2025-05-14

Entrevista

Víctor Hugo Civarelli: “Me hablan de La Paz y me pongo a lagrimear”

El exarquero fue campeón con Bolívar y dejó su huella en el club. “Era muy difícil ganarnos, nosotros íbamos a vencer en todas las canchas; no van a aparecer nunca más equipos como estos”, recordó Civarelli.

Víctor Hugo Civarelli, el arquero que tuvo Bolívar en la década de los años 80, vive actualmente en Rosario, Argentina. Desde su domicilio atendió el requerimiento de Sports 360 para recordar aquel “tremendo” equipo que tenía la Academia. “Nos decían la máquina, había grandes jugadores, lo que nos obligaba a ganar en todas las canchas”, menciona.

Se acuerda de todo, de sus compañeros como el “Zurdo” López, Ferrufino, Borja, Salinas o el “Koky” Hirano. No se olvida de Sopocachi, el barrio donde vivió en La Paz y de todos sus vecinos con los que compartió tantas jornadas en la previas de los partidos que jugaba.

¿Qué ha sido de su vida, Víctor Hugo?

Primero que nada, quiero decirles que yo tengo los recuerdos más lindos de Bolivia, mayormente de La Paz, por mi paso que tuve en el club Bolívar; tengo un hijo que ya tiene 37 años y es boliviano.

Luego de que me fui de Bolívar  arranqué en Paladini, acá en Rosario, en el equipo de la fábrica de los embutidos; luego me fui a Newell‘s Old Boys  y después pasé a Boca Juniors, pasé 17 años en Boca trabajando muy bien.  Lo que pasa es que hubo una suciedad que no es necesario volver atrás. Se portaron muy mal. Pero, bueno, ya pasó y del Bolívar tengo los mejores recuerdos.

Usted llega en 1987 al equipo de Jorge Habegger y salen campeones, ¿lo recuerda?

Sí me acuerdo de todo. Tengo los recuerdos bien claritos. A Bolivia me llevó el profe Habegger, me vinieron a buscar acá a Buenos Aires  y Bolívar tenía grandes dirigentes como don Lothar Kerscher que fue un fenómeno. ¿Cómo está  Lothar, que lo veo en Facebook?, pero antes me escribía con él, ahora no me escribo tanto y también estaban don Mario Mercado, Guido Loayza; es decir, pasé dos años muy lindos en el Bolívar, muy lindos.

¿Aquel equipo que integró le decían la máquina celeste?

Es que estaba conformado por grandes jugadores como Carlitos López (+), Fernando Salinas, el  “Koky” Hirano; más atrás estaban el “Chino” Arias, Ferrufino y en el medio campo Carlos Borja, Vladimir Soria y no me quiero olvidar de Jesús Reynaldo, tremendo goleador. Unos jugadores bárbaros,  la verdad que, aparte, muy buenas personas.

De aquel grupo, con la última persona que hablé fue con el flaco Ferrufino, que luego lo agarra la pandemia y muere el flaco.

¿Era muy difícil ganarle a ese Bolívar?

Sí, perdimos muy pocos partidos, tanto en casa como afuera, era muy difícil ganarle a Bolívar. Nosotros íbamos a ganar a todas las canchas, nunca especulábamos, porque la historia del club te exigía tener un nivel alto y teníamos jugadores para hacerlo.

Hay lindos recuerdos, pero quiero recordarle esa noche que a usted se le escapa un balón que le patea un jugador de Real Santa Cruz en el Siles, jornada de campeonato para Bolívar. ¿Quiere contarnos qué pasó?

Esa jugada es inolvidable, ese día la pelota me pica adelante, la quiero agarrar y me rebota, la traigo y yo solo me la metí. Pasaron como 10 minutos y terminamos ganando el partido (2-1). ¿Qué figura había sido el arquero de Real? (Pedro Higa). Me acuerdo que estaban 15 días sin practicar  y don Mario Mercado dijo, no, los partidos de los campeonatos se ganan en la cancha y, ese día salimos campeones, pero me sentía muy mal. Me había agarrado una bronca por ese gol que yo me metí. Lo tengo muy clarito; no es grato, pero es bueno recordarlo.

Bolívar campeón 1987 con varias figuras y el golero argentino en su onceno. Foto: CJM

 

Víctor Hugo, ¿se facilitaban mucho las cosas, jugar al lado del “Zurdo” López y de un goleador como Salinas?

Claro que sí, lo que pasa es que Carlitos López era un fenómeno, era un tiempista; él hacía la pausa en la mitad de la cancha y los demás eran los aviones como Salinas y Hirano que eran imparables. Luego de Carlos López llegó a Bolívar el “Diablo” Etcheverry (1990), verlo jugar a él era maravilloso. “Pichicho” Borja  en la mitad de la cancha, eran tremendos cómo se corría en ese equipo y cómo se jugaba.

Yo he hablado con mucha gente y digo, no van a aparecer nunca más equipos como estos, porque tampoco aparecen jugadores como ellos.  El fútbol es muy raro, cada tanto aparece uno. Fíjate, Argentina exporta jugadores, pero luego se tarda en que se recuperen esos jugadores.

Siempre me quedó la duda, usted salió campeón un par de veces con Bolívar,  pero nunca jugaba la Copa Libertadores, ¿por qué?

