domingo 13 de septiembre de 2026

¿Quién ejecuta la política exterior boliviana?

El Ministerio de Relaciones Exteriores está extraviado. No tiene política exterior. No tiene personal idóneo y ahora, para peor, está carente de liderazgo institucional.
domingo 13 de septiembre de 2026

Ni bien tuve uso de razón, recuerdo que un tipo de pregunta que solía hacerme mi padre, de manera imprevista cuando andaba distraído, era: “¿De qué color es el caballo blanco de Napoleón?”

La respuesta tenía que ser inmediata. Era, naturalmente, obvia: ¡blanco!

No era una pregunta destinada a obtener información. Era una pregunta retórica. Una forma sencilla de comprobar si yo, niño pequeño estaba atento y podía hacer una deducción elemental rápida; y en caso de duda, hacerme notar, que por amor propio debía estar más avispado.

Hay otra pregunta cuya respuesta también resulta ser obvia. Es: ¿Quién ejecuta la política exterior de un Estado?

En cualquier país del mundo, la respuesta es el Ministerio de Relaciones Exteriores, también conocido como Cancillería o el órgano equivalente, como en Estados Unidos  el Departamento de Estado.

Pero atención, una cosa es quien define la política exterior y otra muy distinta quien la ejecuta. La primera es responsabilidad del jefe de Estado o de Gobierno, dependiendo del sistema político. La segunda es la institución especializada, con estructura interna y externa, funcionarios de carrera, con conocimiento técnico, continuidad y responsabilidad política, administrativa y liderada por un canciller

En Bolivia, sin embargo, parece que el caballo blanco de Napoleón ya no será necesariamente blanco y nos estamos convirtiendo a nivel mundial en la excepción. No sólo porque la institucionalidad del Ministerio de Relaciones Exteriores, ha sido destruida -y la actual administración se niega a reconstruirla-, sino por qué ahora la figura del Canciller ha sido sobrepuesta o subordinada por otras Autoridades; y el afectado no reivindica sus derechos y sus competencias institucionales.

Es sintomático que, en los últimos encuentros internacionales, no haya estado presente el canciller, como corresponde o al menos un Embajador. Es lamentable que en diez meses las misiones diplomáticas aún se encuentren sin titular.

La reciente participación de Bolivia en la OEA fue, desde el punto de vista formal y protocolar cuestionable.

En el máximo órgano político regional, en el cual se abordó el informe de la misión de observación, solicitada por el propio país, no sólo no asistió autoridad diplomática. Sino que, además, la representación boliviana se realizó de manera virtual.

Fue un desplante protocolar de Bolivia al Consejo Permanente de OEA. El término de “permanente” ya sugiere que hay que tener representante fijo y la participación virtual, por respeto, no cabe.

Ante esta realidad, hay algo que conviene recordar cuando hablamos de quién representa a un Estado en el ámbito internacional. Ella no se determina por la importancia política que tenga una autoridad dentro del Gobierno.

Un determinado ministro puede ser una autoridad de enorme relevancia dentro de la estructura gubernamental. Pero eso no lo convierte, por ese solo hecho, en el responsable de las relaciones exteriores. El derecho internacional, la costumbre diplomática y el protocolo establecen canales, categorías, procedimientos para la representación de los Estados.

La situación de Cancillería preocupa, no solo porque la institucionalidad está en su nivel más bajo, - que no tuvo ni siquiera la diplomacia de los pueblos- sino porque además hoy se suma el silencio del canciller.

Hemos pasado de un Canciller que no perdía oportunidad para aparecer en los medios de comunicación con entrevistas, declaraciones, explicaciones y promesas de un big bag de la política exterior boliviana; al silencio del actual canciller.

Luego de su posesión, esperaba con expectativa saber cuál iba a ser el tono personal que pretendía darle a la institución bajo su mando. A la fecha sigo esperando. Incluso antes, cuando ejercía como viceministro, tampoco recuerdo haberlo escuchado participar regularmente en entrevistas de prensa, para explicar la política consular que estaba su cargo.

No estoy reclamando que un canciller tenga que convertirse en noticia permanente. Por el contrario, soy un convencido que hablar mucho no es sinónimo de buena política exterior. Los diplomáticos experimentados suelen pensar mucho y hablar poco, son estrategas. Pero no decir nada, tampoco parece razonable.

Tras asumir el cargo algunas entrevistas de prensa eran necesarias y útiles. Había que hacer saber cuál será el tono de la política exterior que está dispuesto a ejecutar. Explicar si será una continuidad de “MAS” de lo mismo o, por el contrario, piensa darle un sello propio.

También me desconcertó saber que no hubo un saludo protocolar al nuevo canciller por parte del cuerpo diplomático acreditado en Bolivia. Sin excepción, cuando cambia el ministro de Relaciones Exteriores, los embajadores acreditados asisten y tienen una oportunidad formal para saludar al nuevo jefe de la diplomacia boliviana.

Es protocolo. Es tradición. Es diplomacia. Porque las formas importan en las relaciones internacionales. No se trata simplemente de fotografías, apretones de manos o discursos ceremoniales. El protocolo transmite continuidad institucional, reconocimiento, respeto y normalidad en las relaciones entre Estados.

Ante la ausencia de una ceremonia, seguramente los embajadores habrán enviado una nota diplomática de buenos deseos. Aunque, siguiendo la lógica de las asistencias virtuales, quizá la diplomacia boliviana esperaba un mensaje de whatsapp de buenos deseos. Ahora caigo en cuenta a que se referían cuando hablaban de incorporar “la diplomacia digital”.

El Ministerio de Relaciones Exteriores está extraviado. No tiene política exterior. No tiene personal idóneo y ahora, para peor, está carente de liderazgo institucional. Por la Patria, como constantemente invoca el presidente, hay que cumplir las promesas de campaña y de una vez por todas poner de pie a Cancillería.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360.
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