Diplomacia
Claves para que Bolivia restablezca relaciones con Chile y Estados Unidos
La relación bilateral de Bolivia con Chile tiene el sello marítimo indiscutible, en una difícil vinculación que ha estado marcada en los últimos años, además, con la derrota en La Haya, que casi sepulta la aspiración marítima boliviana. También de las aguas del Silala.
Con Estados Unidos (EEUU), el vínculo diplomático ha estado dominado por la lucha antidrogas y el comercio, con la presencia (y luego expulsión) de la Administración para el Control de Drogas (DEA) en el país y con la suscripción de un acuerdo comercial arancelario preferencial, que se ha perdido.
Chile y Bolivia carecen de relaciones diplomáticas formales desde 1978; suspendieron el diálogo en 2010, aunque luego acordaron una “hoja de ruta” que no incluía la demanda marítima.
Con Estados Unidos, Bolivia solo mantiene una relación a nivel de encargados de negocios desde 2008, cuando el entonces gobierno de Evo Morales expulsó del país al entonces embajador estadounidense Philip Goldberg, y a la DEA, acusándolos de una supuesta conspiración.
En puertas de una nueva administración, tras 20 años de régimen del Movimiento Al Socialismo, los candidatos Rodrigo Paz y Jorge Tuto Quiroga adelantan que si son gobierno restablecerán las relaciones diplomáticas con ambos países.
Paz, candidato a la Presidencia por el Partido Demócrata Cristiano (PDC), plantea en el campo diplomático que retomará “relaciones especiales” con Chile y considera que “hay que abrir” las relaciones con Estados Unidos.
Además, Paz indicó que, aunque la salida al mar para Bolivia es un tema que está en el “espíritu” de sus ciudadanos, “hay que dejarnos de ciertas tonterías” y retomar relaciones, las que se vieron seriamente afectadas, sobre todo, tras las demandas contra Chile ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya.
Según el candidato, resulta urgente “entrar al ámbito de un fortalecimiento de relación con Chile que es real, aunque no esté en papeles diplomáticamente hablando: es real la vinculación comercial, familias enteras se van a Chile y vuelven”.
Por su parte, Tuto Quiroga indicó que “al día siguiente” de su posesión, restituirá las relaciones diplomáticas de Bolivia con Israel y Estados Unidos, aunque no con Chile. “En otras partes del mundo quiero las mejores relaciones comerciales y lo que más sirva y ayude a Bolivia”, dijo el candidato en agosto, durante un encuentro con la prensa internacional.
Con Chile, Tuto afirmó que “no restablecerá de inmediato las relaciones con Chile”, sino que negociará, hablará y discutirá con ese país, y las relaciones diplomáticas serán el final de un proceso, no el principio.
Quiroga indicó que priorizará las relaciones con los países con los que se puede iniciar o profundizar una relación comercial y aquellos con “democracias sólidas”. “Quiero las mejores relaciones comerciales y lo que más sirva y ayude a Bolivia”, adelantó.
En estas páginas, Visión 360 entrega al lector las opiniones de cinco analistas de cómo se deben encarar las relaciones con Chile y EEUU.
“Chile debe cambiar su actitud y mostrar voluntad cooperativa para hallar soluciones beneficiosas”
Por: Windsor Hernani, economista y diplomático
Con respecto a Chile, las posturas de los candidatos reflejan dos visiones opuestas. Paz plantea restablecer relaciones diplomáticas plenas de inmediato, mientras que Quiroga sostiene que primero deben generarse condiciones de diálogo, siendo el restablecimiento el final de un proceso y no su inicio.
Existe un equivocado entendimiento que la ausencia de relaciones se debe únicamente al tema marítimo. En esencia, la ruptura fue un acto de protesta frente a una diplomacia chilena que, históricamente intenta imponer solo sus intereses. Las propuestas de los actuales candidatos presidenciales chilenos evidencian que esa postura no ha cambiado.
En ese escenario, sería un error estratégico restablecer relaciones, mientras Chile no modifique su actitud y no muestre una voluntad cooperativa para encontrar soluciones beneficiosas para ambos países. Creer que el nombramiento de un embajador sea la acción necesaria y suficiente para tener relaciones fructíferas es confundir la forma con el fondo. La solución de los problemas bilaterales con Chile requiere de una política exterior de Estado, sostenida en un trabajo progresivo, constante y profesional. Lo contrario es tan ilusorio como aquella promesa demagógica de “traer el mar en el bolsillo”.
Bolivia y EEUU no intercambian embajadores desde 2008, consecuentemente corresponde su reactivación inmediata.
