Exigen un plan económico
La fábrica de té de Mapiri no funciona por la burocracia y la presencia de la minería
La burocracia en la Alcaldía de Mapiri y en la Gobernación de La Paz, además de la irrupción de la minería ilegal en ese municipio, son parte de los cinco factores que, desde hace ocho años, impiden terminar el proyecto de la “Empresa Departamental Mixta Planta Industrial Procesadora de Té” y así inicie sus operaciones.
Según la denuncia del asambleísta departamental de la bancada de Somos Pueblo, Israel Alanoca, en ese tiempo, desde 2017, se gastaron 12,9 millones de bolivianos, por lo cual, en su criterio, ya existe un daño económico, puesto que, de acuerdo con información del Ministerio de Planificación, el proyecto debió ser entregado en 2023.
No obstante, los documentos revelan que el gobernador de La Paz, Santos Quispe, y el secretario departamental de Desarrollo Económico y Transformación Industrial, Celso Anaya Quispe, solicitaron una prórroga. Esta feneció en diciembre de 2024.
“Existirá daño económico y por lo tanto haremos un proceso penal en contra del gobernador Santos Quispe y de Celso Anaya”, señaló el asambleísta Israel Alanoca.
Los factores que han impedido que la planta comience a funcionar son: la carencia de un plan económico administrativo, la burocracia institucional, dudas por la mala experiencia de los comunarios por la quiebra de otras empresas, la falta de incentivos económicos para que los agricultores acondicionen sus parcelas y las plantaciones. Finalmente, la competencia salarial con los cooperativistas mineros.
Sin planes
“Existirá daño económico y, por lo tanto, haremos un proceso penal en contra de Santos Quispe y Celso Anaya. El proyecto surgió en la gestión de Félix Patzi y debió haber continuidad en esta gestión, como una alternativa a la minería ilegal y se beneficiaría a unas 200 familias. Hasta el momento, podemos decir que no hay un plan estratégico para la administración de la planta. ¿Quién pagará los salarios de los operarios y los administradores? ¿Cómo se manejarán las posibles ganancias?”, cuestionó Alanoca en entrevista con Visión 360.
El legislador recordó que el galpón y otros ambientes de la planta ya fueron entregados en la gestión del entonces gobernador Patzi, en 2020, y desde que Quispe asumió el cargo no se puede cumplir con el equipamiento. Si bien se han proporcionado algunos aparatos para el trabajo administrativo, la maquinaria para el procesamiento de la materia prima aún no funciona.
Burocracia
Este medio se contactó con Anaya, pero se negó a dar información sobre el tema, con el argumento de que tenía una agenda muy ocupada y que solo a mediados de febrero podría atender una entrevista. Se le explicó que solo se quería saber si se entregó o no la maquinaria para dicha planta —como figura en el Sistema de Contrataciones Estatales (Sicoes)—; el funcionario fue evasivo y no respondió.
Por otro lado, Alanoca, ante la falta de información y sin otra solución para evitar la burocracia en la Gobernación de La Paz, presentó el miércoles una segunda Petición de Informe Escrito (PIE), para que el ejecutivo departamental responda, no solo por la entrega de la maquinaria necesaria para la puesta en marcha de la planta, sino para que explique y exponga el plan económico administrativo, comprometido ante los productores de té.
El asambleísta sostuvo que similares cuestionamientos se podrían hacer al alcalde de Mapiri, Alfredo Apaza, debido a que este es un proyecto tripartito, entre la instancia municipal que aporta un 10% del monto total, la Gobernación que cubre el otro 90% y los productores, que ponen la materia prima. El burgomaestre no atendió las llamadas ni las preguntas que le envió Visión 360 por mensajes de texto.
En criterio del presidente de la Central Agraria Sarampuini y miembro del Comité Impulsor de Productores de té, en Mapiri, Alex Pasimita, además de la burocracia y la falta de un plan estratégico para el manejo económico, otros tres factores impiden que la planta inicie su producción: las malas experiencias, por la quiebra y mala administración de otras empresas; la competencia con los salarios que ofrecen las cooperativas mineras; y la falta de incentivos económicos.
