2025-04-30

La Tribuna

Injerencia de las barras ¿flagelo o ridiculez de la causalidad?

Recientemente se han reportado incidentes preocupantes en Cochabamba relacionados con las “barras bravas”

La injerencia, en su significado general, se refiere a la intromisión o actuación sin autorización o derecho en un asunto que no es de la propia competencia. En otras palabras, es la intervención en algo a que no se pertenece, sin tener el derecho o la capacidad de hacerlo.

La injerencia implica una acción que no es solicitada ni autorizada, y que se realiza sin tener la autoridad o el derecho para hacerlo. Se considera injerencia cuando se involucra uno en un asunto que no le concierne, ejerciendo influencia o control sobre el mismo.

Infiero en este tema que, no deja de ser delicado y luego de ver una vez más en equipos del fútbol boliviano, como las “barras bravas”, escudándose en el anonimato de un grupo de individuos agresivos, ingresan sin ningún tipo de respeto a la propiedad privada de los clubes a: amedrentar, hostigar, insultar, en el peor de los casos agredir físicamente a: jugadores, técnicos, dirigentes y funcionarios, e inclusive a periodistas que realizan su trabajo, cuando los resultados son adversos, por distintas razones, mucho más cuando se sabe que los equipos han entrado en una suerte de crisis económica y que se refleja en la producción deportiva, haciendo tambalear el futuro institucional.

Nada justifica las acciones dirigenciales, con las caídas deportivas y que esto derive en las reacciones de los mal llamados “hinchas agresivos”, quienes determinan por mano propia tomar decisiones y someter con “mano dura” para cambiar el destino inmediato de las cosas.

Las barras bravas han sido objeto de estudio en diversas investigaciones debido a su impacto en el fútbol y la sociedad. Se han identificado como grupos de animación que, en algunos casos, ejercen presión sobre jugadores y equipos mediante actos de intimidación. Este fenómeno puede estar relacionado con la identidad y el sentido de pertenencia que los aficionados desarrollan hacia sus clubes, lo que a veces deriva en comportamientos violentos.

Desde una perspectiva legal y social, se han propuesto medidas para prevenir la violencia en los estadios y concientizar a las barras bravas sobre las consecuencias de sus acciones. En Colombia, por ejemplo, se han implementado leyes y planes de acción para regular el comportamiento de estos grupos y fomentar la convivencia en el fútbol.

En la Argentina es una lucha constante y una planificación permanente para crear periódicamente nuevas alternativas en su combate para no volver a tiempos extremos en las décadas de los 80 y 90, cuando las “barras bravas” se sentían con el poder de manejar a placer los destinos de sus equipos de fútbol, imperando la violencia y sometiendo a todos a voluntad. Hoy la delincuencia a ese nivel no se ha perdido, pero algo de control se tiene.

Recientemente, se han reportado incidentes preocupantes en Cochabamba relacionados con las “barras bravas”. Por ejemplo, en el club Wilstermann, integrantes de la barra conocida como “Los Gurkas” irrumpieron en un entrenamiento y confrontaron al arquero Arnaldo Giménez, incluso llegando a agresiones físicas. Estos actos han generado tensiones significativas y han llevado a la suspensión de entrenamientos, reflejando una crisis institucional y deportiva.

La directiva del club condenó estos actos y expresó su apoyo a los jugadores, además de hacer un llamado al respeto y al diálogo pacífico. Este tipo de situaciones subraya la necesidad de medidas más estrictas para garantizar la seguridad de los jugadores, técnicos y dirigentes.

No es primera vez que “los Gurkas” actúan de esta manera; hace unos años, también amedrentaron al técnico español Miguel Ángel Portugal quien se vio obligado a dimitir a su cargo, para retornar a su país, pues la relación con estos hinchas extremos se había vuelto algo “insufrible” y hasta peligroso.

En Blooming el año 2022 también se dio una situación parecida cuando los hinchas irrumpieron a un entrenamiento y agredieron a los jugadores a golpes y “chicotazos”, amenazándolos a mejorar sus resultados; caso contrario, se tomarían otros caminos aun más escabrosos.

