27 de mayo
Las Andrade, las Yugar, las Andia y las Ergueta: cuatro historias de mamás e hijas apasionadas por las artes
Lo que se hereda no se hurta, reza el dicho popular y la experiencia de estas cuatro artistas y sus hijas lo comprueban. Ya sea porque las pequeñas se criaron en ambientes culturales, o porque demostraron interés en los escenarios, las hijas y nietas de Claudia Andrade, Erika Andia, Mónica Ergueta y Zulma Yugar decidieron seguir el mismo camino que tomaron sus mamás.
Teatro, música y danza son las artes que siguen estas herederas. Algunas comenzaron de muy pequeñas, otras descubrieron su pasión con el paso del tiempo y hay quienes ya dieron a luz a una nueva generación de creadoras.
Una dinastía de los escenarios
Claudia Andrade respira y vive teatro. No solo es directora y actriz, también es gestora y maestra de las artes dramáticas, disciplinas que practica desde hace 44 años.
"Tuve la suerte de crecer rodeada de cultura. Mis padres eran miembros del ballet de Melba Zárate y, aunque mi padre decidió alejarse de las tablas y convertirse en abogado, mi madre trabajó toda su vida en el escenario, por lo que el (Teatro) Municipal se convirtió en mi segundo hogar, al punto que comencé a hacer teatro a los nueve años y nunca lo dejé", recordó Andrade, en una entrevista con Visión 360.
No es de extrañar que esta experiencia se repitiera cuando llegó Jhazel Vargas Andrade al mundo. La hija de Claudia también creció rodeada de libros y de teatro, gracias tanto a su madre como a su padre, Ramio Vargas, escenógrafo y educador artístico.
El interés también fue influido por el trabajo de Andrade con su compañero, el actor y dramaturgo David Mondacca. Juntos crearon la compañía Mondacca Teatro, cuando la pequeña Jhazel tenía dos años.
Pese a su interés en las tablas, Jhazel siguió, de forma paralela, una carrera. Estudió Diseño Gráfico, asegurando "que me servirá para mi futuro". Mientras cursaba sus estudios se sumó al Taller de Teatro de la Universidad Católica Boliviana, donde mejoró sus habilidades.
Sacó su licenciatura y se dedicó de lleno al teatro, tanto sobre como detrás del escenario. Además de participar en las producciones de Mondacca Teatro, Jhazel dicta clases en el colegio San Calixto y en Teatro Nuna de La Paz a niños y adolescentes.
Y su participación en las tablas no se limita a la actuación. "Ella sabe hacer de todo. Tiene conocimientos y aptitudes para conceptualizar la escenografía, crear utilería y producir", aseguró su orgullosa mamá.
Eso sí, compartir trabajo con su hija no es tan fácil como parece. "Como la conozco, sé que le puedo exigir más que a los demás. Pero ella siempre cumple".
No es, tampoco, la teatrista más nueva de la familia. Su hija mayor Martina Iturralde Vargas también tiene el bichito de la actuación. Con 13 años ya formó parte de las producciones de la compañía. Participó en obras como El Grinch y Aparapa - La Paz de Saenz, que se presentaron en el Fitaz de este año.
"Tiene una memoria excelente y es muy creativa. Por ejemplo, en Aparapa fue la responsable de las sombras chinescas de la obra. Tiene un futuro lleno de drama y aplausos", consideró la abuela.
La música de un clan
Si algo define a la familia Yugar es la música. No importa el género, gran parte de los integrantes del clan se han dedicado a las notas.
La exponente más famosa es Zulma Yugar, que es considerada como una de las cantantes folklóricas más importantes del país. Hija de Agustín Yugar, fundador del Conjunto Típico Sajama, comenzó su carrera profesional a los 13 años. Aprendió a tocar varios instrumentos y se especializó en las tonadas nacionales.
Con tales antecedentes no sorprende que su hija, Zulma Arce Yugar, siguiera sus pasos. "Desde pequeñita demostraba talento. Cantaba todo el día y mostraba tanto entusiasmo que, a los siete años, grabó su primer disco, Amorosa Palomita", recordó Yugar, quien también fue ministra de Culturas.
Madre e hija compartieron el micrófono en más de una ocasión. Sin embargo, con el paso de los años, la muchacha, ahora conocida como Muñeca Arce, comenzó a buscar su propio camino armónico.
