2024-06-26

El gran capitán del seleccionado boliviano

Wilfredo Camacho: “Gracias por acordarse de este patadura”

Después de más de 10 años, el exmediocampista volvió a acceder a una entrevista, lo hizo con Sports 360 para hablar de su Municipal “querido”, de la Selección nacional que consiguió el campeonato de 1963 y del gran amor por su pueblo, Quillacollo.

Wilfredo Camacho continúa siendo el personaje que conocimos. El excapitán de la Verde, aquel que levantó el trofeo de campeón del Sudamericano de 1963, cumplió la pasada semana 89 años y volvió a tener contacto con la prensa después de más de diez años.

No fue una tarea fácil conseguir la nota con don Willy, la edad le ha hecho cambiar muchos hábitos que tenía hasta hace una década.

Hace cuatro años, antes de la pandemia de Covid-19, ya habíamos acordado un encuentro; pero la cuarentena hizo imposible la visita.

Antes de abordarlo con la serie de preguntas que alistamos para el encuentro, de entrada nos sorprendió con un pedido particular: “Yo quiero hablar de mi pueblo querido. Hablar de Quillacollo es otra cosa, es la esencia que tengo de mi pueblo natal, es lo más grande que hay”. ¿Por qué le apodaron como el Coto Quillacolleño?

Porque era muy gritón, renegón y mandaba mucho, por eso me pusieron ese apodo. Ojo que era un mandón que recibía órdenes, aunque nunca me molestó que me digan Coto porque todos lo hacían con cariño.

¿En qué calle vivía en su pueblo?

Yo vivía en la calle Cochabamba, 101, cerca de la plazuela donde vendían helado. Desde chiquito me gustaba jugar al fútbol, lo hacía primero con pelotas de media. Yo sufrí mucho para tener mis primeros zapatos de fútbol; tenerlos era privilegio para los ricos. Yo jugaba con lo poco que tenía y que me podían dar mis padres.

¿Qué es lo que más extraña de su Quillacollo?

La comida, me gusta mucho un buen plato de oca. Acá en la casa mi esposa me cocina con la infaltable llajuita.

¿Cómo llegó a su Municipal querido?

Fue el alcalde de Quillacollo quien me trajo a La Paz. Vine muy jovencito (15 años) y para mí fue como un regalo llegar a esta ciudad y a Municipal, al que le agarré un gran cariño desde el comienzo. Tengo el orgullo de mencionar que jugué en el gran Municipal.

¿Qué compañeros recuerda de esos primeros años?

A Jorge Montes y Raymundo Zenteno, los tres llegamos procedentes del club Bata y conformamos un medio campo de lujo en Municipal, nos decían los “tres mosqueteros”. Cuánto no quisiera tenerlos a mi lado y recordar esos lindos años.

¿Alberto Achá fue el que le hizo debutar en la Selección?

Era mi tío, él me dio la confianza, fue en una Copa Paz del Chaco frente a los paraguayos (1957). Yo fui muy jovencito y me acuerdo que ingresé en el segundo tiempo y Ramón Guillermo Santos (+), que era mediocampista, bajó a jugar a la defensa. Quién no se acuerda del gran “Guichi”, como le decíamos.

¿Es cierto que Santos le pegaba fuerte a la pelota?

Pateaba fuerte, muy fuerte, le pegaba bien a la pelota. Uno lo destaca porque como él hay gente que se merece.

¿Qué se acuerda de su paso por Ferrocarril Oeste (1961)?

Ir a Ferrocarril Oeste era otra cosa, tomé las cosas con mucha seriedad porque el fútbol argentino era muy diferente, ya que los gauchos viven de otra forma el fútbol. La hinchada me gritaba “colla” y yo le respondía “colla tu madre” (risas). Me gustó mucho estar un año en Ferrocarril, me siento orgulloso de haber pertenecido a esa entidad, pero también estuve en el Once Caldas de Manizales, en Colombia. A mí me deja tranquilo el haber dado todo en el exterior y haber jugado a gran nivel.

¿El Sudamericano de 1963 queda en el mejor de sus recuerdos?

