lunes 23 de febrero de 2026

La Tribuna

Nuestro fútbol

No solo es el aspecto deportivo. Tampoco en infraestructura la Federación cuenta con adecuadas instalaciones, aunque ahora se pretende terminar el Centro de Alto Rendimiento en La Paz.

Si bien el fútbol en Bolivia comenzó en la ciudad de Oruro, en mayo de 1896, con la creación del primer equipo, el Oruro Royal Club, a iniciativa de técnicos ingleses que trabajaban en el ferrocarril que unió a las ciudades de Antofagasta y Oruro, no fue sino hasta 1914 que se organizó, con la fundación de la entonces denominada La Paz Foot Ball Association, cuando se jugaron campeonatos en esa primera época, que fue de carácter amateur.

De esta manera, el Oruro Royal Club se constituye en el decano de los clubes en Bolivia.

Previamente a la fundación de la hoy Asociación de Fútbol de La Paz, habían surgido cuadros emblemáticos de esa época, como el Bolivian Railway, el Stormers Petrolero en Potosí o, en La Paz, el Thunders y The Strongest, fundado en 1908, para nombrar solo a unos cuantos.

Los campeonatos eran disputados por equipos paceños en los primeros años, en la etapa amateur que, desde 1914, se extendió hasta 1949.

Fue en 1950 cuando la Asociación de Fútbol de La Paz modifica sus estatutos y convierte al fútbol en profesional.  Surgen, entonces, torneos con equipos profesionales de Oruro y Cochabamba que se juegan hasta 1959.

Para esa década, también las otras asociaciones departamentales contaban con representación de equipos profesionales y, entonces, se decide la creación de un torneo nacional que se lo denomina Copa Simón Bolívar y abarca el período de 1960 a 1976.

Viene después la creación de la Liga del Fútbol Profesional Boliviano en 1977 y mantiene campeonatos permanentes hasta 2017 para dar lugar, en 2018, a la actual División Profesional del Fútbol Boliviano.

La evolución del fútbol requiere de etapas y periodos que deben adecuarse a las circunstancias del momento.

En este panorámico recorrido del fútbol nacional, surgió la creación de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF), como ente rector de este deporte en el país, hecho que sucedió un 12 de septiembre de 1925 en la ciudad de Cochabamba.

Este mes de septiembre de 2025, en consecuencia, la FBF cumple un siglo de existencia, con más sombras que luces.

Si las gestiones se midieran por resultados, pues el aplazo sería mayúsculo.

En lo deportivo, con muy pocos títulos internacionales obtenidos y tres presencias en mundiales (1930, 1950 y 1994) que fueron más participativas que competitivas.

Sobresale, a nivel continente, el meritorio campeonato sudamericano obtenido cuando Bolivia organizó el torneo sudamericano (hoy Copa América) en 1963 y alzó el trofeo en condición de invicta. También el subcampeonato de 1997, cuando Brasil se coronó campeón en el estadio Hernando Siles.

No se puede dejar de lado la importante participación del ya desaparecido Club Mariscal Santa Cruz que, en 1970, se coronó campeón de la Recopa Sudamericana de clubes, un torneo oficial de la Conmebol que se disputó por única vez.

También mencionar la obtención del subcampeonato de la Copa Sudamericana, en 2004, cuando Bolívar no pudo frente a Boca Juniors, que ganó ese trofeo.

Es un somero recuento de los hechos deportivos más relevantes en este siglo de fútbol boliviano, en su división profesional. (Tal vez alguno fue omitido involuntariamente).

No solo es el aspecto deportivo. En materia de infraestructura, la Federación tampoco dispone de instalaciones adecuadas, aunque actualmente se proyecta concluir el Centro de Alto Rendimiento en La Paz.

La falta de una adecuada organización y manejo de recursos económicos, que siempre se pregona ser transparente, también la falta de planificación y coordinación con diferentes estamentos del gobierno para lograr beneficios en favor del fútbol, son falencias que se arrastran sin encontrar un camino que lleve a un progreso que está lejano.

 

 

El amante del fútbol se ilusiona en cada eliminatoria, que es la vía para acceder a un mundial de fútbol, pero la frustración es mayor cuando no se logran resultados. Basta con remitirse a los datos de las últimas eliminatorias, en el actual formato de CONMEBOL, del todos contra todos cuando Bolivia no pasó del séptimo lugar en el puntaje final.  Tras la clasificación, en 1994, en las restantes eliminatorias estuvimos siempre rezagados.

En las eliminatorias para el mundial 1998, ocupamos el octavo lugar. En la eliminatoria 2002 alcanzamos el mejor lugar, séptimo, por delante de Perú, Venezuela y Chile. En 2006 fuimos últimos. En las eliminatorias para los mundiales de 2010, 2014, 2018 y 2022 nos ubicamos en el penúltimo lugar de la tabla. Es decir, fuimos novenos entre diez equipos.

En la actual eliminatoria, ocupamos el octavo lugar (a falta de la última fecha, cuando se escribe el presente artículo), lo que demuestra que nunca pudimos avanzar más allá de la séptima casilla.

Por tanto, no pudimos clasificar, desde 1994, a ningún mundial. Y eso que, para el Mundial 2026 a jugarse en EEUU, México y Canadá, por Sudamérica van seis selecciones en forma directa y una posibilidad más, por el repechaje.  La Verde aspira a ocupar ese lugar, que permita mantener chances de llegar a la cita mundialista.

Esto demuestra que nuestro fútbol se ha estancado. No ha podido evolucionar y ni siquiera superarse a sí mismo.

Los males, los problemas y los lamentos se arrastran por décadas y son recurrentes en el tiempo: falta de infraestructura. Ausencia de divisiones inferiores.  No tenemos escuelas de fútbol. No hay profesionales verdaderamente capacitados que sean pedagogos del fútbol en la formación de jugadores.

Todo esto se  sintetiza en ausencia de políticas deportivas efectivas (para el deporte en general) y en el caso del fútbol, ausencia total de planificación responsable con métodos que sean sostenibles en el tiempo y con una dirigencia que sea capaz de generar y aplicar políticas  de crecimiento, optimizando el manejo de recursos económicos, (que ahora son cuantiosos en relación a los primeras décadas de nuestro profesionalismo) obligando a los clubes a un manejo responsable de sus recursos para evitar situaciones penosas como las que atraviesan en la actualidad la mayoría de las instituciones futbolísticas y ejercitando un verdadero control  que pueda garantizar, en el  largo o mediano plazo un crecimiento sostenido de nuestro fútbol.

Todo, sin embargo, debe comenzar por casa. La propia Federación, en más de una ocasión, ha manifestado su propósito de manejar los intereses del fútbol en forma transparente. Que lo demuestre con hechos e informes, evitando dudas y susceptibilidades que hoy en día se ponen de manifiesto.

En fin, al respecto hay mucha tela por cortar.

Por ahora, solo queda mirar los 100 años del fútbol en Bolivia. Lástima que una celebración semejante no se la realice en su fecha y lugar de nacimiento y sea aplazada, como se informó, hasta el mes de octubre.

Más allá de todo, cabe felicitar al fútbol boliviano en su centenario y augurar tiempos mejores para nuestro balompié.

A nuestro fútbol: ¡SALUD!