martes 24 de febrero de 2026

Panorama

Las claves del “explosivo” y complejo conflicto Israel-Irán

Hasta 1979 ambos países mantenían relaciones cordiales, pero todo cambió con la Revolución islámica, que ve a Israel como un enemigo.
Un cartel antiisraelí en Teherán esta semana, en el que se lee “Ahora es nuestro turno”. Foto: EFE
Un cartel antiisraelí en Teherán esta semana, en el que se lee “Ahora es nuestro turno”. Foto: EFE

Hasta 1979, Irán e Israel mantenían un vínculo, no de “amigos”, pero existían relaciones cordiales entre ambos países; pero todo cambió con la Revolución islámica de los ayatolás que conquistó el poder en Teherán, derrocando al sha de Irán e imponiendo un régimen teocrático.

Entonces, Irán era una monarquía en la que reinaban los shas de la dinastía Pahlaví y uno de los principales aliados de Estados Unidos en Oriente Medio. Pero en 1979, la Revolución de Ruhollah Jomeini derrocó al sha e impuso una República islámica que se presentaba como la defensora de los oprimidos y tenía en el rechazo al “imperialismo” de Estados Unidos y a su aliado Israel una de sus principales señas de identidad.

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Carlos Jahnsen Gutiérrez, economista y consultor internacional, sostiene que este conflicto tiene dimensiones globales y que además no es nuevo.

“Una de sus principales aristas es el aspecto geopolítico; la confrontación entre Israel e Irán es un uno de los más complejos y peligrosos; no se trata de una guerra tradicional, ni una rivalidad aislada, es una lucha en la que se entremezcla ideología, geopolítica, religión, tecnología militar y redes transnacionales de poder”, dijo el analista durante una entrevista con la periodista Maggy Talavera.

En términos regionales, desde la visión iraní, se trata también de transformar el rostro de poder en el Oriente Medio, que lidera, al menos militarmente, Israel.

Este conflicto no comenzó el 13 de junio con el ataque de Israel a Irán; existe una línea de tiempo mucho más larga, en la que se puede tomar como punto de partida la caída del sha de Irán en 1979 ante una revolución islámica y el ascenso de Jomeini, que transformó a Irán en una teocracia con una tendencia antioccidental.

El “enemigo sionista”

A partir de allí, Irán considera a Israel como “el enemigo sionista” y símbolo del imperialismo. Y, además, la revolución islámica tiene otros elementos, como la fundación en 1982 del movimiento Hezbolá, cuando Israel ocupó el sur del Líbano, el brazo armado más poderoso de la región.

Entre 1990 y el año 2000 se dio una expansión del eje de la influencia de Irán, que reforzó vínculos con Siria, milicias de Irak, movimientos chiitas, en procura de configurar una estructura regional de aliados militares. Israel vio esas acciones como un cerco estratégico y una amenaza directa de Irán.

“Se dio una narrativa ideológica muy destructiva contra Israel, planteando abiertamente su destrucción (por parte de Irán)”, apunta Jahnsen.

A partir del año 2002, Irán inició su programa nuclear, con la instalación de plantas secretas. Y para  2006 se produjo la guerra entre Israel y el grupo armado Hezbolá; a partir de allí hubo conflictos constantes, pero ese grupo salió reforzado y actualmente juega un papel político y militar importante en la región.

“El 2010 se produce el ataque directo sobre las plantas nucleares de Irán a través de un virus creado por Israel y EEUU. Sabotearon las centrifugadoras nucleares y en 2015 se dio el acuerdo de no proliferación de armas nucleares. Irán acuerda con seis potencias europeas limitar su programa nuclear, a cambio de levantar las sanciones”, explica el analista.

Israel nunca aceptó el programa nuclear iraní, ve ese acuerdo como un error estratégico. Irán, por su lado, se veía obligado por el acuerdo de implementar esa tecnología nuclear solo para uso civil de la energía nuclear. 

Pero en Israel no creen los mensajes de Irán de que su programa persigue únicamente fines civiles y se acepta ampliamente que fueron los servicios de inteligencia israelíes los que, en colaboración con Estados Unidos, desarrollaron el virus informático Stuxnet, que causó graves daños en las instalaciones nucleares iraníes en la década de los 2000.

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El experto recuerda que durante el primer gobierno de Donald Trump, EEUU rompió el acuerdo nuclear, lo que desató una nueva fase de tensión entre Irán, Israel y EEUU. La situación se agravó aun más luego de que una operación militar de ese país eliminara a Qasem Soleimani, el comandante de la fuerza élite Quds de la Guardia Revolucionaria de Irán.

Entre 2021 y 2023 comenzó una serie de sabotajes y ataques aéreos. Israel ataca a Siria y en 2024 se produce otro ataque a la Embajada de Irán en Damasco.

“A partir de 2024 se inicia un proceso de guerra abierta entre Israel e Irán, que se materializa el 13 de junio con el ataque de Israel a tres plantas nucleares en Irán. Este conflicto tiene una larga y compleja historia y es altamente explosivo, no solo a nivel regional, sino global”, estima el experto.

