domingo 30 de agosto de 2026

Yañee

Huanchaca: naturaleza, cocaína y el triple asesinato

Huanchaca no puede quedar ni en el olvido, ni en las penumbras, y que cada vez nos golpee y nos haga saltar de la hamaca.
domingo 30 de agosto de 2026

Fue hace 40 años. Ahí estuve presente como reportero de la Red Universo-Canal 5. Llegamos en una avioneta contratada por los ejecutivos del medio, precisamente el segundo día del 5 de septiembre de 1986, fecha trágica y dolorosa para el país, para las familias, para la dignidad, para la cruceñidad: narcos asesinaron sin contemplaciones al Prof. Noel Kempff Mercado, al piloto Juan Cochamanidis y al guía Franklin Parada. Sólo el científico español Vicente Castelló consiguió escapar y sobrevivir.  Los acribillaron a balazos en las mesetas de Caparuch, espléndida en su belleza natural y misteriosa de tantas especies de flora y fauna, que eran objetos de estudio del científico cruceño.

Los autores materiales tenían órdenes específicas: disparar y no dejar acercar a nadie y cumplieron con las órdenes de forma disciplinada y cruel. No se percataron de las enormes consecuencias que iba a generar este triple asesinato.

Una herida que sigue abierta a llaga sangrante. Sin justicia, con impunidad y complicidades del Estado y sus tentáculos de poder. Mucho más cuando el entonces ministro del Interior, Fernando Barthelemy, en un contacto con los periodistas de Santa cruz, admitió que se tardaron mucho en ingresar a la fábrica, bajo el argumento que no contaban con las avionetas. En fin, excusas que olieron a encubrimiento en esos años. Y que se fue extendiendo a lo largo de estas cuatro décadas.

Llegamos a la fábrica de cocaína y estuvimos a punto de ser acribillados por los policías que custodiaban la enorme factoría de producción de cocaína. Un emporio en medio de la selva. “Casi le disparamos de la distancia, con su chamarra negra, gafas oscuras y parándose en el ala de la avioneta, parecía un narco más”, me dijo un capitán.

Observamos lo impresionante de Huanchaca, que, en medio de tanta belleza natural, inaccesible: cataratas, ríos, bosques enormes, clima saludable, animales de todas las especies como testigos, además que ellos contaban con una larga pista de aterrizaje, carpas bien instaladas, muebles, tractores, productos para la elaboración del mágico polvo blanco: galones de querosene diésel, ácidos, coca, instrumentos de toda clase y un suculento cargamento en el suelo listo para ser trasladado a alguna avioneta.

En la noche, nos quedamos un día, se escuchaban gritos y disparos al aire, que estremecían,  no muy lejos del campamento. Según el policía eran de los narcos que escapaban y que ellos no hicieron intención de seguirlos para lograr su aprehensión.

El piloto que luego llegó a rescatar a los tres cuerpos, Mario Añez, advirtió: “El crimen a un hombre tan importante es tan doloroso, triste porque se trata de un flagelo que sigue azotando a nuestro país desde décadas pasados, seguimos y estamos peor. Los narcos se van adueñar de todo en Bolivia”.

Observamos también y eso lo difundimos en un documental sobre “Huanchaca y el asesinato de Noel”, que, durante la operación de desmantelamiento de la fábrica, se reportó que oficiales de la Unidad Móvil de Patrullaje Rural saquearon la instalación en lugar de asegurar las pruebas. Este acto de corrupción mostró la infiltración del narcotráfico en las instituciones del orden, debilitando la lucha contra el crimen organizado.
Una llamada al canal de Tv de una voz ronca nos ofreció $us 20.000 para que el documental no sea difundido. Los directores nos apoyaron y el trabajo periodístico provocó muchas repercusiones y fue tomado por la comisión interparlamentaria encargada de las indagaciones.

Huanchaca es mucho más que una enorme y moderna fábrica de cocaína: fue un refugio de los grandes narcotraficantes y sus tentáculos de apoyo que tenían de las élites empresariales, del poder, del sistema judicial y como prueba de ella a 40 años solo se detuvo y se sentenció a dos ciudadanos brasileños, como autores materiales de los tres asesinatos. Estuvieron en Palmasola.

