2025-03-16

Desastres en la paz, causas y efectos

Soluciones efectivas que encaren las causas reales de los desastres de los que somos testigos, presenciales o no, implicaría que autoridades y sociedad civil asuman su responsabilidad frente al grave problema.

La necesidad de un Plan de Desarrollo Urbano y Metropolitano es condición fundamental para encarar la construcción de un futuro de La Paz, El Alto y municipios vecinos que conforman la conurbación, núcleos urbanos que se unieron, de la que somos parte.

Cuando una ciudad crece sin planificación que entre otros aspectos contempla áreas de expansión mientras sus autoridades improvisan la gestión municipal como es el caso de los municipios de La Paz y circundantes, se tiene como resultado que la ciudad está sometida al crecimiento denominado “espontaneo” o “salvaje” orientado por el libre mercado de tierras.

La Paz, tiene características específicas en su topografía, geología, hidrología, paisaje natural y transformado, así como su larga historia urbana. El conocimiento de estas condiciones es imprescindible para abordar con responsabilidad la gran tarea de lograr una visión de futuro, estrategia y tácticas para alcanzar objetivos que en esencia busquen elevar las condiciones de vida de sus ciudadanos.

En la presente coyuntura nos encontramos a la recurrente presencia de desastres tanto antrópicos, causados por acciones humanas, como naturales. Como no faltan las anécdotas graciosas, la primera autoridad municipal dijo hace poco que hay desastres “andrónicos”.  

Para abordar esta problemática se precisa identificar las causas que originan los conmovedores desastres que azotan a vecinos de sectores de la ciudad, en los últimos días acontecieron en los barrios de Codavisa y Coqueni, no hace mucho en Bajo Llojeta.

Especuladores del suelo urbano y periurbano son ciertamente agentes dinámicos para negocios altamente rentables. Trafican con tierras y también con edificios sin tomar en cuenta las condiciones que permitan la habitabilidad digna de personas que ocuparan dichos espacios.

En esta oportunidad nos referimos específicamente a los asentamientos en áreas inapropiadas en los cuales acontecen los desastres que por su frecuencia parecen normales en nuestra ciudad y no son enfrentados de manera adecuada ni por autoridades ni por la sociedad civil, en las que prevalecen paliativos, sentimientos de pesar y no precisamente la búsqueda de soluciones.

Loteadores y urbanizadores sin escrúpulos son quienes tienen protagonismo en la “planificación” del crecimiento de la ciudad según sus intereses de lucro, es usual que ellos adquieran u ocupen áreas de medio o alto riesgo para proceder al loteamiento legal o ilegal y venta de terrenos sin contemplar aspectos de seguridad ni áreas verdes y de equipamiento, unas veces a precios accesibles y otras no, a gente que tiene la necesidad apremiante de vivienda e ignora la calidad del suelo. Es normal que el municipio, al incumplir sus deberes de fiscalización y control, sea permisivo y en ocasiones cómplice de estas acciones irregulares que llegan a ser delincuenciales. Pasado el tiempo estos asentamientos humanos se desarrollan y es normal que los ilegales llegan a ser “regularizados” por el municipio para obtener servicios básicos.

Pasado el tiempo las construcciones realizadas sobre terrenos en situación de peligro sufren las consecuencias de eventos geológicos o hidrológicos y agentes climatológicos, que se manifiestan en inundaciones, deslizamientos, derrumbes, mazamorras, movimientos de tierra y otros. Estos acontecimientos, que llegan a ser trágicos cuando hay pérdida de vidas humanas, se suceden con reiteración en temporadas de lluvia.

Después de las tristes escenas de desastres es común la dotación de albergues transitorios y aportes solidarios inmediatos de parte de vecinos y autoridades para una parte de los damnificados. No faltan las promesas por lo general incumplidas de rehabilitación de áreas afectadas, dotación de otros terrenos, mejor aún de edificación de nuevas viviendas.  El primer mandatario del país ofreció no hace mucho nuevas viviendas a damnificados de Bajo Llojeta.

En vías y espacios públicos se presentan inundaciones, sifonamientos, bloqueo de las escasas bocas de tormenta y otros, que en alto grado son de responsabilidad del municipio o de la empresa EPSAS.

Las carencias de mapa de riesgos actualizado, sistema de alerta temprana eficiente y oportuna, planes y obras de prevención serios y necesarios, educación ciudadana, sumadas a las limitaciones en cuanto a profesionales especialistas, son factores agravantes. En nuestro medio es necesario que terminada una temporada de lluvias el municipio debería empezar su preparación para la próxima.

Soluciones efectivas que encaren las causas reales de los desastres de los que somos testigos, presenciales o no, implicaría que autoridades y sociedad civil asuman su responsabilidad frente al grave problema.

Es de esperar que el próximo año elijamos un Alcalde y un Concejo Municipal capaces, honestos y comprometidos en la construcción una mejor ciudad y que, por otra parte, los ciudadanos asumamos nuestra responsabilidad en la participación y control social que nos compete.

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