jueves 9 de abril de 2026

Se replica en el exterior

Devolver vida a la tierra: el éxito de los sistemas agroforestales

Contrario a lo que son los monocultivos, los sistemas agroforestales buscan la convivencia entre diversas especies en un mismo terreno, para beneficio de la tierra y del agricultor.
La productora Carmen Guerra muestra la variedad de plantas en su cultivo de cacao. Foto: Mirna Echave / Visión 360
La productora Carmen Guerra muestra la variedad de plantas en su cultivo de cacao. Foto: Mirna Echave / Visión 360
viernes 01 de noviembre de 2024

Parece un bosque. Al caminar, la hojarasca suena debajo de los pies. Hay que esquivar las ramas de diferentes plantas y, a la vez, no pisar los brotes de achiote, jengibre o frejol que llenan y cubren el suelo. Es que no es un bosque, es la parcela de una productora de cacao de Palos Blancos, que utiliza el sistema agroforestal sucesional y dinámico para dar vida a la tierra y obtener un producto orgánico y de buena calidad.

Los sistemas agroforestales (Saf) han revolucionado la agricultura. Nacieron en Bolivia y ya causaron un gran impacto en la agricultura a nivel mundial.

Hace 24 años, a tres pioneros se les ocurrió entender y aplicar la dinámica del bosque en los cultivos de esta región paceña. Quisieron conectar el respeto a la naturaleza, con la necesidad de cultivar y lo intentaron. Probaron de una forma y fracasaron. Probaron otra vez y otra, hasta que empezaron a vislumbrar las respuestas, identificaron los ciclos de la vida (sucesiones), las relaciones entre plantas (asociaciones), y los beneficios que se brindan unas a otras. Hasta que lo lograron.

Es tan sencillo como entender que, desde los microorganismos más pequeños, hasta los árboles más altos, todos cumplen una función en la vida de la tierra y que un cultivo puede ser mucho mejor si esto se aplica. Y es tan complicado como conocer a las plantas, su tiempo de crecimiento, la forma de podarlas, el orden en que se las debe sembrar, qué nutrientes aportan unas, qué necesidades tienen otras, en fin.

Luis Lohse Perales, director ejecutivo de la Fundación Ecotop, institución que actualmente promueve y enseña sobre los sistemas agroforestales, cuenta que fue Joaquín Milz quien vio que “el sistema agrícola tradicional no convence porque las parcelas se estresan (baja la producción), no hay una dinámica y él se cuestiona todo ello, entonces hay que ver un cambio de enfoque, el cambio de la forma de cultivo y en un principio trabaja con algunos productores de cacao de lo que antes era Copeagro y ahora es El Ceibo”.

El achiote es muy utilizado para apoyar el enriquecimiento del sustrato.

En los cultivos de decenas de productores de Palos Blancos y Alto Beni se aplican los Saf, lo que hoy ayuda a muchos a certificar los granos que le venden a El Ceibo para sus productos de exportación. Este cacao, por ejemplo, debe ser elaborado sin el uso de agroquímicos e incluso hoy se exige que crezcan en parcelas o chacos que no fueron sometidos al fuego.

Planificar y distribuir

Cuando se habla de un cultivo, por ejemplo de maíz, uno se imagina largas hileras del producto, con las hojas largas colgando sobre los callejones de tierra. O en los cultivos de cítricos, de plátano o cacao, se tiene un paisaje homogéneo, a árboles en fila, con espacio entre ellos y con pocas hojas secas caídas a su alrededor. Ese es un monocultivo o cultivo tradicional.

Además, para “limpiar” el chaco, Lohse explica que la mayoría de la gente primero rosa, o corta al ras del piso todo tipo de vida vegetal, plantas y árboles. Luego se troza lo que es grande, los troncos y ramas, se deja secar todo y se quema, supuestamente para que la ceniza abone la tierra y así tener un terreno apto para el cultivo.  

Sin embargo, este método no solo mata todo tipo de vida, plantas, árboles, semillas, insectos, hasta hongos y los microorganismos del suelo, eliminando la posibilidad de que la tierra restituya sus propiedades naturales como bosque, o alargando el tiempo que será necesario para que esto suceda.

