2025-08-20

Ley pensante

“El MAS, ya no más”. La libertad en disputa

El futuro se definirá en octubre. Pero el 17 de agosto, Bolivia demostró que sigue siendo capaz de cambiar su destino.

El 17 de agosto quedó marcado como una fecha inédita en la historia política boliviana: por primera vez en décadas, el Movimiento al Socialismo no logró asegurar un escaño en el Senado. Lo que parecía impensable terminó ocurriendo, y la política nacional, tantas veces atrapada en el círculo de repeticiones, mostró que la alternancia aún es posible. No se trata de un desenlace definitivo, pero sí de un hito que puede abrir un nuevo horizonte.

La política boliviana ha estado dominada durante años por la lógica de la hegemonía. El MAS construyó un poder que parecía inamovible, sostenido por mayorías legislativas, redes sindicales y una maquinaria territorial disciplinada. Pero el 17 de agosto demostró que el desgaste de ese modelo es real, y que las urnas pueden romper incluso las estructuras más férreas. Amalia Pando lo resumió con una frase contundente: “vueltas te da la vida”. Esa vuelta no es menor: significa que Bolivia puede abrirse paso hacia un escenario de mayor equilibrio político.

En ese giro, la figura del capitán Lara se convirtió en símbolo inesperado. Su victoria no fue solo personal, sino representativa de una narrativa de resistencia frente al control absoluto. Su “carta secreta”, esa capacidad de generar confianza ciudadana y disputar un espacio vedado durante años, refleja que la política todavía guarda lugar para la sorpresa. Lara no encarna el final de la lucha por la libertad, pero sí una etapa en la que la ciudadanía logró quebrar una línea que parecía inquebrantable.

La importancia de lo ocurrido no reside únicamente en la caída del MAS en el Senado, sino en lo que significa para la cultura política del país. Bolivia, acostumbrada a mayorías aplastantes, empieza a ensayar el lenguaje de la pluralidad. Es un cambio lento, cargado de tensiones, pero necesario si se pretende consolidar una democracia real, donde ninguna fuerza pueda arrogarse el derecho de ser eterna.

Sin embargo, conviene no caer en triunfalismos. Lo vivido el 17 de agosto no es una victoria final, sino parcial. La verdadera definición llegará en octubre, cuando los equilibrios de poder se clarifiquen y el nuevo mapa político muestre si el país avanza hacia una democracia más sólida o si las viejas prácticas encuentran la manera de reacomodarse. Por ahora, lo que se ha conseguido es abrir una brecha en la muralla del poder absoluto, y eso ya es una ganancia colectiva.

La libertad, en Bolivia, nunca se ha concedido sin lucha. Ha sido conquistada en calles, en minas, en plazas, y ahora también en las urnas. El 17 de agosto se suma a esa genealogía de momentos en que la ciudadanía decide recordarle al poder que no es eterno. Pero la lucha continúa. La libertad no se hereda: se defiende, se cuida y se profundiza.

Hoy Bolivia avanza hacia un mañana incierto, pero distinto. El mensaje ha sido claro: la hegemonía tiene límites, y esos límites los pone el voto ciudadano. La victoria no es de un hombre, ni siquiera de una fuerza política: es de los bolivianos que, por un instante, decidieron caminar hacia la libertad.

El futuro se definirá en octubre. Pero el 17 de agosto, Bolivia demostró que sigue siendo capaz de cambiar su destino.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

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