jueves 19 de marzo de 2026

Historias

Davor Šuker, la chispa que prendió la inextinguible llama croata

La inolvidable leyenda del Mundial de 1998 es un fiel reflejo del auge de Croacia. Ahora, en la antesala de la edición de 2026, repasa ante la FIFA su trayectoria.
Davor Šuker levanta la bandera de Croacia. Foto: FIFA.
Davor Šuker levanta la bandera de Croacia. Foto: FIFA.

FIFA

La ciudad de Lens está situada en una de las principales cuencas mineras de Francia, donde se extrajo carbón de gran valor desde las profundidades de la tierra durante generaciones. Sin embargo, el 14 de junio de 1998, brotó algo muy distinto desde las entrañas del legendario Estadio Bollaert ante la sorpresa del público: un diamante que respondía al nombre de Davor Šuker.

En las calles aledañas al recinto se vivía un ambiente único. El verde y el amarillo de Jamaica se mezclaban con el rojo y blanco ajedrezados de Croacia en un ambiente tan festivo como inesperado. El primer duelo que enfrentaba a estas dos naciones en un Mundial hacía presagiar una gran fiesta en las gradas, pero nadie hubiera pronosticado que una de ellas seguiría en liza tres semanas más tarde, y mucho menos que el delantero croata acabaría proclamándose máximo anotador del torneo. Y eso fue precisamente lo que ocurrió.

"Francia 98 no es solo un recuerdo, lo tengo grabado en el alma —explica en exclusiva para la FIFA Davor Šuker, que marcó un antes y un después en la historia de su selección en ese torneo—".

"Cuando pienso en aquel Mundial, no veo solo goles, recuerdo un vestuario rebosante de convicción, una nación de apenas siete años de vida que estaba encontrando su propia voz y un grupo de futbolistas que tenían la sensación de estar escribiendo el primer capítulo de un sueño inalcanzable".

Croacia, que había obtenido su independencia en 1991, acudía a Francia con jugadores de la talla de Zvonimir Boban, Robert Prosinečki y Slaven Bilić. Si bien ya había demostrado su valía al ser cuartofinalista de la Eurocopa 1996, con la participación de un Davor Šuker hambriento de títulos, nadie contaba con que llegase a ser uno de los pesos pesados de la gran cita.

"El partido contra Jamaica era el primero que jugábamos en un Mundial y sentíamos el peso de la historia sobre nuestros hombros", recuerda el atacante.

Aunque la importancia que entrañaba ese estreno mundialista podría haber sido un factor en su contra, ocurrió justo lo contrario. Los discípulos del añorado Miroslav Blažević vencieron 3-1, en un partido en el que el delantero del Real Madrid aprovechó para inaugurar su registro de tantos.

"Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que no estábamos allí simplemente para participar, sino para ser protagonistas".

Croacia había comenzado a hacer historia.

El exdelantero (centro) celebra junto a sus compañeros uno de los goles que anotó. Foto: FIFA.

 

Sorprendiendo a propios y a extraños, acabó plantándose en cuartos de final con el concurso inestimable de su artillero, autor de tres dianas en cuatro partidos.

Muchos observadores coincidieron en que los balcánicos habían tocado techo, sobre todo porque su siguiente adversario era Alemania, vigente campeona de Europa, que los había eliminado dos años antes en esa misma fase de la Eurocopa, al ganarles por 2-1. Los hombres de Blažević desbarataron esos pronósticos de forma contundente, imponiéndose por 3-0, en un partido en el que Šuker firmó el tercer gol de una noche que pasó a la historia.

"Jugar una eliminatoria de cuartos de final del Mundial contra Alemania y ganar 3-0 fue algo increíble —recuerda—. Al marcar el gol del 3-0 en un momento como ese, uno siente cómo se escribe la historia bajo sus pies".

Y de repente, aunque no se había mentalizado en modo alguno para llegar hasta esa fase, Croacia se encontraba en semifinales, donde le esperaba el país organizador. En ese choque llegó a adelantarse ante los futuros campeones del mundo, pero acabó cayendo por 2-1. Sin embargo, regresó a su país con una medalla de bronce que sabía a título.