Un cacao, en una de las parcelas demostrativa de Sara Ana.

“Ahora, en Ecotop trabajamos en restaurar los barbechos, en el bosque secundario. Ahí, primero sembramos granos anuales como maíz, yuca, banano o frejol, como si fuera un monocultivo; pero después tumbamos ese barbecho, para picarlo bien, distribuir sobre el suelo y dejarlo así (sin quemarlo)”, señala Lohse.

Después de años de prueba - error, hoy tienen evidencia de que, tras dejar esas plantas para que alimenten el suelo, como un colchón de vegetales que cubre la tierra y también la protege de la erosión, empieza el proceso de descomposición y que si se siembra en estas condiciones, “al cabo de dos semanas, el maíz empieza a brotar, así como el frejol, y ahí se van complementando; si es arroz, después se puede meter las plantas, ya sea en semillas, o plantines”, porque el suelo ya ha recuperado algunas de sus propiedades.

Pero esa es solo una parte. Hay que planificar cómo y en qué forma se dispondrán los cultivos. Por ejemplo, las plantas de cacao se siembran cada cuatro por cuatro metros, luego, cada ocho metros se coloca una planta de banano, y cada 24, un árbol, que puede ser frutal o típico de la región.

Alrededor del cultivo principal y en espacios vacíos se colocan otras plantas de estrato medio y de crecimiento rápido, como las margaritas, que a medida que crecen se van podando para ir alimentando la riqueza del suelo y tener una cobertura constante para el suelo.

Este colchón y los árboles dan frescura a las plantas principales y hasta mantienen la humedad del suelo, lo que en este ciclo permite la regeneración de hongos, la llegada de insectos y el crecimiento de las plantas que crecen más fortalecidas, a veces incluso a pesar de épocas de sequía, porque necesitarán menos agua, ya que la cobertura evita la evaporación de la humedad que hay en la tierra.

Los Saf procuran una cobertura en torno a los cultivos principales.

Es más, según Elsa Šebková, quien participó del curso de peritaje de Ecotop, por un año, el colocar los troncos del plátano cortados a lo largo y abiertos a la mitad, permite tener una especie de micro riego sobre la tierra por aproximadamente tres meses, según el largo de los cortes. Ella aplicó el Saf en un huerto de verduras y, de forma paralela, combinó corredores productivos con corredores “energéticos”, que son aquellos donde coloca cobertura vegetal que abona, nutre y humedece su tierra.

Es que en los Saf, según el tipo de parcela, si hay pendientes o alto relieves, se planifica y busca cada espacio, donde los productores colocan otros productos como yuca, frejol, achiote, jengibre o piña, con diferente tiempo de crecimiento y de cosecha, lo que brinda al agricultor la posibilidad de obtener más productos alternos, en diferentes épocas, muchos de los cuales son comerciales o para el autoconsumo.

Carmen Guerra Rivas, por ejemplo, sembró entre sus cacaos y plátanos, maíz, canavalia, poroto, chicharrillo, pacay, piña y cítricos, y asegura que, si apostara por uno solo y le afectara la sequía o el paso de animales, tiene otros productos con qué comercializar.

Por su parte, el agricultor Julio Ticona comenta que empezó a aplicar el sistema hace siete años y ahora su terreno está en plena producción, “Aquí he aplicado un sistema agroforestal, cacao asociado a varias especies como copoazú, guanábana, tengo cítrico, palta y algunas especies forestales que también están en desarrollo. Ya estamos trabajando ocho años. Los resultados son buenos, por hectárea sacamos cacao, hemos empezado con cinco quintales, ahora de la parcela sacamos de 15 a 20 quintales, sólo de cacao”, comenta, mientras muestra los árboles de palta y de plátano que le dan sombra y acompañan a sus árboles de cacao.

Municipios agroecológicos

La experiencia y el conocimiento en torno a los cultivos agroforestales crecieron acompañados del trabajo de los agricultores de cacao de 47 asociaciones de la cooperativa El Ceibo, y de los habitantes de Palos Blancos y Alto Beni, quienes fueron testigos de los beneficios de dichas aplicaciones.