Julio Kempff, sobrino del profesor Noel Kempff, en una publicación en El Deber, cuando se recordaba 35 años relató que nunca se conocieron a los autores intelectuales del asesinato y a los dueños de la fábrica, revelando que había colombianos, brasileños y bolivianos. “Detuvieron a dos ciudades brasileños que confesaron ser los autores materiales, dijeron que tenían órdenes de específicas de disparar al que vieran merodear por el lugar”. Así lo hicieron.

“Acá fue una tapandera extraordinaria. Nunca hubo intención de investigar, nunca se intentó develar quiénes eran los dueños, los empresarios de la droga”, criticó el criminólogo Alejandro Colanzi.

A las semanas del 5 de septiembre de 1986 emitimos un documental sobre este triple asesinato, observando, con ayuda del diputado por el FRI, Edmundo Salazar, algunas directrices del accionar del narcotráfico en Bolivia, el mismo que sigue intacto como hace cuarenta años. Salazar fue asesinado el 10 de noviembre de 1986 porque estaba muy cerca de difundir su informe completo, donde tenía: nombres de los empresarios de la droga, relaciones con la DEA y la CIA, testimonios que involucraban al gobierno y otros datos reveladores. Cinco balazos acabaron con su vida, cuando se aprestaba a ingresar a su domicilio. No hubo detenidos.

El narcotráfico y sus tentáculos tienen protección oficial, prueba de ello, que solo se sancionó a dos brasileños. La justicia y el poder político se contentaron con ello y nunca más se investigó.

Las complicidades y el encubrimiento vinieron desde el gobierno, que tenía su alfil a Fernando Barthelemy, ministro del Interior de Paz Estenssoro, que luego renunció por este hecho. No hubo voluntad de este gobierno de profundizar las investigaciones. Ni de los que se sucedieron en democracia.

Informes internacionales dieron cuenta de que esta fábrica era de la CIA, porque le permitía extraer ingentes recursos económicos para financiar a los contras que luchaban contra el régimen sandinista. Miguel Levine en su libro “La guerra falsa”, lo detalla.

En una entrevista que le hice a Francisco Kempff, hijo del científico, Noel Kempff, habló del “huanchacazo”: “Se debe aclarar quién fue el que apretó el gatillo, quién es el dueño de la fábrica, quiénes han sido los encubridores, quiénes han sido los que han proporcionado la materia prima. O sea que se aclare toda la nebulosa que no ha permitido el esclarecimiento de este bochornoso caso. La DEA tiene máxima responsabilidad antes, durante y después, eso no se puede negar. Están involucrados todos”. (El Día, 15/03/1992).

Francisco nunca tuvo respuestas. Falleció hace algunos años. Su esperanza de que se esclarezcan los crímenes de Huanchaca murió con el. Reinó la obscuridad y las sombras.

Más allá de la indignación nacional, departamental que incluso hubo una marcha masiva en la Plaza Principal para apuntar y rechazar a los narcos cruceños que en esos años eran padrinos de promoción, asistían a fiestas sociales, hacían gala de su poder económico financiado fiestas, desfiles, concursos de belleza, etc, queda algo profundo y que no se podrá borrar nunca: la alta complicidad del Estado hacia las mafias y los carteles del narcotráfico, que siguen actuando en la democracia boliviana. Como hace 40 años el narcotráfico está en todo su esplendor, con el agregado mortal de que casi todos los días se ejecutan a ciudadanos, al mejor estilo, del ajuste de cuentas, como lo hacían hace años los cárteles de Pablo Escóbar, Chapo Guzmán y otros.

“Pero parece que la memoria de un pueblo es frágil después de cuatro décadas... El narcotráfico vuelve a ser aceptado de forma hipócrita como una anomalía tolerable, e incluso aspiracional”, nos escribió un ciudadano con las iniciales E.G.

Hay un dato esperanzador. Las generaciones actuales que están siendo formadas en Periodismo de la UPSA, están realizando un trabajo de investigación periodística sobre lo sucedido el 5 de septiembre de 1986 y sus efectos. Varios universitarios me llamaron para recoger mis impresiones y valoraciones.

Bien por ellos y por su profesor: Huanchaca no puede quedar ni en el olvido, ni en las penumbras, y que cada vez nos golpee y nos haga saltar de la hamaca.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360.
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