martes 5 de mayo de 2026

Mundo en transición

Europa y Bolivia: socios estratégicos en un mundo fragmentado

La fragmentación y la competencia global son cada vez más evidentes. Pero la respuesta no puede, ni debe, ser el aislamiento. La confluencia entre nuestras regiones es posible.

Dentro del Parlamento Europeo en Bruselas, delante de la entrada del hemiciclo, hay una escultura llamada confluencias. Simboliza la unión de los estados europeos. Y simboliza también la adaptación constante a nuevos entornos.

Hoy eso se evidencia sobre todo en la política exterior europea. Con un contexto internacional cada vez más fragmentado, Europa busca reducir dependencias. Necesita asegurar su acceso a recursos estratégicos y a la vez fortalecer un orden internacional basado en reglas, del cual se benefició más que ninguna otra región. Y es que la geopolítica actual incide directamente en temas tan concretos como la energía, la seguridad y el comercio.

En este escenario, la construcción de nuevas alianzas con socios considerados estables y confiables ha pasado de ser importante a ser prioritaria. Se observa una clara aceleración de acuerdos, sobre todo comerciales, con distintos actores. Entre los más recientes destacan los tratados con Mercosur, así como las negociaciones con India y Australia. Al mismo tiempo, la tradicional relación transatlántica entre Europa y Estados Unidos está cada vez más tensionada.

Así, América Latina vuelve a adquirir relevancia. La región ofrece recursos clave, como minerales críticos para la transición energética. Pero también brinda afinidades políticas en torno al multilateralismo y a la cooperación internacional. Por demasiado tiempo, la relación entre ambas regiones se mantuvo superficial. Las visitas de alto nivel fueron escasas, la atención política esporádica. Mientras que la iniciativa Global Gateway de la Unión Europea destinó alrededor de 80.000 millones de euros al África subsahariana, solo invierte 31.000 millones de euros en toda América Latina y el Caribe. Aunque cercana en términos históricos y culturales, la región fue tratada como estratégicamente marginal. Hasta ahora.

En esta nueva dinámica, Bolivia ocupa una posición particular. Aunque no es un actor central en el sistema internacional, su relevancia va en aumento. La razón principal son sus recursos naturales, como el litio. Su ubicación en Sudamérica y su potencial de inserción regional la hacen estratégicamente relevante si logra posicionarse de manera adecuada.

Y es aquí donde surge un desafío importante para ambas partes. Por un lado, Europa debe evitar reproducir una relación limitada a la obtención de recursos. Si realmente busca socios confiables, necesita apostar por vínculos más profundos. Estos deben incluir transferencia de tecnología, industrialización y desarrollo sostenible.

Por su parte, el Estado boliviano enfrenta la necesidad de asumir un rol más activo. Se requiere iniciativa política, visión estratégica y capacidad de negociación. Por ejemplo, queda como una oportunidad pendiente una visita de alto nivel del lado boliviano a Bruselas. Una mayor presencia diplomática, con un/a embajador/a dedicado sólo a la Unión Europea, como lo tienen todos los países con presencia en la capital europea, podría además contribuir a posicionar a Bolivia de manera permanente dentro de las prioridades de la agenda birregional.

Además, existen ámbitos poco explorados, más allá de materias primas, que podrían fortalecer esta relación. El turismo es uno de ellos. El mercado europeo muestra un interés constante por destinos auténticos y menos masificados, características que Bolivia posee de manera natural. Sin embargo, para capitalizar este potencial se necesitan mejoras sustanciales. Una es la conectividad aérea. Otra, es mayor promoción internacional y una estrategia clara de inserción en ese segmento. Además de infraestructura mejorada y capacitaciones permanentes, claro está.

Empero, priorizar sólo lo comercial sería un error. El verdadero valor de esta nueva fase de relaciones entre Europa y América Latina, y, por ende, Bolivia, es diplomático y geopolítico. En un mundo volátil, que tiende a la multipolaridad, la construcción de alianzas estables se vuelve fundamental. Para países como Bolivia, esto implica no solo insertarse en estas dinámicas. Implica hacerlo de manera estratégica, desarrollando una diplomacia confiable y articulando sus intereses nacionales con las oportunidades del entorno internacional.

Tanto para Europa como para Bolivia, la actual reconfiguración del sistema internacional abre una ventana de oportunidad. La fragmentación y la competencia global son cada vez más evidentes. Pero la respuesta no puede, ni debe, ser el aislamiento. La confluencia entre nuestras regiones es posible. La clave estará en aprovechar el momento.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360.
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