2026-02-08

La política exterior a tres meses del gobierno de Rodrigo Paz

En suma, los primeros tres meses del gobierno de Rodrigo Paz muestran señales alentadoras de corrección del rumbo diplomático.

A tres meses del inicio del gobierno de Rodrigo Paz, la política exterior boliviana comienza a mostrar señales de un giro estratégico que merece ser examinado con atención.

Con objetividad y sin caer en triunfalismos prematuros, es posible identificar un cambio de rumbo respecto a la denominada diplomacia de los pueblos, que estuvo marcada por una lógica de alineamiento político-ideológico con el llamado socialismo del siglo XXI, privilegiando alianzas y relaciones con regímenes afines.

Esta orientación no solo limitó la diversificación de socios estratégicos, sino que también erosionó la imagen país, reduciendo la credibilidad de Bolivia como un actor confiable, previsible y orientado al desarrollo.

En este contexto, el nuevo gobierno parece haber entendido que la política exterior no puede seguir siendo un instrumento de militancia ideológica ni una extensión discursiva del proyecto político interno. Por el contrario, la política exterior debe ser el conjunto de estrategias, decisiones y acciones que un Estado adopta para gestionar sus relaciones con otros países y organismos internacionales, siempre defendiendo sus intereses nacionales, su seguridad y sus valores en la escena global.

Los primeros pasos apuntan a una diplomacia orientada a la reinserción de Bolivia en el sistema internacional, con criterios de realismo político y racionalidad económica.

Uno de los elementos iniciales ha sido el esfuerzo por reconstruir la imagen país. La participación de Bolivia en foros económicos y financieros de alto nivel, como el Foro Económico Mundial de Davos y el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026, promovido por la CAF, han enviado una señal clara a la comunidad internacional. Es que Bolivia busca volver a ser un interlocutor abierto al diálogo y dispuesto a integrarse a los circuitos globales de inversión, financiamiento y cooperación.

En diplomacia, la presencia importa, siempre que sea activa, no solo para la promoción de la imagen país, sino también para la denominada diplomacia de pasillo, que consiste en la generación de nuevas relaciones y contactos en los encuentros informales fuera del evento principal. Estos espacios cumplen una función simbólica y práctica fundamental para revertir años de aislamiento autoimpuesto.

En el plano bilateral, resulta particularmente relevante la reconstrucción de relaciones con actores clave de la política internacional. Reponer el vínculo con los Estados Unidos, primera potencia mundial, marca el quiebre de una relación históricamente deteriorada por prejuicios ideológicos y discursos confrontacionales. Sin desconocer las asimetrías existentes, una relación madura con Washington resulta provechosa para Bolivia, no solo por razones políticas, sino también por su impacto en comercio, cooperación, lucha contra economías ilícitas y acceso a mercados.

A nivel regional, el acercamiento con Brasil, principal potencia económica de Sudamérica, constituye otro acierto. Bolivia no puede darse el lujo de mantener relaciones frías o meramente retóricas con su vecino más influyente. La articulación con Brasil es clave para la integración energética, la infraestructura regional, el comercio y la estabilidad política sudamericana.

En el ámbito económico-financiero, la concreción de acuerdos de cooperación con organismos internacionales, como el BID y la CAF, evidencia un retorno a una diplomacia económica. Más allá de prejuicios ideológicos, estos organismos siguen siendo actores centrales para el financiamiento del desarrollo y la estabilidad macroeconómica.

En el campo de los procesos de integración regional, la manifestación expresa asumida durante la LXVII Cumbre del Mercosur, en el sentido de que Bolivia concretará su incorporación como miembro pleno, representa una señal de inserción en un esquema de integración comercial que, si es estratégica e inteligentemente manejada, puede ofrecer oportunidades reales para el país.

Por último, la diplomacia del nuevo gobierno está empeñada en la atracción de inversión extranjera directa, propósito que, sin duda, resulta necesario en el contexto económico de estanflación que actualmente padece el país. Sin embargo, para ello urge levantar los candados constitucionales que establecen la prioridad de la inversión boliviana frente a la inversión extranjera, así como la disposición que somete a esta última exclusivamente a la jurisdicción, leyes y autoridades bolivianas.

En suma, los primeros tres meses del gobierno de Rodrigo Paz muestran señales alentadoras de corrección del rumbo diplomático. El desafío ahora es transformar estos gestos iniciales en una política exterior coherente, institucionalizada y de largo plazo. Solo así Bolivia dejará atrás la diplomacia simbólica y plañidera, para construir una inserción internacional que responda verdaderamente a los intereses nacionales.

*La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360
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