Por un lado, Ecotop y El Ceibo implementaron diversas acciones y programas de apoyo para que los productores mantengan y mejoren sus productos y su forma de producir.

El Ceibo produce plantines de cacao para sus productores. 

Por ejemplo, el tener árboles típicos era beneficioso porque la sombra ayudaba a refrescar el ambiente en la parcela, pero si crecía mucho también quitaba el sol para algunas especies, como el plátano, que requieren más del sol para crecer. Entonces, para mantener los árboles, había que controlar ese crecimiento y fue necesario crear un servicio de poda, con expertos en el acceso por cuerdas.

El Ceibo hoy tiene seis personas capacitadas y con equipamiento para realizar la poda de árboles, a medida que los productores requieren y necesitan este servicio.

También fue necesaria la habilitación de espacios para la cría de plantines, un área agroforestal y el banco de semillas, ya no solo de cacao, sino de diferentes tipos de plantas y árboles, con los tratamientos adecuados, el análisis de sus ciclos de reproducción, beneficios y condiciones para su crecimiento.

El desgranado del cacao en el centro Sara Ana.

El mantener este sistema impulsó a las organizaciones locales a demandar la declaración de Palos Blancos y Alto Beni como municipios agroecológicos, los dos únicos en Bolivia. Además de la declaratoria municipal, en 2022 lograron que el gobierno departamental también emita una ley que los declare como municipios agroecológicos, y actualmente esperan que se apruebe el proyecto de ley que se encuentra en la Cámara de Diputados, con una declaratoria similar.

Para mantener esta característica, vieron necesario también declararse como municipio con “cero minería”, porque de permitir esta actividad, se podrían socavar los logros y avances que tuvieron en los últimos 20 años.

“Nuestros hermanos han llegado desde los años 60 desde diferentes lugares. Hoy en día, nosotros trabajamos de manera sustentable, con armonía con nuestros bosques”, señaló el alcalde de Palos Blancos, Berman Arancibia, y contó cómo las mismas organizaciones, en dos ocasiones, echaron a empresas mineras que intentaron instarse en orillas del río La Paz.

El Piaf de El Ceibo, procura contar con semillas de diferentes variedades de plantas, para sus socios productores.

 

El tema de la necesidad de agua para los cultivos, las sequías y los incendios, en algunos años, también fomentaron a que la gente y las instituciones del lugar vean la necesidad de proteger el agua.

Según el alcalde de Alto Beni, Beltrán Marqués, este fue uno de los temas principales por lo que se decidieron declarar en Alto Beni un Área de Manejo Integrado, donde el bosque se mantendrá natural y, de esa forma, se preservarán las fuentes de agua que bajan a través de las vertientes.

La clave: educación

Las familias productoras no solo transmiten sus conocimientos a sus hijos para mantener la producción en la región. Ecotop ha visto fundamental aplicar un enfoque pedagógico y ampliar las formas de enseñar y comunicar sobre los beneficios de los sistemas agroforestales, la restitución de las propiedades de la tierra, el respeto a la naturaleza y sobre la conexión que hay entre las diferentes especies.

Educar, asesorar e investigar se han convertido en ejes para el crecimiento de esta iniciativa.

Por un lado, hace 17 años se creó el centro Sara Ana, de investigación internacional de agricultura orgánica sostenible, el lugar donde aplicaron sus conocimientos e hicieron experimentos con el manejo de cultivos según diferentes condiciones.

Hoy, las parcelas de este centro se han convertido en una muestra comparativa de la forma en que produce la tierra según las condiciones en que se siembre, se abone y alimente la tierra.

“En Sara Ana, el proyecto de investigación, está el mosaico científico, los sistemas de producción; uno es el Saf, toma de datos documentados, presentado a nivel internacional. Ahí puede verse el monocultivo convencional que, si bien produce bastante, en un Saf o en un agroforestal, hay otras especies que van saliendo, hay maíz, jengibre, frutales, entonces duplica los rendimientos”, comenta Lohse.