Los principales candidatos a máximo goleador de la competición eran futbolistas de la talla de Ronaldo, Roberto Baggio, Alan Shearer, Gabriel Batistuta o Dennis Bergkamp, pero Davor Šuker acabó superándolos a todos con un balance de seis tantos que nadie logró igualar. A la postre del torneo, acabaría alzando la Bota de Oro de Adidas.

"La Bota de Oro no se trató nunca de una cuestión de gloria personal —continúa—. Fue como plantar la bandera croata en la cita más importante del fútbol mundial. Aunque hayan pasado casi 30 años, sigo emocionándome al recordarlo".

El delantero se presentó ante el mundo en aquel torneo, pero no era en absoluto un desconocido. Ya había demostrado durante cinco temporadas en el Sevilla su condición de goleador del máximo nivel, hasta el punto de despertar el interés del Real Madrid, que lo fichó en 1997. Aunque su etapa con los merengues experimentó altibajos, afrontaba el Mundial de Francia 1998 avalado por un título de la Liga de Campeones de la UEFA en su palmarés.

De cualquier forma, su excepcional desempeño en tierras francesas le valió un lugar en el corazón de todos los aficionados al fútbol.

Davor Šuker siempre será el símbolo de la fabulosa irrupción de Croacia en el Mundial. En la siguiente edición, el combinado croata fue incapaz de repetir aquella gesta y se despidió en la fase de grupos. Šuker fue titular en el primer partido —saldado con una derrota por 1-0 ante México—, que sería también el último de su carrera con los colores de su país y único de la competición en el que lució el brazalete de capitán.

Šuker, ya como presidente de la federación croata. Foto: FIFA.

 

"Haber sido capitán en el Mundial de 2002 representó un honor que valió más que cualquier trofeo —afirma—. Despedirme así de la selección fue un verdadero regalo".

Aunque esa fue su última actuación sobre los terrenos de juego, su carrera futbolística no terminó allí. Más adelante, el exjugador del Dinamo de Zagreb, nacido en Osijek, ocuparía la presidencia de la Federación Croata de Fútbol de 2012 a 2021, periodo en el que la selección volvió a superar todas las expectativas al alcanzar la final del Mundial de 2018, en la que sucumbió de nuevo ante Francia (4-2).

Podríamos decir que Davor Šuker tiene un don especial para participar en gestas inesperadas.

"Es un inmenso privilegio haber vivido los mejores momentos del fútbol croata desde ambos lados, primero como jugador y luego como presidente de la federación. Son funciones y responsabilidades distintas, pero el sentimiento de orgullo y responsabilidad es el mismo".

Ante la pregunta de cuál de las dos funciones prefiere, responde sin dudarlo: "Ver los partidos desde las gradas es más difícil que jugar. Dentro del campo se puede influir en el resultado, pero en el palco se sufre en silencio".

Si bien recuerda con satisfacción la victoria en semifinales sobre Inglaterra (2-1 tras la prórroga), en la que Luka Modrić y los suyos consiguieron remontar un resultado adverso, ahora tiene una visión muy clara del puesto que ocupa el país en el panorama mundial. "Llegar de nuevo a semifinales en Catar 2022 fue la confirmación de que Croacia ya no es una sorpresa efímera, sino una nación futbolística con un nivel consolidado".

En la Copa Mundial de 2026 —la séptima edición en la que participará el país—, el exariete espera ver "grandeza, espectáculo y pasión" en Estados Unidos, país que no le resulta desconocido.

Sigue considerando a Francia, Argentina, Brasil o incluso a Inglaterra como favoritas de la competición, pero afirma claramente que "un país que termina segundo y después tercero en dos Mundiales consecutivos ha venido para quedarse, a pelear por el título. Croacia no le va a tener miedo a nadie".

El próximo 17 de junio la selección jugará su primer partido en la edición de 2026, contra Inglaterra. Sin embargo, en la crónica del fútbol croata la fecha más importante seguirá siendo el 14 de junio de 1998, día en el que comenzó su trayectoria mundialista y el combinado encontró algo más valioso que un diamante: un verdadero guía.