Malas experiencias
Como hijo de otro productor de té, Pasimita conoce todo sobre la siembra de las hojas en esa región y, aunque estos últimos 20 años las comunidades debieron dedicarse a otro tipo de producción agrícola, él afirma que no vendería la propiedad familiar a los cooperativistas mineros, que les hicieron ofertas para explotar oro en sus tierras. Prefiere vivir en armonía con la naturaleza.
El dirigente cuenta que hace dos años la Gobernación hizo un levantamiento de datos históricos, en el cual se detalló que los primeros cultivos de té se realizaron por incentivo de dos ciudadanos alemanes, en la década de los años 40, quienes trajeron los primeros plantines; ya en los años 70 se inauguró la primera planta con capitales chinos.
Posteriormente, la fábrica pasó a manos de Cordepaz, lo que hoy es la Gobernación, y después lo retomó otra empresa privada, pero debido a los golpes de Estado militares y la inestabilidad económica en el país, volvió a cerrar. En 1995, la empresa Hansa también reactivó la producción y fabricación de té, pero también quebró.
Finalmente, según figura en publicaciones de periódicos paceños, en 2005 se dio la última experiencia, cuando la entidad norteamericana Usaid financió el proyecto de “Chaimate”, a través de la Actividad Rural Competitiva (Arco).
“Sin embargo, ahí se dio un aprovechamiento fatal; los que administraban, dos ingenieros, pagaban por cada kilo de té 2,5 bolivianos, por lo que el productor, el jornalero, apenas ganaba entre 30 y 40 bolivianos por día, pero resultó que estos señores y todo su equipo de técnicos se pusieron sueldos de 16.000 y 20.000 bolivianos, con lo que llevaron a otra quiebra por falta de dinero para inversiones. Desde 2006 se paralizaron los cultivos”, contó Pasimita a Visión 360.
Falta de incentivo
Ante estas malas experiencias, el dirigente señaló que la Alcaldía de Mapiri y la Gobernación deben socializar aún más la implementación de la nueva planta de té; además, las autoridades deben explicar de forma clara cómo será la administración. Dijo que un pedido de los productores es que las autoridades departamentales y municipales establezcan incentivos económicos.
Recordó que otros inversionistas llegaron al municipio y prestaron hasta mil dólares a los comunarios dedicados al rubro, con el fin de que cuenten con capital para acondicionar los terrenos para la plantación y posterior cosecha.
12.991.549 bolivianos se gastaron, en ocho años, para la implementación de la Planta Procesadora de Té, en el municipio de Mapiri, la cual aún no inicia operaciones por una serie de factores.
Ese proceso demora al menos cinco meses, pero al inicio de la cosecha los productores, anteriormente, pagaban cada mes parte del préstamo que se les había hecho, al momento de vender su cosecha.
Salarios mineros
Al igual que Alanoca, Pasimita considera necesario que las autoridades presenten un plan económico, antes de exigir a los productores que inicien la plantación, sin siquiera tener certeza del precio al que les comprará cada kilo de hojas de té o la cantidad que podrán adquirir.
Afirmó que ese plan económico, debe prever que existe un otro factor negativo que se tiene que resolver, la desigualdad salarial con los jornales que ofrecen los cooperativistas mineros.
“La explotación (ilegal) de oro está fregándonos a este sector, porque los comunarios prefieren ir a barranquillar, porque pagan entre 800 y 900 bolivianos por gramo; en cambio, nosotros, los productores de té, apenas podemos pagar un jornal hasta por 120 bolivianos. Pero la gente también es consciente de que tarde o temprano se acabará lo del oro, saben que el municipio pude ingresar en déficit”, explicó Pasimita.
Abandono
En octubre de 2020, cuando Patzi entregó la infraestructura, sin maquinaria, se detalló que tendría la capacidad de procesar dos mil kilos de hojas de té al día, que sería capaz de duplicar la producción con trabajo en doble turno, y que en su nivel más alto podría procesar 500 mil kilos de té al año.
En la inspección realizada en septiembre de 2024, Alanoca verificó que todos los ambientes están empolvados y alrededor creció la maleza, incluso en las canaletas de los techos, y la planta no cuenta con electricidad.