viernes 1 de mayo de 2026

La espada en la palabra

Espiritualidad a la carta: del confesionario al cuarzo y el horóscopo

Hay una generación que busca sanar el espíritu y hallar trascendencia, pero no necesariamente de una manera adecuada, si por «adecuada» entendemos una creencia lógica, institucional, racional y profunda, como la que ofrece la doctrina cristiana.

A fines del siglo XIX, Friedrich Nietzsche sentenció que Dios había muerto. Sin embargo, como comprobamos hoy, el pensador se equivocó; pues décadas después, y pese al materialismo, la superficialidad mediática o el consumismo, cientos de millones de hombres aún creen en el «Perfecto Sabio», como lo llama el libro de Job. En realidad, es difícil concebir sociedades sin deidades. Si se les quita a las personas su fe y sus instituciones religiosas, se aferrarán con fuerza a otros ídolos: el dinero, las ideologías políticas o el Estado.

En la época actual se percibe que las generaciones jóvenes se están plegando a creencias vinculadas con el cuarzo, el horóscopo, el yoga o las «limpias». Creen en alguna «fuerza mayor», pero se resisten a las religiones tradicionales y milenarias, como el catolicismo. Lo hacen desde una necesidad casi vital de creer en lo trascendental, pero, por lo general, sin cuestionarse si dichas creencias poseen los fundamentos teológicos, históricos y filosóficos que avalen su veracidad o sentido lógico. En suma, hay una tendencia creciente hacia la creencia espiritual, pero no hacia la pertenencia institucional y eclesiástica.

Hay aspectos curiosos, cuando menos criticables, en estas generaciones. Uno de ellos es que, mientras combaten al Dios cristiano o se mofan de su Iglesia bajo el argumento de que solo se debe creer en lo que se ve y se toca, creen simultáneamente en las «energías» (que no son las físicas) o en las «vibras». Hablan del más allá de forma vaga y esotérica, como si fuera incuestionable que tras este tránsito terrenal existe algo más, pero desdeñan el Cielo cristiano por considerarlo obsoleto o ridículo. Al calor de esta moda, han surgido coaches e incluso psicólogos titulados que incorporan en sus terapias la meditación o el yoga desde enfoques puramente espirituales.

Siguiendo a Bauman, las identidades son ahora líquidas y todo puede ser relativizado. Así, cada uno elabora su propio paquete de creencias: se puede creer en el Dios del Antiguo Testamento y en Jesucristo —aunque sea a medias, eligiendo solo lo que agrada de Yahvé o del Hijo—, pero también en el horóscopo y el karma. Mañana se podrá sustituir cualquier componente por otro; el cóctel se diseña al gusto del consumidor. Es una espiritualidad mudable en la era del empoderamiento, la autonomía individual y la rebeldía.

Muchos de los jóvenes que se refugian en estas identidades líquidas consumen drogas y viven en unión libre o bajo pautas conductuales ajenas a la doctrina cristiana, ya sea por rebeldía o por simple ignorancia. Me atrevería a decir que se hallan perdidos en el laberinto de la complejidad histórica y espiritual del mundo. Ir a misa queda obsoleto; lo de hoy es acudir a terapia —muchas veces con psicólogos charlatanes— o a sesiones de yoga.

Se cree, pero sin pertenecer. Se practican rituales personalizados en luna llena, mientras se rechaza el ritual milenario eclesial, todo desde el «yo» emocional y la experiencia personal. Existe una individualización de la fe. La ayahuasca, las ceremonias con plantas o fluidos corporales y algunos pasajes del Evangelio cohabitan en la mente confundida de muchos jóvenes (y no tan jóvenes). El ser humano sigue buscando sentido, pero de una forma rebelde y, desde muchos puntos de vista, ilógica.

En conclusión, Dios no murió: fue fragmentado y relativizado. Hay una generación que busca sanar el espíritu y hallar trascendencia, pero no necesariamente de una manera adecuada, si por «adecuada» entendemos una creencia lógica, institucional, racional y profunda, como la que ofrece la doctrina cristiana.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

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