2024-05-15

Crítica - Fitaz 2024

Perturbar e interpelar: “El Orfanato”

“El suicidio de una de las niñas desvelará, a la postre, el horror”, escribe la periodista Liliana Carrillo V.

Liliana Carrillo V., periodista

Cuatro niñas trabajan bajo el yugo de una mujer -quizás son varias- que las vigila por cámaras y les habla a través de parlantes, en alemán. El suicidio de una de las niñas desvelará, a la postre, el horror: abuso, violación, maternidad obligada, abandono, aislamiento, dolor y muerte de las más indefensas entre los indefensos. Ese es el argumento de “El Orfanato”, la obra que el elenco chileno La Trama trajo al Fitaz.

Hay pocos elementos en escena; las luces y los efectos de sonido crean una atmósfera asfixiante. El uniforme de las niñas con mandil irremediablemente remite a Alicia; aunque este es un cuento de horror que comienza con el suicidio de Lourdes quien pronto habrá de reencontrarse con sus compañeras. Una radio vieja y esos conejos de fábula son el único nexo de las pequeñas con un mundo que les ha sido negado.

El texto es en alemán, no lo entiendo, pero no es necesario. La clave está en los cuerpos que las actrices (Ana Karina Ramírez, Juanita Lara, Julia Lubbert, Michelle Mella y Valeria Leyton) manejan con destreza y crean sus propios códigos. Alternativamente parecen mimos alemanes, monigotes de un primitivo juego de computadora o seres dolientes. A ratos solo son niñas y juegan.

Y está ahí la voz de quien vigila, lo sabe todo: sabe quien descubre su sexualidad, sabe quién sueña con una fiesta de cumpleaños amenizada por conejos, sabe quién debe desaparecer.  Es la metáfora del poder, llámese dictadura o patriarcado, anónimo y omnipotente.

Según la presentación, la obra que vimos en el Fitaz cierra la Trilogía del Encierro, en la que su directora - Stephie Bastías- aborda el tema de la violencia contra las mujeres en ámbitos de encierro y opresión (el patriarcal, por delante): primero fueron criadas, luego monjas y ahora niñas huérfanas.

El tema que aborda “El Orfanato” es urgente y la puesta, novedosa; pero la línea que separa la metáfora dramática del efectismo aquí es delgada. ¿Era necesario representar un parto infantil y un bebé muerto? La propuesta, creo, tiene la suficiente potencia para salir airosa sin necesidad de sangre, vómitos repetidos y referencias sobrenaturales.

“El Orfanato”, al fin, apunta a perturbar e interpelar.  Lo segundo pierde fuerza con la escena final de la muerte como única posibilidad de felicidad para las niñas (¿No es aquí y ahora cuando el cambio debe llegar?). Lo primero lo consigue, no hay duda.

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