2024-05-10

La Fiesta de América

Uruguay sale campeón con una camiseta roja y con recambio en su plantel

A los charrúas se les le acusó de tener un equipo en decadencia. Las glorias vivientes (Ballestrero, Nasazzi, Lorenzo Fernández, el Manco Castro) fueron considerados viejos.

A principios de 1935, en Lima, se volvió a disputar el máximo torneo continental, que no se jugaba desde 1929 por el rompimiento de las relaciones entre las Asociaciones de Uruguay y Argentina, luego de la final del Mundial de 1930.

Brasil, dividido en su interna por la lucha entre Federación y Confederación no se presentó. Paraguay y Bolivia que estaban en Guerra por el Chaco desde 1932, tampoco. 

Argentina y Uruguay acordaron que no utilizarían sus uniformes tradicionales sino que repetirían los usados en los únicos amistosos jugados luego del Mundial (1933 y 1934). Blanco los argentinos. Rojo los uruguayos.

A Uruguay se le acusó un estado de decadencia. Las glorias vivientes (Ballestrero, Nasazzi, Lorenzo Fernández, el Manco Castro) fueron considerados viejos. Los jóvenes de la generación de recambio (Ciocca, Enrique Fernández, Braulio Castro) eran solo eso, jóvenes.

El equipo viajó entre presagios oscurantistas. Las críticas apuntaban a que desde la profesionalización del fútbol uruguayo (1932) el estado de situación del mismo era idéntico a su época amateur. Además, el equipo no se había preparado de la mejor forma. Perú y Chile eran superiores físicamente y los argentinos, lisa y llanamente, mejores. 

Sin embargo, argentinos y uruguayos llegaron a disputar otra final. El primer tiempo de Uruguay fue arrollador. En 15 minutos (de los 18’ a los 33’) anotaron Taboada, Héctor Castro y Ciocca.

El segundo tiempo fue intenso pero Uruguay cumplió una notable labor defensiva. Cuentan las crónicas que en determinado momento Lorenzo Fernández cayó extenuado y pidió cambio. Entonces el capitán Nasazzi vociferó: “¿Qué pensará la gente cuando la radio diga que el gallego Lorenzo no quiere seguir jugando porque anda flojo y parece que le tiene miedo a Masantonio?”. Lorenzo gritó: “Ni flojo ni con miedo”.

Se incorporó y siguió jugando para terminar de borrar de la cancha al astro argentino.

Uruguay se consagró nuevamente campeón de América. Con los ídolos que quisieron derrocar antes de tiempo. Con los jóvenes (Braulio Castro fue imparable en la final) que juzgaron antes de darles su oportunidad. Con el mito que nació así para quedarse en la historia: la garra charrúa. El espíritu indomable ante la adversidad, aunque lo hicieron con una camiseta de color rojo.

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