"Ella se enfoca más en la música urbana. Pero ambas compartimos la misma pasión por la música. Es el mismo lenguaje que hablamos y con el que nos relacionamos", asegura Yugar.
Aunque ambas cuentan con sus propios proyectos, no dudan en colaborar cuando es necesario, como cuando realizaron el concierto Tributo a Bolivia.
Eso no quiere decir que siempre estén de acuerdo en todo. "Como en toda familia tenemos alguna que otra desavenencia, pero eso queda en segundo lugar ya que somos familia".
Una prueba de ello es que Yugar viajó a Cochabamba para acompañar a su hija tras la muerte de su hijo mayor, Diego Villegas, este año. "Es en estos momentos cuando más cerca debemos estar".
Nuevamente, el talento familiar se reprodujo en la nueva generación. Villegas, el nieto mayor de Yugar, era baterista. Sus hermanos, Memo y Saúl también se dedican a la música, concretamente al rock.
"Es una alegría ver como todos compartimos el mismo lenguaje, la misma pasión", agregó Yugar. Y la orgullosa abuela espera que, pronto, pueda prepararse un concierto familiar.
De las tablas al micrófono
No es fácil dejar que los polluelos abandonen el nido. Sin embargo, Erika Andia reconoce que es parte natural de la vida y algo que experimenta en la actualidad, ya que su hija de 18 años, Clara Muñoz está lista para ir a México y estudiar canto.
"Ella es muy madura, más que yo", aseguró entre risas. "Tiene una visión muy amplia de la vida y sabe muy bien lo que quiere. Siempre lo supo".
Como en muchos casos, era natural esperar que Clara siguiera una carrera artística. Se puede decir que lo lleva en la sangre, aunque solo dos de sus ancestros trabajaron en el ambiente.
"Mi abuelo era tramoyista en el teatro Municipal. Tenía mucho talento. De él y de mi abuela nos llega la pasión por el escenario", contó Andia, en un contacto con Visión 360.
Según la dramaturga, directora y actriz paceña, su abuela también soñaba con el teatro. Quería ser artista, pero en su época no era fácil que una mujer de pollera lograra subirse a las tablas, independiente de su talento.
Esas habilidades llegaron al papá de Erika. La directora de las Kory Warmis asegura: "mi padre es un cantante nato. De hacer tenido la oportunidad sería una gran estrella. Pese a no seguir dicha profesión, aún nos alegra cuando tararea".
Clara aprendió a los pies de su madre, casi literalmente. Fue su compañera en las diversas iniciativas en las que participó Andia. Mientras que la madre enseñaba en sus talleres a niños, adolescentes y adultos, la niña absorbía todo eso, al igual que cuando venía a su progenitora actuar.
"Ella es mi mayor y mejor crítica. Siempre que comienzo algún proyecto nuevo, consulto con ella", cuenta la dramaturga.
Pero, aunque comparte talento, la joven se decantó por la danza y la música. Ya bailaba desde temprana edad y ahora busca abrir sus alas.
Y al hacerlo incentivó a su madre a explorar nuevos horizontes. "Antes que mi hija decidiera viajar a México ni se me ocurría buscar audiciones y proyectos allá. Ella me animó a cambiar eso".
No es la única experiencia que tiene Erika de madres compartiendo escenario con hijas. Eso lo ve cotidianamente con el elenco de las Kory Warmis. "Tenemos actrices que viven en las áreas rurales, mientras que sus hijas lo hacen en la ciudad. El teatro es el punto de encuentro. Y no sólo nos limitamos a madres e hijas, también tenemos nietas y abuelas".
Más ritmo en familia
La música es el negocio y pasión familiar de los Ergueta. Mónica Ergueta comenzó a cantar en su adolescencia, en el concurso Sábados Populares de RTP.
Su especialidad son los ritmos tropicales. Con el paso del tiempo se convirtió en una de las principales figuras de ese género en el país, ya sea como solista o compartiendo micrófono con otros grandes
Esa energía se manifestó en sus hijas Shary y Fernanda. Desde pequeñas aprendieron el negocio familiar y pronto se unieron a las presentaciones de su madre. Actualmente, las tres continúan colaborando.
"Ellas son una gran ayuda, pese a que también tienen sus propios proyectos", comentó, orgullosa Ergueta.