Así, Teherán fue tejiendo una red a la que bautizó como “eje de la resistencia”, que se extendía por Líbano, Gaza, Irak, Yemen y Siria. Ese grupo de aliados ha sufrido fuertes reveses en el último año y medio con la caída del gobierno de Bashar al Asad en Siria y con el debilitamiento de Hamás y Hezbolá en las guerras de Gaza y Líbano.

Alí Vaez, director del Programa para Irán del centro de análisis International Crisis Group, describe al “pulso” entre ambos países como una “guerra en la sombra” porque se han atacado mutuamente sin que en muchos casos ninguno de los dos gobiernos admitiera oficialmente su participación.

Esa “guerra en la sombra” llegó en 2021 al mar. Ese año Israel acusó a Irán de ser responsable de los ataques contra buques israelíes en el golfo de Omán. Irán, por su parte, acusó a Israel de atacar a sus barcos en el mar Rojo.

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Luego de la intervención de EEUU en el conflicto y tras la aparente calma de no más ataques entre ambos países, Jahnsen dice que se subestimó la potencia militar iraní y que “el cese al fuego ha sido en el fondo una necesidad de Israel y EEUU, porque muy probablemente Israel no hubiese aguantado los siguientes ataques iraníes”.

Además, considera que tanto los ataques israelíes como estadounidenses no han afectado en gran medida el programa nuclear iraní. En ese contexo, ¿hubo un ganador?

 

¿Se logró derrotar el programa nuclear de Irán?, cuestión clave

Después de que Estados Unidos se uniera a la ofensiva bombardeando las instalaciones nucleares iraníes con potentes municiones antibúnkeres, el presidente Donald Trump aseguró que los ataques fueron un “éxito militar espectacular” y que las instalaciones nucleares de Irán habían sido “totalmente destruidas”.

Equipos de emergencia israelíes en el lugar de ataque con misiles iraníes contra un complejo. Foto: EFE

Pero fuentes militares occidentales que cita CNN afirman que es muy pronto para evaluar completamente los daños causados ​​por los ataques estadounidenses e israelíes, aunque las imágenes satelitales revelan una amplia destrucción en las principales instalaciones nucleares de Isfahán, Natanz y Fordow.

Es probable que el controvertido programa de enriquecimiento de uranio de Irán, instalado a gran profundidad en búnkeres fortificados, haya quedado inoperativo o dañado, si no completamente destruido.

Trump insiste en que Irán “nunca” podrá reconstruir su programa nuclear. “Ese lugar está bajo tierra, ese lugar está demolido”, dijo a la prensa en Washington el martes antes de dirigirse a la cumbre de la OTAN en La Haya.

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Pero si hay voluntad política, Irán podría tener la capacidad y los medios para reactivar su programa, especialmente dado que es probable que su experiencia técnica haya sobrevivido, a pesar de que Israel mató a varios científicos nucleares iraníes.

Además, funcionarios del OIEA, el organismo de control nuclear de la ONU, confirman que aún desconocen el paradero del material nuclear que Irán ya ha fabricado, incluyendo unos 400 kilos de uranio-235 enriquecido al 60% de pureza, peligrosamente cercano a los niveles de grado bélico.

Un alto funcionario nuclear iraní, Mohammad Eslami, director de la organización de energía atómica del país, insistió en que Irán “planeó con antelación” para garantizar que no se interrumpiera “nuestro programa nuclear”, según un despacho de CNN.

Mientras tanto, los medios estatales iraníes informaron que las instalaciones nucleares fueron “evacuadas” antes de los ataques estadounidenses, lo que suscitó la preocupación de que parte o la totalidad del material nuclear enriquecido se haya conservado, posiblemente en una instalación secreta desconocida para los inspectores.

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Sin embargo, incluso si Irán lograra esconder de forma segura su uranio enriquecido, convertirlo en material apto para armas nucleares, “no será un proceso rápido”, debido a que la campaña de bombardeos estadounidense e israelíes ha “perjudicado gravemente la capacidad de Irán para construir un arma nuclear”, dijo David Albright, exinspector de armas nucleares de la ONU y actual presidente del grupo de expertos Instituto para la Ciencia y la Seguridad Internacional (ISIS). Eslami evaluó que a Irán le tomaría “uno o dos años” construir un arma nuclear.

Pero capacidad no es lo mismo que intención.

Una pregunta clave sigue siendo si Irán, que siempre ha insistido en que su programa nuclear tiene fines estrictamente pacíficos, cambia ahora sus cálculos y su estrategia.

Durante años, voces de línea dura dentro de la República Islámica han pedido un arma nuclear como medida disuasoria contra el mismo tipo de ataque abrumador que la nación ha sufrido en los últimos 12 días. Inevitablemente, esos reclamos podrían haberse reforzado.

Funcionarios iraníes ya han insinuado públicamente su salida de un tratado clave de no proliferación nuclear, el TNP, diseñado para vigilar y prevenir la proliferación global de armas nucleares.

“El TNP no puede protegernos; entonces, ¿por qué un país como Irán, u otros países interesados ​​en tener energía nuclear pacífica, deberían depender del TNP?”, dijo el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, en Estambul.