Porque como el pase no era mío, lo manejaba un empresario que se quedó con mi pase desde que yo salí de Colombia, porque se lo dio el dueño que me había comprado allá en Colombia y era muy difícil mantenerse. El último año, sí, yo me quise volver, porque realmente extrañaba. Habegger me quería nacionalizar y yo lo podía hacer fácilmente por mi hijo boliviano y, bueno, me quise volver ya que  me llamaron de Colón de Santa Fe; me trajeron de vuelta acá y ya me entusiasmé otra vez. Yo te diría hoy que fue un error de parte mía volverme.

Pocos saben que su persona volvió a La Paz en el cuerpo técnico de Boca (2004). ¿Cómo encontró a la ciudad, qué sensaciones tuvo?

Y fue muy lindo porque me la pasé saludando. Nosotros fuimos con el médico de la institución, a preparar algunas cosas y le dije ven conmigo que yo conozco a todo el mundo. Así que, bueno, me la pasé saludando todo el día y agradecido con toda esa gente linda. Terminé comiendo en la casa de Luis Liendo.

¿Y qué es lo que se acuerda de La Paz, Víctor Hugo?

En cuanto me preguntas se me llenan los ojos de lágrimas. El primer barrio donde viví en Sopocachi fue tremendo, qué lindo que era. Mis vecinos; la gente; el mercado; Doña Ema, que tenía el bar en un almacén ahí abajo. Mi hijo Jonathan fue a Bolivia y se encargó de saludar a toda la gente que yo conocía y que se llevaron una sorpresa porque lo veían tan grande y él era bebé cuando iba a todas las casas en Sopocachi.

¿Ha seguido al Bolívar a lo largo de los últimos años?

Uno conociendo cómo es la altura sabe que allá (La Paz) dan trabajo, pero no lo he visto al nivel de siempre. Alguna que otra vez lo observé, pero cuando venían al llano era bravo por un montón de razones. Lo que pasa es que hay que tratar de mentalizarlo al jugador. La altura y el llano afectan, hay que manejar los tiempos, saber cómo comportarse.

Ahora estaba mirando las canchas de la altura y hay una en El Alto (Villa Ingenio), donde juega el Always Ready y la Selección, y veo las canchas tan altas y digo, bueno, si no sacan provecho ahí, no lo sacan más.  No es que estoy en desacuerdo, pero tendría que tener una respuesta muy buena y tendrían que trabajar muchísimo más en inferiores.

 

En su época decían que la altura no ganaba sola…

Efectivamente, la altura nunca ganó sola; insisto en que hay que trabajar abajo, con chicos. Yo me acuerdo que en Bolívar había un hombre grande, Abdul Aramayo (+), él trabajaba muchísimo y nos reíamos tanto con Abdul, pero, bueno, los chulupis le decían, ¿no? eran tremendos cuando hacían las prácticas con nosotros, nos hacían pasar más de un sofocón.

Víctor Hugo, ¿lo vamos a tener algún rato acá por Bolivia, por La Paz?

Mirá, después de las desgracias que tuve, no tengo más ganas de viajar; por eso, siempre que encuentro a gente boliviana, que hablo con ellos, realmente me da una alegría bárbara y realmente siempre les digo que los extraño muchísimo. Con Miguel Rimba tengo contacto; a veces he tenido contacto con el “Diablo”, bueno, con varios, ¿no? Con Burgos (Wilmar), un arquero que está en Santa Cruz.

A través de esta nota quiero decirles a todos los bolivianos y a los paceños que realmente pasé unos años bárbaros en La Paz, que mis amigos son eternos y que siempre ese recuerdo me lo voy a llevar a la tumba. Un abrazo a todos los bolivianos.

Uno de los colectivos de la línea 2 que utilizaba Víctor Civarelli para ir a las prácticas. Foto: NSLP

 

A la práctica de Tembladerani en el colectivo de la línea 2

En el par de años que Víctor Hugo Civarelli estuvo en Bolívar, fue habitual verlo llegar en el famoso colectivo 2, que tenía su ruta desde Sopocachi hasta la cancha de Tembladerani.

En estos días los jugadores llegan a los entrenamientos en sus modernos carros, pero hubo un grupo de futbolistas que no se hacían problemas en utilizar ese transporte.

“Yo agarraba el colectivo, me iba ahí y arriba ya íbamos otros más. A veces estaba Carlitos López también Sergio Giovagnoli; íbamos varios arriba del colectivo. Nos encantaba ir en ese medio a practicar. Era lindo, era paseo, a veces íbamos en auto. Qué lindos recuerdos de Sopocachi a Tembladerani. Ahí tenía dos hijos, después vino Jonathan. Uno de mis hijos murió acá en Rosario.

¿Y qué le decían los hinchas cuando se subía al colectivo?

Se reían, no podían creer que nosotros viajábamos en colectivo. ¿Por qué no? si somos todos iguales en el mundo. A veces tenemos la posibilidad de tener un auto, pero la pasábamos bien, la gente nos miraba y se extrañaba. Yo creo que nunca habían visto gente que viajara en colectivo como nosotros lo hacíamos, que éramos jugadores de fútbol. Nada más que eso, después éramos exactamente lo mismo que ustedes.

Cada uno en este mundo estamos para cumplir y somos iguales. Vos eres boliviano, yo soy argentino, pero todos venimos a cumplir la misma meta en este mundo. Éramos una forma de ser que a la gente le gustaba, se asombraba, pero les gustaba.

 

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