martes 24 de febrero de 2026

La Tribuna

¿Qué te han hecho, querido Tigre?

Nos han convencido de que poniéndonos algunos pasamontañas y pintando una bandera en el patio de una casa podemos repartir carnets de quién es estronguista y quién merece ir a El Prado cuando ganamos.

Imagine usted tener una casa propia y haberla alquilado a dos inquilinos que solicitaron ocuparla, y al hacerlo dejaron garantías escritas, un depósito para las reparaciones y referencias que dieron cuenta de su supuesta honradez. Imagine que esa casa es una herencia del mejor de sus antepasados que pese a las presiones estatales, deudas y vecinos agresivos, hizo lo mejor posible y le dejó no solo esa infraestructura, sino el cariño por haberla construido con la misión de cuidarla para que dure toda la vida.

Escribir estas líneas se siente como haber vuelto a la casa luego del año de arrendamiento y encontrarla destruida, con los cimientos débiles, sucia, y sobre todo subestimada en su importancia por parte de los eventuales ocupantes (porque los dirigentes actuales son eso precisamente: inquilinos con tiempo limitado y elegidos por un manto oscuro de socios). Es decepcionante cómo los verdaderos propietarios nos hemos descuidado tanto tiempo en auditar sus finanzas y controlar sus acciones. Y ahora, como se consideran dueños, los inquilinos usurpan, usucapión mediante, la memoria de los constructores.

The Strongest, el club cuya historia enseña a no desistir y a recuperarse de accidentes aéreos y de guerras internacionales, no puede purificarse de intrincados entramados dirigenciales que pueden ser entendidos como una ch´ampa guerra de pasteles en una película en blanco y negro: procesos van, documentos llegan y abogados declaran, mientras su institucionalidad se resquebraja debido a poderosos intereses que no quieren que alcancemos toda nuestra potencia posible: en efecto, tenemos una dirigencia carente de mentalidad ganadora, que le avergüenza competir con Claure y que busca golpes de efecto en las oficinas de “doctores” o en las palabras edulcorantes de representantes de jugadores  y no así en un proyecto a largo plazo que incluya generar la suficiente riqueza material y humana para volver al sitial que nos merecemos.

Los hinchas nos hemos acostumbrado a afrontar con ansiedad los octavos de final de la Libertadores, pensando simplemente en no ser goleados de visitante. Las nuevas generaciones han olvidado la valentía de Galarza, el liderazgo de Fontana y la distinción del “Chocolatín”.  No nos hemos educado (ni la dirigencia ha hecho el esfuerzo, porque apenas puede armar stands impuntuales y sin vuelto en la Avenida Busch)  para competir en grandes lides ni para llevar, mediante nuestro aliento o aporte económico, a nuestros jugadores a los más grandes niveles de competencia. Nos han convencido de que poniéndonos algunos pasamontañas y pintando una bandera en el patio de una casa podemos repartir carnets de quién es estronguista y quién merece ir a El Prado cuando ganamos. Han confundido la organización de un viaje en flota con la administración de un club de élite, y esa confusión ha afectado cómo el primer equipo afronta y entiende la competencia internacional: En la eliminatoria contra Peñarol, The Strongest utiliza 7 jugadores no nacidos en territorio nacional y cuenta con uno de los promedios de edad más altos del torneo local – por encima de los 30 años – solamente para ser goleado en tierras orientales al mando de un entrenador faltón al que le permitieron cobrar por vacacionar, por no capacitarse en las normas del torneo profesional y que ascendió juveniles solo porque el reglamento se lo exigía.

Lss barras trnasitan a gusto y placer en el Complejo de Achumani.

 

Lejos han quedado los tiempos en que encontrábamos dirigentes como Mendoza, Asbún o Saavedra Bánzer. En su lugar, tenemos ilustres ciudadanos que afirman conocer sobre finanzas, psicología deportiva, scouting y táctica, pero que factualmente son desalojados por la Policía debido al consumo de bebidas alcohólicas o presentan facturas por montos inexistentes para habilitarse como candidatos.

No conocen donde están en términos de capacidad, tradición ganadora o compromiso con los colores.  Lo peor: han fracasado gestionando la prosperidad económica por estar entre los 16 mejores del continente y por enésima vez clasificados a la fase de grupos de la Copa Libertadores de América. Y, si los hinchas no despertamos, permitiremos que nuestras posibilidades de ganar un título internacional en nuestro tiempo de vida se desvanezcan por la actuación de dos grupos adolescéntricos que no pueden tolerar su propia frustración ante la negativa legal y cuya prepotencia es la mejor evidencia de su desprecio hacia el hincha de a pie.