El contexto es adverso, la relación bilateral está deteriorada debido al discurso oficial boliviano que responsabilizó al “imperialismo” de los problemas globales y el alineamiento a países sancionados como Irán, Cuba, Venezuela y Nicaragua. Los informes del Departamento de Estado señalan además preocupaciones concretas como: el debilitamiento del Estado de Derecho, el menoscabo de los derechos humanos; y principalmente el aumento de la producción de hoja de coca y cocaína. Una primera acción es revertir inmediatamente esta imagen perjudicial, adoptando los correctivos internos.
Bolivia debe dar un paso pragmático designando un embajador con un perfil técnico, con énfasis en la diplomacia económica, esperar una designación recíproca; y construir una agenda de intereses compartidos que priorice los temas económicos. En un escenario de crisis económica, las relaciones con EEUU al más alto nivel son claves para acceder a mecanismos de apoyo financiero y renegociación de deuda con el FMI, el BID y la CAF, porque la influencia de Washington es decisiva.
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“El país debe recuperar el diálogo político y diplomático y reposicionar su rol”
Por: Gustavo Aliaga, diplomático y analista
os principios rectores de la política exterior boliviana, basados en la Constitución y la Ley del Servicio Exterior, establecen el respeto a la soberanía y el no-intervencionismo, la promoción de la paz y el multilateralismo, el compromiso con los derechos humanos y la democracia, la integración regional, y la defensa de los intereses nacionales vinculados al desarrollo económico y social, como las inversiones, el comercio, y la protección de los bolivianos en el exterior.
Las dos décadas de los gobiernos del MAS se caracterizan por la subordinación de los intereses permanentes de largo plazo del Estado boliviano a objetivos y alianzas ideológicas con regímenes autoritarios. Esta política exterior boliviana prescindió de una estructura institucional y de una diplomacia de carrera profesional y se llevó a cabo a través de operadores políticos de estos gobiernos.
Reposicionar el papel que le corresponde a Bolivia en la región, mediante una política exterior independiente, autónoma, democrática y plural, respetuosa del derecho internacional, para que, de manera pragmática, diversificada y siguiendo el interés nacional, el país pueda recuperar su capacidad de diálogo político y diplomático en torno a los valores universales de una agenda común en el concierto internacional de las naciones.
Evaluar las relaciones exteriores en términos de intereses económicos y de seguridad de Bolivia con todos los países. Priorizar alianzas que se alineen con valores democráticos, derechos humanos y mercados libres. Recuperar los lazos bilaterales con las democracias occidentales de la región, con Estados Unidos, la Unión Europea, Japón, Canadá y otras naciones con valores compartidos.
Reafirmar el rol geopolítico de Bolivia mediante una política de cooperación vecinal y fronteriza, que permita resolver los problemas comunes, así como buscar revitalizar los mecanismos de cooperación, diálogo bilateral y amistad con los países vecinos, que será una prioridad. Es en esta zona geográfica donde se desarrollarán los procesos que guiarán las relaciones exteriores de las próximas décadas de Bolivia.
Con Chile se debe:
1.-Reanudar relaciones diplomáticas (art. 267 CPE. Sentencia CIJ).
2.-Establecimiento de la Comisión Binacional de Recursos hídricos trans fronterizos.
3.- Reactivación de Mecanismos Bilaterales.
4.- Medidas de Fomento a la Confianza.
5.- Comités de Frontera.
6.- Incentivo de actividades paradiplomáticas.
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Bolivia-Chile, una relación crítica que debe iniciarse
Por: Álvaro Del Pozo, analista internacional
Con la manifestación de buena voluntad inicial, una vez el presidente sea electo y posesionado deberá mediante instrucciones operativizar una ruta crítica para el efecto.
Deberá nombrar un cónsul general con amplia experiencia diplomática, quien además de sus funciones consulares realizará funciones diplomáticas.
Este funcionario deberá realizar encuentros informales con el equipo responsable del área internacional del candidato ganador de las elecciones en Chile, a fin de ir conociendo la percepción de los futuros gobernantes de ese país. Se debe tomar en cuenta que, en Chile, la posesión será el 11 de marzo de 2026.
Hasta esa fecha, Bolivia ya debe tener certeza que el nuevo gobierno de Chile comparte el objetivo de restablecer las relaciones diplomáticas.
Bolivia deberá proponer un encuentro oficial a nivel de vicecancilleres para ya formalmente trasladar la intención de Bolivia, en el entendido que ya conocemos la también buena predisposición chilena. De dicho encuentro será optimo resulte una declaración conjunta que establezca el acuerdo que en un plazo no mayor a tres meses se activen los mecanismos de Consultas políticas y técnicas a fin de abordar el objetivo común.
