lunes 8 de junio de 2026

Cómo acabar con los bloqueos

Los afectados por los bloqueos podemos facilitar esa difícil tarea. Basta con que salgamos a calles y caminos para apoyar masiva y pacíficamente a nuestra policía y nuestros militares.

Los estrategas de los bloqueos dicen que el pueblo se levantó espontáneamente. La sincronización y magnitud de los bloqueos prueba que no es así, que son cuidadosamente organizados.

Ante semejante amenaza es altamente deseable que Rodrigo gane su apuesta gradualista y concertadora. Para ganarla necesita que sus ministros actúen rápida y decisivamente. Requiere además el apoyo activo de la población afectada.

Una pequeña cúpula planifica, organiza y financia los bloqueos. Incluye extranjeros interesados en el retorno de la protección populista al crimen organizado. Incluye estrategas políticos experimentados y financiadores con bolsillos muy profundos. Esta cúpula jamás aparece sobre el terreno.

Acude a los dirigentes de las organizaciones sociales corporativas que saben cómo sacar a las bases mediante difusión de consignas y reparto de dinero. Estos dirigentes no lo hacen ni por ideología ni por convicción política. Unos cuantos cientos de pícaros reciben órdenes y plata de la cúpula, se guardan su parte y reparten el resto entre las bases para sacarlas a bloquear.

En la base debe haber dos a tres millones de bolivianos que están felices de seguir como ovejas a un pastor con el que se identifican étnicamente. De momento ese pastor es Evo Morales. Miles de sus ovejas se turnan en los bloqueos a cambio de recibir doscientos a trescientos bolivianos por día. Justifican su accionar con la consigna de que son pobres en un país rico, lo que es cierto.

Evo no es un componente decisivo del triángulo bloqueador. Su fuerza como símbolo se mantiene intacta ante millones de bolivianos. Les ha inculcado durante medio siglo que deben reclamar como víctimas de los blancos sus derechos como indios abusados. Si fuera apresado o extraditado, sus bases incendiarían el país. Eso no quiere decir que Evo sea el que maneja los bloqueos.

El presidente se enfrenta a esta pirámide bloqueadora, que aprovecha los rasgos más vulnerables de nuestra sociedad. Ni a Tuto ni a Samuel ni a Manfred les hubiera sido posible impedir el asedio de los bloqueadores potenciados al máximo por este triángulo de fuerzas coaligadas.

Ningún candidato opuesto al populismo presentó un programa sólido y creíble para manejar la que sería una difícil transición a partir de veinte años de regímenes demagógicos hacia una democracia liberal y representativa. Hoy deberían reunirse con Rodrigo para diseñar y ejecutar ese programa.

Millones de bolivianos antes marginados fueron incluidos durante los años de las vacas gordas. Su inclusión generó una nueva clase media, fundamental para consolidar la democracia. Se pagó esa inclusión con la distribución masiva de recursos, pero también con el desperdicio y el robo de la catarata de ingresos del gas, heredada de los veinte años de gobiernos liberales.

Se perdió a propósito la oportunidad de formar ciudadanos autónomos, responsables y tolerantes. Según se las incluía se les decía a las mayorías: “ahora te toca, pero no te hagas pescar.” Se las adiestró en una cultura política anti democrática, corrupta, ovejuna. Los presuntos defensores de los indígenas los sometieron a sus caprichos.

Un pequeño grupo de estrategas desplazados del gobierno saliente se dio cuenta de que las fuertes expectativas de inclusión levantadas durante veinte años de populismo se verían frustradas a los pocos meses de un gobierno carente de ingresos. Midieron las oportunidades de derrocarlo, sea quien fuera presidente. Sintieron el olor de retornar al poder.

En vez de dar un garrotazo al proyecto bloqueador al inicio de su mandato, cuando todavía tenía un gran apoyo popular, el presidente optó por proyectar una imagen concertadora. Su gradualismo les dio tiempo a los bloqueadores para organizarse en su contra.

Hoy parece estar apostando a ganarles en un concurso de desgaste.

Al mantener este perfil benévolo sufre una lluvia de críticas de la gente que espera que actúe con mayor dureza. No le tembló la mano cuando dispuso el oportuno retiro de la subvención a los hidrocarburos. La población aceptó con admirable madurez el alza de los precios del transporte.

Lástima que después vinieran los problemas del combustible dañino y el retorno de las colas en los surtidores. Los organizadores de los bloqueos supieron cómo aprovechar esas y otras fallas evitables del gobierno.

Hoy los ministros de defensa y de gobierno, junto con el resto del gabinete, están a tiempo para desarticular a los dirigentes corporativos que operan en el terreno. Ganarán la partida si logran controlar el financiamiento que incita los bloqueos. Merecerán nuestro respeto si identifican y apresan a la pequeña cúpula de estrategas que son los máximos responsables de los bloqueos.

Los afectados por los bloqueos podemos facilitar esa difícil tarea. Basta con que salgamos a calles y caminos para apoyar masiva y pacíficamente a nuestra policía y nuestros militares. Somos millones. Sería una vergüenza que unos pocos miles de bloqueadores nos derroten.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360.
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