La familia Apaza cumple una agenda copada
Una espera de años: la historia de los prestes mayores 2024
Es martes en la noche. Juan Roberto Apaza y su hija Carmen Apaza están en la primera fila de la nave del Santuario del Jesús del Gran Poder, participan en una de las últimas misas previas a la entrada folklórica, un deber que deben cumplir como los prestes mayores de esta gestión.
“Esta es una labor muy importante. Es algo a lo que nos comprometimos hacer en homenaje a Dios y no podemos faltar”, expresó Carmen.
Cuando las personas son elegidas como prestes, ya sean mayores o regulares, asumen la responsabilidad de encabezar todas las actividades de la Fiesta Mayor de los Andes. “No tenemos pausa. Siempre hay algo que hacer durante todo el año”, agregó Juan Roberto.
Desde los actos litúrgicos del calendario católico hasta los eventos socio-culturales, como los de lanzamiento de la Alcaldía y del Ministerio de Culturas o las mismas entradas y romerías. En todas estas actividades, los Apaza siempre están en primera fila.
Esta es una labor muy importante. Es algo a lo que nos comprometimos hacer en homenaje a Dios. y no podemos faltar
Y es que en el cargo de preste mayor se unen el liderazgo tradicional andino con el religioso católico; el de representantes de la comunidad, con la de representantes de la fraternidad particular de la que provienen. Es un puesto que -para su ejercicio- requiere de mucho trabajo y devoción al “Tata”.
Guías espirituales
“Somos guías espirituales. Nuestros deberes se relacionan en torno a la fe a nuestro Tata. Pero, al mismo tiempo, somos custodios de las tradiciones y del patrimonio del Gran Poder”, aseguró Carmen.
Esas responsabilidades se presentan incluso en los casos particulares, como de los Apaza: padre e hija. Generalmente se escoge a matrimonios para que ocupen el cargo.
No es fácil llegar a ser preste mayor. Para los Apaza, más que una aspiración personal, es una señal de vocación. Se requiere esfuerzo y paciencia.
Formalmente los postulantes tienen que demostrar su compromiso con la fraternidad, el santuario y la comunidad. Eso se demuestra en su participación en las actividades, principalmente las religiosas.
“Si no vas a misa, no vas a ser preste”, advirtió Carmen entre risas. Aclaró que los interesados en el cargo deben probarse ante sus congéneres, demostrar que el Gran Poder es más que la oportunidad de bailar y “pasarla bien” en las fiestas.
Pero lo espiritual no es lo único que define el cargo. También está lo cultural y patrimonial, algo que necesita vigilancia.
Los prestes mayores son parte de las autoridades de la Asociación de Conjuntos Folklóricos del Gran Poder (ACFGP) y, por tanto, tienen que velar por que las tradiciones de la festividad “no se pierdan ni sean distorsionadas” durante las entradas y actos complementarios.
Esto es especialmente importante desde que, en diciembre de 2019, la entrada del Señor del Gran Poder fuera declarada por la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
“Es un deber muy importante”, aseguró Carmen. “Tenemos que observar con cuidado las danzas y cómo la gente participa en las ceremonias religiosas”.
Se encargan de detectar las infracciones a lo largo del año. Estas pueden ser desde alterar los trajes de las danzas patrimoniales, hasta olvidarse de cuidar los cuadros y efigies que salen en procesión en la entrada.
Sin embargo, los prestes no tienen poder punitivo para sancionar las faltas. “Lo que sí podemos hacer es expresar nuestras opiniones y coordinar con las autoridades de nuestra asociación y con las del santuario”.
Esa vigilancia incrementó en su gestión, porque este 2024 la ACFGP cumple 50 años de existencia, por lo que se dio mayor énfasis a las actividades.
Del folklore a la sociedad
Desde que asumieron el cargo, en junio de 2023, los Apaza tuvieron una agenda copada. Además de los eventos tradicionales como las fiestas de cada una de las 75 fraternidades asociadas y las ceremonias religiosas, el calendario incluyó actos especiales en conmemoración a las bodas de oro.
La Cámara de Senadores, el Ministerio de Culturas, la Alcaldía de La Paz, la Gobernación e, incluso, la auspiciadora Burguesa entregaron reconocimientos a la asociación, tanto por los años de trabajo, como por el aporte a la cultura y economía.
En todos los actos al menos uno de los Apaza estuvo presente. Asimismo, el número de actividades sociales se incrementó en los últimos meses.
