La Fiesta de América
Alfio Basile, el último técnico en ganar dos Copas Américas seguidas
Alfio Basile es el entrenador que dirigió a los mejores de la historia. Lujos que se dio el entrenador, ese que hasta la llegada de Lionel Scaloni era el último que conoció la gloria con la Selección Argentina en la Copa América. Dirigió a Messi y también a Diego Maradona. Pero también lo tuvo a Riquelme y a un jovencísimo Ariel Arnaldo Ortega. A Gabriel Batistuta y a Claudio Paul Caniggia. A Diego Simeone, Juan Sebastián Verón, Fernando Redondo y Oscar Ruggeri, entre tantísimos otros.
28 años pasaron entre una celebración y la otra. Casi tres décadas debió esperar Argentina para poder levantar una vez más la Copa América. Antes de la obtenida en el 2021 con Lionel Scaloni, la última había sido de la mano de Alfio Basile, en la era post Maradona. Y fueron dos, seguidas, en 1991 y 1993.
El DT nacido en Bahía Blanca había asumido tras la salida de Bilardo y la final del Mundial de Italia. Tenía la obligación de reconstruir una Selección golpeada, sin Maradona -suspendido por doping-, con un recambio importante y que llevaba la espina de 32 años sin levantar el trofeo, pese a que no se disputó el 67 al 75 -cuando cambió de nombre y dejó de llamarse Sudamericano- y a haber sido sede en 1987.
“Con el piloto azul que fue cábala en aquel torneo, Argentina se impuso en la final ante Colombia, por 2 a 1, en un Estadio Nacional de Santiago de Chile que siempre estuvo colmado. Un equipo diferente, con menos rigurosidad táctica, con una mezcla de juventud y experiencia, y con un goleador como Gabriel Batistuta, que armó dupla con Caniggia y se consagró como máximo artillero del torneo, con seis gritos”, recuerda el portal Bolavip.
Era el inicio de una era que arrancaba con el pie derecho y que conquistaría dos títulos más: la Copa Confederaciones en 1992 (ex Copa Rey Fahd), disputada en Arabia Saudita; la Artemio Franchi, una edición limitada de la Finalissima ante Dinamarca, campeón de la Eurocopa 92; y una nueva Copa América, en 1993.
La Copa América de Ecuador no resultó tan sencilla como la primera (1991), con algunos empates en la zona de grupos que pusieron en riesgo su llegada a la fase definitoria. En la fase siguiente apareció un ya consolidado Sergio Goycochea para volver a atajar penales como en el Mundial 90 (fue elegido el mejor jugador del torneo), y luego sí la victoria ante México en la final para volver a gritar campeón.