La intolerancia en el fútbol, especialmente en el contexto de las barras bravas, puede surgir de una combinación de factores: rivalidades históricas, frustraciones sociales, falta de educación emocional y la presión de pertenecer a un grupo. En muchos casos, estas dinámicas se intensifican por la pasión desbordada que el deporte genera. lo que sigue siendo injustificable.
Sin embargo, el fútbol también tiene el poder de unir y transformar. Quizás la clave esté en canalizar esa pasión hacia el respeto y la convivencia, promoviendo valores positivos desde las instituciones deportivas y la sociedad en general.
La violencia, en cualquier forma, no debería tener lugar alguno. La pasión por el fútbol puede y debe expresarse a través del respeto, el apoyo y el juego limpio. Ojalá más iniciativas promovieran la convivencia pacífica dentro y fuera de los estadios.

De un tiempo a esta parte las crisis económicas en los clubes de fútbol parecen agravar la violencia de las barras bravas de varias maneras. Cuando un equipo enfrenta problemas financieros, suele haber retrasos en los pagos a jugadores y empleados, lo que genera descontento y afecta el rendimiento deportivo. Si los resultados no acompañan, las barras bravas apuestan a intensificar su presión sobre los jugadores, técnicos y dirigentes, exigiendo mejoras inmediatas.

Además, en algunos casos, (a nivel internacional, no sé de Bolivia) las barras bravas tienen vínculos con la dirigencia del club y pueden verse afectadas por la falta de recursos o siguen líneas políticas. La reducción de beneficios, como entradas gratuitas o apoyo logístico, puede llevar a una reacción violenta de estos grupos. También la crisis económica puede hacer que los clubes dependan más de patrocinadores o figuras externas, lo que a veces genera conflictos de intereses y tensiones dentro de las instituciones.

¿Cómo encontrar una solución efectiva?
Para abordar la violencia de las barras bravas en los clubes de fútbol, algunas estrategias han demostrado ser efectivas en distintos países.  

En Bolivia, se han propuesto diversas estrategias para abordar la violencia de las barras bravas en el fútbol. Algunas de las soluciones incluyen:
Regulación y carnetización para los hinchas; eso permitiría un mayor control sobre los asistentes a los estadios y ayudaría a prevenir incidentes violentos.
Educación y reinserción con programas de rehabilitación para miembros de barras agresivas, incluyendo apoyo psicológico y formación en valores.
Sanciones y prohibiciones si persisten las conductas violentas, diálogo entre clubes  e hinchas para ayudar a reducir la tensión y promover un ambiente de respeto en el fútbol.

  ¿Reforzar con más seguridad policial?
El uso de una fuerza policial más agresiva para controlar la violencia en el fútbol es un tema controversial. En algunos países se ha intentado reforzar la presencia policial y endurecer las medidas de seguridad, pero esto ha generado críticas debido a los riesgos de abuso de autoridad y represión excesiva.

En Argentina, por ejemplo, en lugar de reducir la violencia, en algunos casos se han exacerbado los conflictos entre hinchas y fuerzas de seguridad. Además, algunos estudios sugieren que la Policía no solo actúa como un ente regulador, sino que también negocia con las barras bravas para mantener cierto orden en los estadios.

Una alternativa podría ser mejorar la capacitación de los cuerpos policiales en gestión de multitudes y resolución pacífica de conflictos, además de implementar estrategias de prevención que involucren a los clubes y a los propios hinchas.

Reflexión
El fútbol, más que un juego, es un reflejo de nuestra sociedad: sus pasiones, sus conflictos y sus desafíos. 
Sin embargo, el fútbol también tiene el poder de unir, de transformar, de generar identidad sin recurrir a la agresión. El desafío está en recuperar su esencia, en que las instituciones, los hinchas y las autoridades trabajen juntos para garantizar que el fútbol sea un espacio seguro, apasionado y libre de violencia. Porque, al final, el verdadero triunfo no está solo en el marcador, sino en la capacidad de convivir en paz dentro y fuera del estadio.

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