jueves 6 de agosto de 2026

La gangrena de la generalización

Somos todos bolivianos. Lo que debería unirnos es el simple hecho de ser humanos y de actuar con humanidad.
jueves 06 de agosto de 2026

Recuerdo a un señor soltar siempre que podía “los de tal país son “así”, los del otro son “asá”. Me preocupaba que los niños alrededor nuestro, que entre juego y juego, escucharan semejante y atrevida opinión. Decir que los de un país son “así” es dar por sentado que él conoce a todos los habitantes de ese país, que en promedio serían unos 10 millones. Para él, todos estaban cortados con las mismas tijeras. Escucharlo me hizo viajar hasta las aulas y recordar a los docentes de investigación que insistían sobre la importancia de respetar la población, las muestras, las estadísticas, los porcentajes de las encuestas, las fuentes fiables y tantas otras variables y factores. Teníamos que cuidar nuestra lengua al interpretar los datos y tener ojo al redactar la conclusión. Definitivamente, al parecer, lanzar una opinión no es lo mismo que estar semanas, meses, años investigando sobre un determinado tema. Aún así, una investigación sigue siendo solo un referente.

En reuniones, fiestas y comidas seguimos escuchando la música de fondo de “la generalización” y creo que hay que protegerse, sobre todo hay que cuidar a nuestros pequeños cuyo criterio aún está en formación. 

El gregarismo nos ha hecho buscarnos unos a otros, acercarnos y agruparnos entre quienes tenemos algo en común: una asociación, un club, un grupo. A nuestros diecisiete éramos “los de la promoción”. En nuestro ciclo escolar éramos los de “nuestro colegio”. Ya trabajando, nos identificamos con “nuestros colegas” de oficio o profesión. De igual modo, nos agrupamos según las creencias que tengamos, los pasatiempos y deportes que practiquemos. Geográficamente, nos incluimos en el grupo querendones de nuestra ciudad o de nuestro país. Sin embargo, ese lugar de nacimiento que algunos defienden a capa y espada es el azar, no un privilegio ya que privilegio es la ventaja especial que goza alguien por concesión de un superior o por determinada circunstancia propia. Por ende, podríamos haber nacido en cualquier otro punto del planeta. 

Tener un juicio, prejuicio o etiqueta sobre todo un colectivo es infundado. Una, dos, tres, cuatro, diez personas no representan una ciudad o un país. Hay muchas variables de por medio. Por ejemplo, una persona de un determinado país, puede tener padres de otros países. Puede haber tenido nulas, pocas o grandes dificultades. Las variables que influyen para que un ser humano se desarrolle son verdaderamente amplias. En un colectivo puede haber puntos en común y también coincidencias. Una colega me dijo que el año pasado sus vacaciones a “x” ciudad fueron terribles porque “ellos”, los de nacionalidad de ese país, fueron desagradables. Pero, es que no puede ser que todos los que se cruzaron en su camino fueran desagradables. Hay que tener claro que esa fue su experiencia, no la mía. De hecho, también visité la misma ciudad años antes y quedé encantada. Me resisto a creer que “sus habitantes” hubieran cambiado totalmente por alguna desconocida epidemia de antipatía. Entonces, tanto mi colega como yo, no podemos “generalizar”. Es que hay de todo en todas partes, en cada barrio, en cada ciudad, en cada país, en cada colectivo. He ahí el peligro de generalizar.

Hoy que estamos de cumpleaños por ser bolivianos, podríamos regalarle al país que nos vio nacer lo que nos caracteriza: humanidad. Nadie es superior ni mejor que nadie, ni por su situación económica, ni por su recorrido académico, ni por su fuente laboral, ni por sus pasatiempos, ni por sus características o rasgos físicos, ni por su apariencia, ni por las lenguas que habla o no habla, ni por la región o ciudad donde nació. Somos todos bolivianos. Lo que debería unirnos es el simple hecho de ser humanos y de actuar con humanidad.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

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