Hablar del Sudamericano son palabras mayores. Bolivia estuvo en lo más alto del fútbol continental y sentamos supremacía en nuestro país. La alegría que le dimos a todo el pueblo boliviano fue única; pero hay que acordarse de que tuvimos un gran equipo, con buenos jugadores y lo primordial fue el respaldo de la gente en La Paz y Cochabamba.

¿Si le nombro a Max Ramírez qué me dice?

Uhhh el “Chino” Ramírez fue un grande, yo le decía bocón. Al lado de él conseguimos muchas cosas porque era un futbolista muy competitivo. El “Chino” fue un crack porque era mandón, igual que yo (risas).

¿El gol de cabeza a la Argentina fue el más importante de su carrera?

Esos éxitos no se olvidan nunca, ese gol es inolvidable. Más que el gol anotado recuerdo la emotividad que produjo ese cabezazo, porque un minuto antes Ramírez falló el penal. Más que por el tanto convertido, me quedo con la alegría que le di a la gente…

Y luego vino la final en Cochabamba…

Demostramos que los bolivianos podemos. No fue fácil, ya que tuvimos que pelear mucho para ser campeones, pero lo que conseguimos es incomparable. Luego me retiré del fútbol con una gran pena, hasta ahora me duele.

¿Quién fue su mejor director técnico?

Don Félix Deheza, ese caballero era muy buena gente, muy disciplinado en todo sentido. Don Félix respetaba mucho a los jugadores, pese a que era un mandón, hay que saber mandar. No sólo es gritar, hay que saber conversar y dirigir.

¿Cómo fue su etapa de entrenador?

Fue otra cosa, recuerdo el campeonato que sacamos con Bolívar (1982) con “Chichi” Romero como gran figura al igual que Ovidio Messa (+)…

¿Ovidio se portaba mal?

Se portaba mal, bien malcriado era…

¿Para la Liguilla de Cali, Ovidio se escapó de la concentración en Santa Cruz?

No me acuerdo, de esos que se escapan es mejor no acordarse (risas). Esa Selección de 1977 estaba conformada por grandes jugadores como Pablo Baldivieso, Jaime Rimassa, Raúl Morales, Eduardo Angulo, Conrado en el arco, Carlos Aragonés o Tamayá Jiménez, no podíamos quejarnos. No quiero olvidarme que era presidente de la FBF Mauro Cuéllar; era un renegón, buena gente, pero un verdadero dirigente, de esos que hacen falta en Bolivia. En 1977 salimos primeros de nuestra serie al ganarle a Venezuela y Uruguay en Tembladerani.

¿Uruguay era el gran  favorito para ser primero?

Los uruguayos escuchan hablar de la altura y se asustan más que los argentinos y los brasileños. Nosotros teníamos un grupo muy equilibrado y les ganamos con toda justicia en Tembladerani.

Las nuevas generaciones no saben del fútbol camachista. ¿Qué características tenía ese estilo?

El fútbol camachista era porque yo mandaba y gritaba mucho cuando tenía autoridad. No es entrar nomás a la cancha, porque hay que saber ordenar para tener valentía y pundonor. A la cancha hay que entrar a correr y a jugar.

¿Qué significa defender la casaca de la Selección?

Lucir la verde es la esperanza, quién no sueña jugar en la Selección. Nunca me imaginé que iba a llegar al seleccionado y sentir esa gran sensación de defender a mi país. Yo tengo una frase, que a la Selección siempre hay que darle y no pedirle, porque es un orgullo llegar ahí. Yo sufrí mucho para jugar en el seleccionado. Al equipo de todos nunca hay que negarle el concurso. Siempre soñaba jugar en el equipo de todos y cuando llegué me brindé al máximo.

Pero usted también le hacía a la pelota de mano…

Me gustaba mucho jugar a la k’ajcha, paraba mucho en el frontón cuando no había fútbol. No era ningún manco, le hacía bien a ese deporte.

Gracias por recibirnos en su casa.

Por nada, en todo caso yo soy el que tengo que agradecerles que se hayan acordado de este patadura (risas).

En la sala, la familia de don Willy tiene las fotografías de su época de jugador, además de un álbum del Sudamericano de 1963. Su medalla de campeón de hace 61 años se encuentra celosamente guardada, ya que es el mejor de los recuerdos del capitán de capitanes.

Te puede interesar