“Por ejemplo, hace un tiempo tuvimos que ir a un congreso sobre patrimonio que se realizó en Samaipata (Santa Cruz). Estuvimos en representación del Gran Poder”, agregó Carmen.
Se incrementaron las reuniones entre los representantes de las fraternidades, los dirigentes folklóricos, autoridades municipales y gubernamentales, y los representantes de la auspiciadora. Todos los encuentros buscan organizar la entrada con novedades que la enriquezcan.
“Hay varias sorpresas preparadas entre todos. No podemos anunciarlas, pero garantizamos que hay elementos muy importantes para festejar”.
Esto significa, sin embargo, que los prestes mayores no paran en todo el año. De junio a junio su presencia continua en los rituales del santuario es esencial, especialmente en fechas como Navidad y Reyes.
Y eso sin que afecte a su trabajo. “Afortunadamente por estas fechas estamos de vacaciones”, reconoció Juan Roberto.
El padre creó una empresa de importaciones. Allí también trabaja Carmen, por lo que les es relativamente fácil coordinar sus tiempos en el negocio familiar, la iglesia y asociación.
Pero es este compromiso lo que determina si alguien puede llegar al cargo.
Requisitos
Para ser considerado como candidato debió fungir de pasante en su fraternidad en el pasado. Eso quiere decir que debió involucrarse en la organización de actividades y hacer un buen papel en ellas, además de ganarse el respeto de los fraternos. Y si uno, de paso, es miembro fundador del conjunto, las posibilidades son aun mayores.
Fue lo que ocurrió con Juan Roberto Apaza y su esposa, María del Carmen Fernández. Ambos fueron parte del grupo de personas que, hace 17 años, fundaron la fraternidad Morenada Viajeros La Paz Charaña En Gran Poder.
Nos dimos cuenta de que estábamos desperdigados. Por eso decidimos crear una fraternidad
Aunque nació en La Paz, Apaza bailaba morenada en la región de Charaña, en la fiesta del pueblo, en la década de 1990. Durante ese período la pareja ejerció como pasante en los festejos regionales. Más tarde, en 2007, un grupo de compañeros y familiares decidieron organizarse en una nueva fraternidad, para poder presentarse en la entrada de Gran Poder.
“En la familia nos dimos cuenta que estábamos muy desperdigados y que bailábamos unos en La Paz, otros en Charaña y otros en otras regiones. Por eso nos reunimos y decidimos crear una fraternidad especial”, recordó el folklorista paceño.
Con el paso de los años, Apaza y Fernández también fueron pasantes importantes en la fraternidad Viajeros La Paz Charaña. Ambos bailaban con entusiasmo en todas las ediciones de la entrada: él como moreno y ella como chola morena.
Este interés en la festividad es compartido con sus tres hijas, aunque solo la mayor, Carmen, baila en la entrada. “Mientras me dio la juventud fui china morena. Después me convertí en chola de tropa”, recordó.
Tanto padre como hija reconocen que les encanta bailar en la entrada. “Es una forma de rezar. San Agustín dijo que ‘quien canta, reza dos veces’ y lo mismo ocurre con la danza. Cuando bailas por devoción elevas una oración. Además, es una bella experiencia que compartes con tus compañeros y la gente que acude a ver”, dijo Carmen.
Pero, es un placer del que han prescindido en estos últimos cuatro años, porque desde que fueron seleccionados como futuros prestes mayores en 2018, los deberes les impidieron vestir las hombreras y la pollera.
Ese año fue cuando la ACFGP determinó que Apaza y Fernández sean prestes mayores. No sería de inmediato, ya que les precedían otras personas.
Sin embargo, eso significaba que debían acompañar a los anteriores prestes en las actividades oficiales, lo que incluía los palcos de las entradas, para observar a sus “compadres”.
Hay sorpresas. No podemos anunciarlas, pero garantizamos elementos importantes.
Todo marchaba viento en popa, pero la pandemia de Covid-19 cambió todo. No sólo postergó las actividades debido a la cuarentena rígida, sino que afectó a la familia Apaza Fernández. Durante la segunda ola de la enfermedad, en el segundo semestre de 2020, María del Carmen falleció.
“Mi mamá nos dejó un legado muy importante. Yo asumí la responsabilidad de ser preste mayor junto a mi papá y seguir sus pasos. Creo que mi mamá nos guía desde el cielo”, indicó.
Cuando dejen el cargo, el 2 de junio, aún pasará un año en el que acompañarán a sus sucesores. Pero en 2026 ambos se desquitarán cuando vuelvan a recorrer las calles de Gran Poder bailando.