2024-09-19

La campaña permanente de Evo Morales

Empezó su carrera política como secretario de deportes de su central cocalera. En poco tiempo logró ser secretario general y después máximo dirigente de los cocaleros del Chapare. Nunca más dejó el cargo. Cuando se crearon los diputados uninominales vio que era su oportunidad de lanzarse a la política nacional. Resultó el diputado más votado en 1997. En su primera postulación a la presidencia de la República obtuvo el segundo lugar y en 2005 fue elegido presidente con mayoría absoluta. Tampoco quiso dejar el cargo hasta que una insurrección ciudadana lo echó en 2019. Vivió el exilio sólo un año y regresó para intentar recuperar la silla presidencial. En ese afán anda desde 2020 hasta la fecha. Todo este tiempo, 53 años, ha vivido con intensidad de incendio, una campaña política permanente.

Una campaña política simple y eficaz. Su estrategia se basó en definir un enemigo principal (el imperio, la DEA, Bánzer, Tuto, Goni, Mesa, de nuevo Tuto, Manfred, Samuel, de nuevo Mesa, de nuevo el imperio, Añez, Arce), apelar a las organizaciones sociales corporativas (sindicatos, gremios, cooperativas), dar batalla en todos los frentes (parlamento, calles, medios de comunicación, ahora redes sociales), no transar nunca y atacar sin medida ni clemencia, sin tregua y sin pausa, las 24 horas del día, los siete días de la semana. Un peleador callejero que no se cansa y que, al menor descuido del adversario, asesta los golpes definitivos.

Como gobernante fue un desastre, un pésimo administrador que dilapidó la mayor riqueza que recibió Bolivia en toda su historia. Logró cooptar y concentrar a todos los poderes del Estado bajo su mando, restringió las libertades democráticas, las instituciones públicas fueron desmanteladas de cualquier vestigio de meritocracia, la política exterior nos aisló y estigmatizó ante el mundo democrático y trató de instaurar un sistema de partido hegemónico que le garantice su permanencia indefinida en el poder.

Pero su comunicación política, su propaganda, siempre fue efectiva y por momentos brillante. A pesar de ser el hombre más poderoso del país, supo transmitir una imagen de humildad y de ser siempre el agredido por fuerzas muy superiores. Un Goliat disfrazado de David. Incansable en su contacto directo con la gente, agradable y carismático en el diálogo personal, prebendal, administrador eximio de castigos y recompensas a sus allegados, un populista autoritario de manual.

La ventaja que le lleva a cualquier político es que vive las 24 horas haciendo política. No tiene otros afanes ni preocupaciones. Y al parecer, tan poco afectos que lo distraigan de su obsesión por el poder. Un animal político que come y bebe política, que duerme soñando con política. De allí que se comprenda su grado de depresión y abstinencia de los últimos años, alejado del poder absoluto que gozó durante tres lustros.

Hoy marcha de nuevo como hace treinta años por la vía principal de Bolivia. En aquel entonces decía que era por “la vida, la dignidad y la coca”, hoy dice que es por “salvar a Bolivia”. Nada de eso. Evo Morales marchó en 1994 porque estaba en campaña política permanente. En 2024 marcha por la misma razón. Y esa campaña política permanente sólo tiene un objetivo: Evo al poder. Todo lo demás, la parafernalia, la empaquetadura, los rosones, son lo de menos.

53 años de campaña política permanente, sin descansar un solo día.

*La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360.

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