A la fecha, en Sara Ana se impartieron 20 cursos internacionales, con participación de personas de países africanos como Tanzania, Uganda y Ghana. También llegaron productores de Honduras, Guatemala, Costa Rica, Perú y Ecuador.

Asimismo, se dio pie a cursos con los que se formó a alrededor de 300 peritos en todo el país, a través del “peritaje”, un curso de 10 módulos que dura un año. Y se recibe a grupos de personas, agricultores y familias productoras que buscan conocer el nuevo sistema agroforestal para cultivar sus tierras. 

En Alto Beni, el ingreso al centro Sara Ana.

Es más, con la crítica situación del país, la declaratoria de desastre por los incendios forestales, aumentaron los pedidos para aprender sobre lo que en principio se denominó “chaco sin quema”, cuyo término nació para promover la eliminación del fuego en la producción agrícola, por la falta de control y el daño que hace a la tierra y a los bosques, cuando se descontrola.

El enfoque pedagógico busca que quienes llegan al centro Sara Ana tengan una experiencia vivencial y practiquen la forma en que se realiza y cuida un cultivo en un Saf.

Por ello es que ahora es continua la coordinación con instituciones educativas como la Estación Experimental de Sapecho de la Facultad de Agronomía, el Instituto de Ecología de la Universidad Mayor de San Andrés (Umsa), la Universidad Tecnológica Boliviana (UTB), el Instituto Tecnológico Productivo del Norte Amazónico (ITPNA), el Instituto Técnico de Caranavi, entre otros, así como se coordinan y apoyan iniciativas de ONG como Cipca, Cejis o Cáritas, que ya empezaron a aplicar programas sobre sistemas agroforestales y de chaco sin quema.

Según el docente investigador de sistemas agroforestales, de la Umsa, Lorenzo Quelali Mamani, el módulo sobre Saf se imparte en la carrera de Agronomía desde 2018. Para ello, ya cuentan con parcelas demostrativas en sus predios, donde se combinan los cultivos e incluso ya se han hecho podas de altura.

Mélani Gutiérrez muestra un corredor energético, en predios de la Umsa. Foto: Mirna Echave

“Estas parcelas datan de hace 50 años, con monocultivo intensivo y extensivo, sistemas que han dejado los suelos en vías de degradación. La comprensión es un proceso, en el manejo de Saf, porque a la primera el productor no lo va a lograr; estamos más de siete u ocho años y aún una debilidad es saber reconocer especies de cobertura que están en el suelo, de estrato medio, alto, emergentes; entonces vamos aprendiendo, porque es fundamental para el manejo, desde almácigos trabajamos, ya vemos semillas, cosechamos y tenemos germinaderos. Hay que saber reconocer las especies, porque en los Saf los trabajadores mismos confunden las malezas, aunque no hay malezas en los sistemas agroforestales”, comenta.

Y es porque el manejo de estos sistemas requiere la vigilancia del productor, podar árboles, cosechar las plantas de estrato medio, abonar con los restos el suelo, procurar el sol para las especies que lo requieren, no permitir que algunas que son solo para mejorar el sustrato crezcan demasiado y esperar.

Detalles

Los cultivos basados en los sistemas agroforestales aún están en desarrollo. Por ejemplo, una agrónoma intenta aplicarlos a cultivos del Altiplano, otros aún investigan las diferencias en el sustrato de los suelos que resultan de uno u otro sistema, mientras hay quienes no aceptan aún la aplicación de esta nueva forma de cultivar.

En el desarrollo, por ejemplo, la docente investigadora del área de sanidad vegetal, Mélani Gutiérrez Hurtado señala que no es suficiente asociar plantas de una especie con otras diferentes, “sino que tenemos que lograr es la interacción de unas con otras (…) Necesitamos que haya interacción microbológica en el suelo”.

Por otra parte, Lorezo Quelali comenta que aún hay cosas que se están aprendiendo, como el tipo de plantas que existen de cobertura sobre los suelos, sus propiedades, ciclos de vida etc. Para ello, es necesario sembrar, colectar, probar y evaluar constantemente, ya que no es suficiente un ciclo de producción para obtener los resultados que avalen cualquier afirmación. Pero se avanza en alianza con las instituciones que trabajan en el tema como Ecotop y El Ceibo.

