2025-05-06

Ley Pensante

La verdad secuestrada: elecciones en tiempos de simulacro

Pensar es resistir. Y escribir con libertad, en tiempos como estos, es un acto profundamente político.

“En tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario”, escribió George Orwell. Hoy, en Bolivia, esta frase no es literatura: es política. Con las elecciones generales del 2025 en el horizonte, el país no solo enfrenta un nuevo ciclo electoral, sino un escenario donde el lenguaje ha dejado de ser puente para convertirse en trampa. La política boliviana ha perfeccionado el arte de simular debate mientras disfraza ambiciones personales de causas colectivas.

El Movimiento al Socialismo (MAS), alguna vez una maquinaria electoral casi invencible, atraviesa su mayor crisis interna. El Tribunal Constitucional Plurinacional inhabilitó a Evo Morales como candidato presidencial, aplicando el principio de alternancia, tras haber ejercido tres mandatos consecutivos. Lejos de aceptar la resolución, Morales respondió con la creación de un nuevo instrumento político —“Evo Pueblo”— desafiando tanto al presidente Luis Arce como al fallo del TCP. Lejos de disolverse, su figura busca volver al centro del tablero político, incluso sin sigla oficial.

Mientras tanto, el presidente Luis Arce intenta navegar entre la herencia del evismo, la presión interna y una economía golpeada por la escasez de dólares y combustibles. Su discurso de unidad se ve opacado por la polarización que lo enfrenta con su antiguo mentor. La popularidad de su gobierno ha caído, y los conflictos sociales vuelven a aparecer en el mapa nacional. Lejos de proyectar estabilidad, el oficialismo transmite la imagen de un gigante con pies de barro.

La oposición, en lugar de fortalecerse con la división del MAS, continúa atrapada en su eterna dispersión. Carlos Mesa, Samuel Doria Medina, Luis Fernando Camacho y otros líderes opositores parecen más preocupados en consolidar sus microespacios de poder que en articular un frente común. Las ideas de país ceden ante las estrategias de corto plazo. No hay proyecto nacional, solo candidaturas individuales que juegan al ajedrez sin pueblo.

En medio de esta tormenta, el lenguaje político se ha degradado hasta volverse herramienta de manipulación. Las redes sociales, saturadas de eslóganes, memes y desinformación, reemplazan el análisis por el chisme digital. La ciudadanía, sobreestimulada y desinformada, ya no discute ideas: replica narrativas prefabricadas. Todo está diseñado para emocionar, no para pensar.

¿Dónde está el pensamiento crítico? ¿Dónde quedó la política como servicio público? Las campañas ya no apelan a la razón, sino al resentimiento. La mentira ha aprendido a vestirse de esperanza y la demagogia de “proceso de cambio”. La tragedia es que muchas veces no lo notamos. Y cuando lo hacemos, ya estamos otra vez frente a la urna, con la resignación de quien escoge entre lo malo conocido y lo peor que se repite.

Por eso nace Ley Pensante: no para elegir por ti, sino para pensar contigo. No para gritar más fuerte, sino para decir mejor. En un país donde el homicidio puede volverse respetable —en la impunidad, en el olvido, en la manipulación—, la palabra debe recuperar su dignidad. Y eso implica incomodar.

Pensar es resistir. Y escribir con libertad, en tiempos como estos, es un acto profundamente político. Que el 2025 no nos encuentre mudos. Que nos encuentre despiertos, humanos y decididos a no votar por el olvido.

*La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

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