2024-07-19

Buscaban tener la protección que el Estado da a todas las familias

David y Guido, el origen de la unión civil de 79 parejas del mismo sexo

En 2018, Aruquipa y Montaño acudieron al Serecí a inscribir su relación. Fueron rechazados e iniciaron un proceso que terminó con el registro de nuevas familias.

Cuando todo comenzó, en 2018, el Servicio de Registro Cívico (Serecí)  solo tenía una pareja del mismo sexo que buscaba registrar su unión civil. Ahora, seis años más tarde, ya son 79, todo gracias al primer paso que dieron David Aruquipa y Guido Montaño.

“Registrar nuestra unión, apenas tomó 30 minutos. ¡30 minutos que nos costaron dos años!”, recuerda Aruquipa, investigador, gestor cultural y activista de la población LGTBQ+ .

“Teníamos necesidad de formalizar legalmente nuestro proyecto de vida. Éramos conscientes que necesitábamos soporte legal  del Estado”.
David Aruquipa

Reconoce que, pese a su trayectoria como activista, ese paso no se hizo pensando en el gran cuadro. Era, simplemente, una necesidad personal.

“Teníamos la necesidad de formalizar legalmente nuestro proyecto de vida. No era una acción de lucha o provocación, como dijeron algunas personas, sino que éramos conscientes de que necesitábamos soporte legal  del Estado”, agrega.

La pareja muestra su certificado ante los medios de prensa. Foto: cortesía David Aruquipa 

 

Enfrentaban complicaciones legales e institucionales; por ejemplo, solo David tenía seguro de salud, el que no podía extender a Guido porque no eran “una pareja legalmente establecida”. O que un préstamo solo estaba a nombre del segundo.

A eso se sumó el conocimiento de casos de parejas del mismo sexo en las que, a la muerte de uno de los integrantes, el otro quedaba indefenso ante la familia de su compañero a la hora de mantener propiedades.

Eran conscientes de que la cosa no sería fácil. Aruquipa recuerda que aceptaron que iniciarían un proceso posiblemente muy largo, que podría llegar al Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) e, incluso, a la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

“Hay nuevas formas de enfocar las familias. En eso todos tenemos que trabajar, tanto los heterosexuales como la población LGTBQ+”.
David Aruquipa

Fue así que en octubre de 2018 acudieron al Serecí junto con sus abogados, listos para cualquier inconveniente. Lo encontraron de inmediato: de entrada les dijeron que no podían registrarlos, “que era inconstitucional”.

“Si bien recibimos hostilidad, no fue nada personal. Fue esa agresión del burócrata que no puede salir de la caja mental de su entrenamiento. De hecho, tras el primer intento, todo contacto posterior se realizó mediante documentos escritos, mediante abogados”.

Los primeros reclamos se dirigieron a la cabeza de la institución estatal. Cuando esta confirmó que no podía inscribir su unión, fueron al Tribunal Constitucional de La Paz.

“Como abogada del caso de David Aruquipa y Guido Montaño, junto con mi colega Guido Ibargüen, fue uno de los desafíos más importantes que asumí como defensora de los Derechos Humanos”, explica la abogada  de la pareja, Mónica Bayá. 
Identifica tres razones para tal dificultad. La primera estaba en “lograr que se aplicase un estándar internacional en derechos humanos, por encima de la legislación nacional”.

La segunda era “que el sujeto obligado era una instancia pública, donde no existía la práctica de ejercer el control de convencionalidad ni aplicar el bloque de constitucionalidad”. Finalmente se buscaba lograr la unión de una pareja del mismo sexo en un Estado, “en el que aún existe discriminación contra esta población”.

A mediados de 2020, la familia Aruquipa Montaño esperaba la respuesta del tribunal paceño, con la idea de que les tocaría llevar el proceso a Sucre. Pero los jueces les dieron la razón y determinaron que el Serecí los registre. “No sabía cómo reaccionar. Fue algo maravilloso, pero inesperado”, recuerda.

Sin embargo, la instancia aún se negaba a hacerlo, mientras que el TCP no ratificara esa decisión. Eso llegó en diciembre de ese año. Así, David y Guido firmaron el documento, acompañados de los medios.

Fue un gran triunfo, que no fue festejado como se merecía. “Todavía estábamos en la pandemia y sabíamos que muchas otras personas no podían acceder a ese beneficio, porque sé que si no fuéramos figuras públicas, el proceso hubiese sido mucho más difícil de lo que fue”.

Esa condición no solo los hizo más visibles, sino que también les permitió llamar la atención de personas de todo el país y del mundo. Aún conservan un documento con millares de firmas de  quienes les apoyaban.

Fue por eso que postergaron toda fiesta hasta que el TCP promulgara la Sentencia Constitucional Plurinacional 0577/2022-S2, que ratifica que las parejas del mismo sexo pueden unirse civilmente. Ahora, según datos del mismo Serecí, ya son 79 las registradas. El trabajo no terminó, aunque lo que sigue no afecta a la familia Aruquipa Montaño.

“Estamos trabajando, ahora, en el matrimonio igualitario. Pero es una lucha más complicada, porque implica la religión. Nuestro proceso tampoco involucró la adopción, tema en el que vamos a ayudar, pero no nos afecta personalmente, ya que estamos muy viejos e impacientes como para criar a una persona”, asegura Aruquipa.

Ahora toca trabajar en sus familias. David y Guido son conscientes de que la familia está en crisis en la actualidad. “Están cambiando conceptos y tradiciones. Ya una pareja no tiene que tener como finalidad el reproducirse; hay nuevas formas de enfocar las familias. En eso todos tenemos que trabajar, tanto los heterosexuales como la población LGTBQ+”.

Pero esa es historia para otro momento. Ahora alistan la fiesta que se deben, junto con  los otros beneficiados

 

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