Los resultados y eficacia de los Saf se divulgan, y hay gente que promueve ensayos con diferentes tipos de cultivos en regiones variadas, como en el Altiplano. El profesor Santos Condori, de la unidad educativa de Palos Blancos, donde se ha insertado en la currícula el estudio de la agroecología, cuenta cómo los estudiantes producen y hacen pruebas con el sistema agroforestal en un terreno. “Nosotros tenemos que entender lo que es el bosque, son millones de árboles que producen alimento, pero nosotros hemos instalado parcelas, monocultivos, hacemos chaqueos y matamos los factores bióticos y cultivamos arroz, por ejemplo, pero esto empobrece al suelo”, dice y concluye: “Con este sistema vemos que una familia, en una hectárea, es suficiente para poder trabajar, producir y poder comercializar. En el año podemos producir hortalizas, banano, limón, carambola, limón, y seguir produciendo cacao”.

Una parcela donde plantas y árboles son trozados para habilitar la siembra, sin quemar, ya que estos restos protejen el suelo. Foto: Mirna Echave. 

 

Testimonios

Una agricultura “ideal”.

Elsa Šebková llegó a Bolivia para conocer los sistemas agroforestales sucesionales dinámicos, en los que halló el tipo de agricultura “ideal”, porque la forma de sembrar actual, con el uso de maquinaria, le parece muy agresiva. Retornó para realizar su curso de peritaje y fue becada por la fundación Ecotop. Su trabajo se basó en la aplicación de los sistemas agroforestales en la creación de un huerto permanente, con corredores de cultivos combinados con corredores energéticos, donde se colocan las plantas de diferentes vegetales.

 

“No somos dueños”

Carmen Guerra Rivas aplica los Sistemas Agro Forestales (Saf) en el terreno de su familia. Explica que su principal cultivo es el cacao, que dará frutos en tres años, pero cuida el suelo con otras plantas que le ayudan a cubrir la tierra, darle frescura, y así retener mejor la poca humedad de la temporada. Alegre, sostiene que la visitan animales como chanchos y monos, algunos de los cuales se comen sus yucas y pacay, pero lo justifica afirmando que al final este también es su territorio.

 

“Una especie cría a otra especie”

El docente–investigador Lorenzo Quelali explica que desde hace ocho años la carrera de Agronomía, de la Universidad Mayor de San Andrés, aplica como un módulo de enseñanza lo que son los sistemas agroforestales (Saf), donde las plantas se suceden unas a otras. Para ello, en los predios de la universidad, en Palos Blancos, crearon parcelas demostrativas, para aplicar y estudiar desde el recojo de semillas hasta la poda de los grandes árboles. Esta formación es importante, en especial para los productores de la región, que viven de los cultivos.

 

Agroforestería: Imitar al bosque 

El director de la fundación Ecotop, Luis Lohse, cuenta cómo tres pioneros se arriesgaron a buscar un cambio de enfoque al tipo de cultivo clásico o tradicional que había en la región, que estresaba a la tierra, a las parcelas de los productores del cacao. La primera idea fue pensar que esta actividad tenía que integrarse con la naturaleza, ser parte de ella. Hubo pruebas y errores, y de ahí aprendieron, imitando lo que hace el bosque. Afirma que para formalizar la propuesta viable se creó la consultora el año 2000, se avanzó muchísimo, y se crearon acciones y áreas como las podas de altura.

 

“Apoyamos a los productores”

El subdirector de Investigación e Innovación Tecnológica de El Ceibo, Javier Marino Pérez, señala que con el trabajo del Programa de Implementaciones Agro-ecológicas y Forestales (Piaf) garantizan su mercado de exportación.  “Dentro de nuestras áreas tenemos el área de banco de semillas; el área técnica donde se realizan capacitaciones e intercambio a productores; Sara Ana que es nuestro centro de germoplasma, nuestra área de producción orgánica para las certificaciones”.

Punto de vista

“Podemos vivir del cultivo sin afectar el medioambiente”

El municipio de Alto Beni tiene 14 años de vida y ya es un referente nacional debido a que con Palos Blancos  son los únicos Municipios Agroforestales de Bolivia.

