miércoles 17 de junio de 2026

Buscando la verdad

¿Qué piensa Dios de los bloqueos en Bolivia?

Quien más lejos está del conocimiento del Dios verdadero, fácilmente justificará lo inaceptable, ya que cuando no hay temor de Dios ni amor al prójimo, no solo los caminos terminan bloqueándose, sino también, el corazón de tales personas.

En las últimas cuatro semanas escribí tres veces sobre los bloqueos que azotan al país, cuestionando si bloquear es una “¿Protesta social, sedición o acto de guerra?”, mostrando también lo que pasa “Cuando el reclamo deja de ser protesta y pasa a ser barbarie”; finalmente, que la cultura del bloqueo en el Occidente del país da cuenta de “La Bolivia imposible y la otra Bolivia posible”, esta última en el Oriente boliviano ¡bendita tierra de Dios! Hoy escribo nuevamente sobre el tema desde una perspectiva distinta para entender el porqué del fenómeno.

Luego de más de 40 días de bloqueos, desabastecimiento, enfrentamientos, violencia y alta tensión social, se me ocurrió preguntar: ¿Qué piensa Dios de esto?

Probablemente le parezca extraño dicho cuestionamiento, siendo que este asunto deriva de consignas políticas, intereses sectoriales y disputas de poder, en todo caso, lo hago pensando en la gente que se considera creyente y en los tiempos difíciles no duda en alzar su mirada al Cielo esperando respuestas.

El análisis del impacto de los bloqueos normalmente se lo realiza desde el punto de vista de la economía, el derecho o la política, pero ¿y si ahora cambiamos la perspectiva a la luz de lo que dice la Palabra de Dios? Si continúa leyendo, constatará algo inquietante: no existe un solo principio bíblico que justifique, en los tiempos de gracia que vivimos, el daño deliberado que los bloqueos causan a gente inocente, como un medio para lograr egoístas objetivos.

Son muchos y hasta casi infantiles los argumentos con los que los violentos justifican el bloquear: su derecho a protestar, a hacerse escuchar, a considerarlo una histórica herramienta de lucha social y, finalmente, para ejercer presión sobre las autoridades. Pero ¿sabía que utilizar la violencia para doblegar a los indefensos es una afrenta a lo que el Supremo Creador espera de nosotros?

Así es: Jesucristo nunca predicó que “el fin justifica los medios”, no pudo hacerlo porque ese pensamiento obedece a una sabiduría terrenal, animal y diabólica. No podía haberlo hecho porque todo bloqueo provoca sufrimiento a terceros para alcanzar lo pretendido, por la fuerza. ¡Al contrario! Jesús enseñó que el principal mandamiento era amar a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas, pero también, amar al prójimo como a uno mismo, y, amarnos los unos a los otros, como Él nos amó. Jamás habría avalado vociferar: “¡Ahura sí, guerra civil!”.

Jesús fue un verdadero líder, un irrepetible líder de la Historia, dispuesto a morir por sus ideas ¡nada que ver con los bloqueadores y sus instigadores que están dispuestos a matar o a mandar a morir a los pobres, como hacía el Che Guevara al que idolatran los socialistas, comunistas y los que sueñan con él! De ahí que, las víctimas de los bloqueos rara vez son los gobernantes, sino que, las pone el pueblo.

Es difícil poder entender que quienes emprenden tales acciones arropadas de justicia social, acaban afectando a los que dicen defender, dando al traste con el amor al prójimo que deberían tener: ¡Ninguna pretensión personal, sindical o política vale más que la vida de un ser humano!

La Palabra de Dios sentencia de forma reiterativa, además, sobre los peligros de la ambición de poder, lo que ciertamente parece alimentar los conflictos en Bolivia en vez de responder a necesidades reales de la población, lo que, en todo caso, no es nuevo, pues el hombre siempre ha querido enseñorearse de las masas -¡cuántas veces disfrazado de nobleza!- algo que nace de la vanidad, la envidia, el resentimiento o el endiosamiento sobre los demás.

Aquella parte de la sociedad que está acostumbrada a pensar que la confrontación es la única forma de resolver las diferencias debería saber que Dios nunca llamó a sembrar el caos para producir orden y tampoco a destruir para construir, sino, a buscar la virtuosa tríada de la Verdad, la Justicia y la Paz.

Pero cuando los discursos de odio proliferan con amenazas; cuando la violencia se normaliza; cuando se busca enfrentamientos y se “procura muertos” para reclamar venganza; cuando se impide el paso de ambulancias o medicamentos y se considera aceptable la pérdida de vidas humanas y de inocentes animalitos para alcanzar intereses bastardos, la explicación de ello debe ser espiritual.

Detrás de cada acción humana hay una cosmovisión, cierta comprensión de lo que está bien y lo que está mal, y, un Dios con mayúscula o un dios con minúscula al que se sirve, aunque muchos no sean conscientes de esto. Entonces, surgen dos preguntas:

¿Se parece a Jesucristo el espíritu que inspira los bloqueos? ¿Se parece al Dios que manda amar al prójimo, respetar la vida, procurar la paz y someternos a la autoridad legítimamente constituida?

Quien más lejos está del conocimiento del Dios verdadero, fácilmente justificará lo inaceptable, ya que cuando no hay temor de Dios ni amor al prójimo, no solo los caminos terminan bloqueándose, sino también, el corazón de tales personas.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

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