un aporte económico de 20 mil dólares para ayudar a la reestructuración del plantel.

Don Rafael Mendoza al volante; atrás, los jugadores del nuevo The Strongest. Foto: La Biblioteca Stronguista

 

Murió en 2002, un día antes de conmemorar el aniversario 94

El aniversario 94 de The Strongest no fue motivo de felicidad para los atigrados porque un día antes —el 7 de abril de 2002— murió don Rafael Mendoza Castellón, sin duda el dirigente más importante, el más grande y el más emblemático en la historia del club.

Una larga enfermedad (cáncer intestinal) acabó con su vida en 2002 en la ciudad de Cochabamba, cuando tenía 77 años.

Además de ser un buen dirigente de fútbol, también fue un destacado empresario.

Cuando todavía estaba con vida, la dirigencia del club lo declaró presidente honorario y vitalicio.

También fue declarado presidente honorario del Club Olympic, presidente honorario de la Mutual de Jugadores de La Paz, socio honorario del Círculo de Periodistas Deportivos de Bolivia y también del Círculo de Periodistas Deportivos de La Paz, entre otras distinciones.

La Academia Tahuichi Aguilera lo declaró “Tahuichi Mayor”, y además fue declarado Hijo Predilecto de la localidad de Vallegrande, donde financió la construcción de un complejo deportivo que cuenta con canchas de fútbol, de básquetbol y frontón.

También fue condecorado con el Cóndor de los Andes, en grado de Caballero, por su empeño empresarial y su gran espíritu emprendedor, demostrados en la fundación de grandes empresas por todo el país.

En las varias veces que le tocó estar al frente o ligado a la institución atigrada, conquistó los títulos de campeón de La Paz en 1970, 1971 y 1974.

En la historia de la Liga Profesional obtuvo el recordado título de 1978, que correspondía a la gestión anterior, y el de 1986.