Su alcalde, Beltrán Marqués Sandóval, señala que desde hace 50 años se inició el trabajo productivo en la zona, pero en un principio era también con monocultivos.

“Teníamos el agua del río La Paz que era limpia, solo venía turbia en la época de lluvia. El terreno era bastante fértil, se establecieron parcelas, monocultivos de banano, cacao, arroz, pero a medida que iban avanzando, captaban el agua de las serranías, pero cada vez eran más alejadas. Eso nos hizo pensar qué estábamos haciendo. El suelo se compactaba y solo crecían gramíneas, estábamos persiguiendo el agua y eso nos hizo pensar que hay que proteger los bosques”, contó.

Dice que ve posible dedicarse a la producción agrícola conservando elmedioambiente, sin afectarlo, aplicando, por ejemplo, los sistemas agroforestales.

El alcalde Marqués, en su despacho. Foto: Mirna Echave

“Creo que hemos evolucionado gracias a las instituciones que estaban en la zona, a los productores de cacao, que crearon la central de cooperativas El Ceibo”, señaló y también mencionó la importancia del conocimiento, la investigación y el aprendizaje que hubo con el paso de los años.

“Hoy sabemos qué variedades son productivas, cuáles dan en las partes altas y las bajas, producto de una serie de experimentos que se hicieron con el Piaf, la universidad (Umsa) y la estación en Sapecho, el proyecto Oscar y Ecotop, que apoyaron la idea de declararse como municipio agroforestal.

“Pero no solo ello. Casi 40 mil hectáreas fueron declaradas como parque de manejo integrado con el fin de conservar sus vertientes de agua, el año 2022, y se establecieron normas para el manejo de las quemas que sean necesarias en zonas lejanas, incluso sin acceso caminero.

“El área protegida vamos a conservar con su bosque primario (...) pero si dejamos entrar a la minería, nos tendríamos que olvidar de todo este conocimiento”, afirmó.

Las organizaciones sociales expulsan a las mineras

En dos ocasiones, las organizaciones sociales de Palos Blancos se encargaron de sacar del municipio a empresas mineras que buscaban asentarse en las orillas de sus ríos, según su alcalde Berman Arancibia Huacanchi.

“Somos un municipio agroecológico y esa conciencia la tenemos desde nuestros niños. Por ejemplo, en algunas ocasiones queriendo empezar la actividad minera, uno en el Área 7 y otro en San Miguel de Huachi, ¿qué han hecho las organizaciones sociales? ellos mismos han podido intervenir, porque no es relevante la actividad minera. Somos un municipio agroecológico, con asociaciones que tienen certificaciones”, dijo.

Explicó que Palos Blancos cuenta con una ley municipal que lo declara “agroecológico, productivo y libre de actividad minera, en el marco de la seguridad alimentaria”, y recordó que se logró que la Asamblea Departamental reconoció esta decisión y declaró, a través de una ley departamental, a Palos Blancos y Alto Beni como municipios agroecológicos.

El alcalde Arancibia, en entrevista con Visión 360. Foto: Mirna Echave

 

Actualmente, un proyecto de ley, que se encuentra en la Cámara de Diputados, busca que se declare a ambos municipios como agroecológicos.

Comentó que el vicepresidente David Choquehuanca llegó este año a la región, junto a una comisión de la Federación de Asociaciones Municipales de Bolivia (FAM-Bolivia) y verificaron las actividades productivas e inspeccionaron las orillas de los ríos, con lo que pudieron comprobar que no Había actividades mineras en la región.

Actualmente, la Ley departamental 239 declara a Alto Beni y Palos Blancos como municipios agrocológicos y son los únicos en Bolivia.

“Es un municipio bendecido por Dios. Agradecemos a las instituciones como El Ceibo, Ecotop, la Umsa que siempre están coordinando las actividades con los productores, como el chaqueo sin quema, los sistemas agroforestales con cultivos a corto, mediano y largo plazo, que es muy importante para nuestros hermanos, para que tengan conciencia”, señaló la autoridad municipal.