martes 28 de julio de 2026

Samuel se desmarcó del desgobierno

La población está pasando de la esperanza al desaliento. Si el gobierno no reacciona ante las sensatas críticas de Samuel, una mayoría de la gente puede pasar a una oposición frontal.

El presidente Rodrigo Paz Pereira empezó anotándose tres éxitos en complicadas áreas de gestión. Pasados más de ocho meses no está demostrando tener la voluntad o ser capaz de enfrentar los otros frentes heredados de los veinte años del narco populismo autocrático.

Desde el principio Samuel apoyó al gobierno con sugerencias internas. Lo apoyó en la Asamblea con la bancada de su partido Unidad Nacional. Lo hizo sin pedir nada, de manera voluntaria. El presidente se negó a formalizar este apoyo mediante un acuerdo escrito.

Samuel acaba de desmarcarse de esta presunta alianza. De ahora en adelante apoyará a las medidas que le parezcan oportunas, criticará abiertamente las inoportunas, y se opondrá tenazmente a las que considere dañinas. Ya no será un socio del gobierno. Será un opositor constructivo.

Seguro que Samuel ha pensado todo lo que ha dicho, pero es probable que no haya dicho todo lo que ha pensado. Es muy saludable para el presidente y su gobierno tomar en cuenta no solo las críticas claras y explícitas de Samuel, sino también las que se pueden adivinar entre líneas.

Cualquier observador puede reconocer los logros iniciales del gobierno, así como su inoperancia actual. Un inventario objetivo de sus éxitos y fallas puede serle de suma utilidad al presidente. Un buen gobierno debería ser capaz de reconocer sus errores, que es el primer paso para enmendarlos.

No cabe la menor duda que retirar el subsidio a los combustibles fue una medida sumamente valiente del presidente Paz. La tomó apostando a que sería capaz de convencer a la población de que no se lance a las calles para tumbarlo.

Negoció la inmediata llegada de suficiente combustible con la que le demostró al pueblo que sin la subvención se podían terminar las colas en las gasolineras. Despertó la madurez de la gente que se chupó el alza de los precios sin chistar. Sus explicaciones tuvieron un efecto pedagógico.

Las primeras señales de su nueva política exterior fueron sumamente auspiciosas. Están detalladas en el artículo “Exitoso estreno de Rodrigo Paz en política exterior,” publicado a fines de abril del presente año.

El tercer éxito del gobierno de Rodrigo Paz consistió en sobrevivir a la oleada de bloqueos que pidió su renuncia o destitución durante más de cincuenta días. Nuevamente el presidente logró convencer a la población de que tenga paciencia y aguante los enormes daños causados por los bloqueadores.

La gente aceptó a regañadientes su política de evitar muertes a toda costa y desgastar a los bloqueadores mediante ofertas concretas, acompañadas de vagas amenazas de un estado de emergencia que se aprobó solamente cuando los bloqueadores ya estaban debilitados.

Ninguna de estas medidas tuvo un oportuno seguimiento. El combustible empezó a llegar escaso y sucio. La política exterior no despegó. Una experta lo demostró en su descarnado artículo “Bolivia entre la retórica y la frontera: una mirada desde Chile.” Tampoco se dejan ver medidas contundentes para evitar que los bloqueos regresen.

La población está pasando de la esperanza al desaliento. Si el gobierno no reacciona ante las sensatas críticas de Samuel, una mayoría de la gente puede pasar a una oposición frontal. No se puede descartar que una segunda ola de bloqueos tenga un apoyo mayoritario.

El problema de fondo es que no parece haber un proyecto para encarar seriamente la transición desde los resabios del poder populista hacia un poder democrático. Se trata de una tarea demasiado grande para que cualquier presidente o cualquier gobierno la encare sin un amplio apoyo político.

Requiere el respaldo de todas la fuerzas democráticas, desde los jefes políticos, los medios de comunicación social, las iglesias, los empresarios, los elementos no maleados de los sindicatos y de las organizaciones sociales. Es una vana ilusión pensar que un presidente lo puede hacer solito.

De momento al menos dos de cada tres empleados de la administración pública no hacen otra cosa que inflar el déficit fiscal. Docenas de empresas públicas deficitarias siguen intactas. Mantienen un personal que fue contratado solamente para apoyar al populismo.

El aeropuerto de Viru Viru en Santa Cruz deja pasar con la mayor facilidad maletas llenas de oro, de armas, de drogas ilegales y de dólares. No es el único nido de asaltantes. La principal empresa pública del país, Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), cambia de cabezas mientras su cuerpo sigue lleno de redes de ladrones.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) no le dará plata al gobierno para mantener casi medio millón de empleados públicos innecesarios, casi cien empresas públicas deficitarias y un montón de pillos que negocian a título personal la importación y distribución de combustibles.

La Cancillería parece confiar en que sus contactos con gente del Presidente Trump son suficientes para que el FMI suelte los fondos sin ninguna condición. Eso a pesar de que en más de medio año no ha nombrado un embajador en Washington.

Los actuales fiscales y jueces no están dispuestos a procesar a los responsables de los bloqueos sin recibir recompensas. Menos aún de procesar a los responsables del fraude y el desperdicio de los inmensos recursos provenientes de la venta del gas. La administración de justicia continúa maleada por el populismo. Esto frena la inversión nacional y extranjera.

Ninguno de estos temas se puede encarar con seriedad sin tener el apoyo de las principales fuerzas políticas representadas en la Asamblea. No es suficiente decir que se tiene el apoyo de las calles, justamente cuando aumenta el riesgo de que las calles caigan presas de una segunda ola de bloqueos.

El poder populista salió del gobierno, pero continúa firme en sus bases. Más de dos millones de habitantes están dispuestos a volver a apoyar a los bloqueadores. Lo harán aunque se perjudiquen, aunque se los obligue a bloquear con amenazas, y por cierto si se los compra con jugosos viáticos.

El gobierno no puede enfrentar estos desafíos por su cuenta. No puede hacerlo si margina a líderes políticos y empresariales como Samuel Doria Medina. El presidente necesita todo el apoyo político que sea capaz de conseguir.

Tal vez Rodrigo se quiere desmarcar del tiempo de la democracia pactada. Ese sistema se fue al diablo debido a que los jefes de los partidos que lo conformaban no supieron distinguir entre lo que debe ser un gobierno compartido de una manera responsable y un descarado reparto de pegas.

También puede ser precisamente por lo opuesto. Tal vez su círculo íntimo no quiere compartir poder, pegas y prebendas con otros socios. No se puede descartar que el presidente prefiera no depender de socios difíciles de manejar y prefiera tomar todas las decisiones por su cuenta.

Sea por táctica, por estrategia, por temperamento personal, por buen consejo, por suerte o por lo que fuera, la apuesta de Rodrigo Paz a desgastar gradual y pacíficamente a los bloqueadores parece haber dado buenos resultados.

Lo que está por verse es si alguna combinación de estos ingredientes será suficiente para que el gobierno del presidente Rodrigo Paz Pereira llegue a ser efectivo en los muchos lugares donde todavía impera el más absoluto desgobierno.

La política es el arte de lograr resultados formando coaliciones con gente que tiene intereses muy diferentes y muy contradictorios entre sí. Así lo hizo el político Jaime Paz Zamora, padre del actual presidente, asesorado por un habilidoso tejedor de coaliciones insólitas llamado Oscar Eid Franco.

Bastaría con que Rodrigo escuche a estos dos viejos luchadores para que su gobierno recupere el apoyo pleno de Samuel y tal vez incluso el de Tuto. Si les suma el de Manfred puede asegurarnos el éxito de la transición.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

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