Estos mecanismos podrían durar entre seis y 18 meses. Se debe considerar que tienen la tarea de analizar la actual agenda fáctica que existe entre ambos países. Los nuevos temas como la cogestión de las aguas del Silala y otros. Se debe concluir el proceso de negociación del cual surgirán nuevos acuerdos, actualización y fortalecimientos de los existentes y la propuesta de una nueva agenda que marque el futuro de la relación entre ambas naciones.
De concluirse la negociación diplomática satisfactoriamente se puede acordar un encuentro al más alto nivel para la firma de nuevos convenios por parte de los cancilleres y el anuncio de los mandatarios sobre el restablecimiento de las relaciones diplomáticas mediante el intercambio de embajadores.
EEUU
Con Estados Unidos, el proceso se facilita grandemente por no existir temas excesivamente sensibles como el caso chileno. Por otro lado, con el país del norte solo hablamos de subir la categoría de los representantes; actualmente están a nivel de encargados de negocios, la intención es elevarla a nivel de embajadores. Esta decisión solo podría pasar por voluntad política de ambos gobiernos.
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“Restablecer relaciones, pero con bases sólidas”
Por: Andrés Guzmán Escobari, economista y diplomático
El posible restablecimiento de las relaciones diplomáticas de Bolivia con Estados Unidos, Chile e Israel no puede asumirse como un trámite administrativo ni como un simple gesto político. La experiencia demuestra que vínculos reconstruidos sin una base firme tienden a romperse ante el primer impasse. Así ocurrió con Chile, cuando en 1975 se restablecieron las relaciones y en 1978 volvieron a romperse; o con Israel, donde tras el restablecimiento de 2020 se produjo una nueva ruptura en 2023.
Con Estados Unidos, aunque nunca se llegó a una ruptura formal, las relaciones quedaron degradadas a nivel de encargados de negocios desde 2008, tras la expulsión del embajador Philip Goldberg. Retomar un diálogo real exige negociar una hoja de ruta que incluya cooperación económica y comercial -como los beneficios de la ley ATPDEA- y aprovechar oportunidades en litio, tierras raras, textiles y turismo. Solo sobre la base de intereses compartidos podrá construirse una relación duradera.
El caso de Chile es aun más complejo. Para evitar que se repitan rupturas como las de 1962 o 1978, se requiere avanzar en proyectos concretos de integración física y económica, cooperación en seguridad y en el manejo de aguas transfronterizas, además de encarar el tema marítimo en cumplimiento al fallo de La Haya de 2018. Pero, sobre todo, es imprescindible reconciliar las narrativas históricas y las percepciones mutuas que alimentan la animosidad recurrente, tal como pudimos apreciar hace unos días con los insultos de la diputada María Luisa Cordero.
Restablecer relaciones no significa simplemente volver a abrir embajadas, sino construir vínculos sólidos e inquebrantables, basados en confianza, cooperación y en una interdependencia que haga impensable nuevas rupturas en el futuro.
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“Con Chile, prudencia y continuidad; sensatez y pragmatismo con EEUU”
Por: Javier Viscarra, diplomático y analista
Bolivia y Estados Unidos: un camino de sensatez y pragmatismo
La relación bilateral entre Bolivia y Estados Unidos es una de las más sensibles de nuestra política exterior y requiere de un camino de sensatez y pragmatismo. No basta con declarar la voluntad de “volver a tener embajadores”; se trata de sanar una herida abierta desde 2008, tras la expulsión del embajador Philip Goldberg.
Reanudar la relación al nivel de embajadores es imprescindible, pero no será de inmediato. Exigirá un proceso de construcción de confianza sobre la base del Convenio Marco de Relaciones Bilaterales de 2011.
Con un andamiaje diplomático sólido, el nuevo gobierno debe instalar mesas técnicas, activar la Comisión Conjunta y demostrar consistencia en áreas como comercio, seguridad, cooperación judicial y la lucha compartida contra el narcotráfico. No solo se trata de restablecer la normalidad diplomática, sino de abrir oportunidades económicas y tecnológicas que Bolivia necesita con urgencia.
Bolivia y Chile: prudencia y continuidad
Con Chile también es aconsejable la misma prudencia, cautela y, sobre todo, continuidad en los avances alcanzados. No es conveniente anunciar, de manera apresurada, el restablecimiento inmediato de relaciones diplomáticas. El nuevo gobierno deberá evaluar los acercamientos de los últimos meses en áreas prácticas como comercio, aduanas, recursos hídricos o tránsito fronterizo, y construir sobre esos progresos, sin descuidar el trasfondo histórico.
El tema marítimo, parte de la identidad nacional, sigue siendo un componente ineludible de la política exterior; está constitucionalizado como un derecho irrenunciable. Ello obliga a manejarlo con responsabilidad en el plano interno y cautela en el externo. Mientras tanto, entre la memoria y el pragmatismo, la cooperación no debe detenerse.