2026-03-02

Cómo recomponer nuestra política exterior

Después de veinte años de una ineptitud galopante, es hora de que nuestra política exterior se ponga los pantalones largos.

Según un proverbio africano “cuando los elefantes pelean, los escarabajos deben hacerse a un lado.” La tribu de los Kikuyu añade que en esas pugnas el pasto es el que más sufre.

El Presidente Donald Trump quiere que los escarabajos nos unamos a su lucha y seamos pasto de sus peleas. Ha publicado un manifiesto que nos conmina a aceptar el dominio y supervisión de los Estados Unidos. Declara sin tapujos que otras potencias deben retirarse de la región.

Este es el nuevo escenario en el cual nuestros diplomáticos tienen que diseñar y ejecutar una política que nos permita obtener las ventajas y evitar las desventajas de la pelea de elefantes.

Nuestra ubicación geográfica también tiene ventajas y desventajas. Somos un país andino, amazónico y chaqueño. Pertenecemos a las cuencas del Río de la Plata, del Amazonas y del Altiplano. No tenemos puertos de mar frente al Asia ni frente a Europa.

El principio rector de nuestra política exterior debería ser una sagaz maximización de nuestras ventajas unida a una astuta minimización de las desventajas. La correcta aplicación de este principio depende de una evaluación del actual contexto externo.

Las dos potencias más fuertes de este tiempo son los Estados Unidos y la China. El mejor ejemplo de cómo se enfrenta esta bipolaridad nos lo ha dado el Primer Ministro de Canadá, Mark Carney.

Carney es el único extranjero que por años sirvió como Gobernador del Banco de Inglaterra. Antes de ese extraordinario nombramiento ocupó el cargo de Gobernador del Banco de Canadá. No es ningún improvisado en temas de comercio internacional.

Trump ha incrementado de una manera arbitraria los aranceles a las importaciones canadienses. Repite que convertirá al Canadá en un estado de su país. Todo esto a pesar de que Estados Unidos tiene una de las fronteras más largas y más amistosas del mundo con su vecino del norte.

La integración económica, social y cultural del Canadá con Estados Unidos ha sido total. Canadá exporta petróleo, gas, madera y componentes de vehículos a los Estados Unidos, que es su principal mercado. Ha peleado en las grandes guerras junto a los Estados Unidos.

Con gran aplomo y la mayor discreción, Carney está desarrollando mercados alternativos para los productos canadienses, tanto en Europa como en el Asia. En el foro de Davos propuso que las potencias menores busquen su propio camino. La respuesta de Trump fue subirle los aranceles.

La idea que tiene Carney de lo que son potencias intermedias incluye a Inglaterra, Francia, Alemania y los países más grandes de Europa. Tal vez un día se fije en Brasil, Argentina o Méjico como posibles socios. No podemos esperar que busque aliados entre los países menores de América Latina.

Es a nuestros diplomáticos que les toca contactarnos con el impulso de Carney. Llegó el momento de formar un bloque diplomático latinoamericano, que incluya a nuestros países más grandes, sin excluir a los más pequeños. Unidos podemos conseguir que Carney nos tome en serio.

La historia no se repite, pero abunda en ecos. El siglo pasado hubo una larga etapa de Guerra Fría, desde el final de la Segunda Guerra Mundial en 1946 hasta la disolución de la Unión Soviética a fines de 1991. Muchos países se vieron obligados a aliarse con el bloque capitalista o con el socialista.

Un grupo de países de menor envergadura desarrolló una política independiente. Se organizaron bajo la bandera de los No Alineados. Los logros y fracasos de este tercer bloque no son el tema de este artículo. Se los puede revisar en la literatura que los cubre.

En la actualidad la ideología ya no domina las pugnas entre los dos grandes bloques de poder. Lo que se disputan son mercados, materias primas, tecnologías de punta, áreas de influencia. En medio de esta lucha de titanes nos toca organizarnos para proteger nuestros propios intereses.

Se dice con frecuencia que no contamos con diplomáticos de peso como los que tienen el Perú, Chile y el Brasil. No es que no los tengamos. Abundan entendidos capaces de traer diferentes experiencias y puntos de vista diversos al problema de recomponer nuestra política exterior.

Me vienen a la mente nombres como los de Jaime Aparicio Otero, Karen Longaric Rodríguez, Víctor Rico Frontaura, Eduardo Rodríguez Veltzé, Andrés Guzmán Escobari, Ana María Solares, Ronald MacLean Abaroa, Eduardo A. Gamarra, Javier Murillo de la Rocha, Gustavo Fernández Saavedra, Carlos Antonio Carrasco y otros que la memoria me impide precisar en este momento.

Algunos han apoyado gobiernos conservadores. Otros han formado parte de gobiernos populistas. Los mayores son una fuente inestimable de experiencia y los jóvenes de vigor intelectual. Dos son catedráticos de alto vuelo en importantes universidades de Francia y Estados Unidos.

Es muy probable que por sus descollantes actuaciones algunos encuentren resistencias de uno u otro sector. Lo que no está en duda es su capacidad en el manejo de las relaciones internacionales. Todos pueden ser destacados asesores en política internacional, ni qué decir embajadores.

Conclusiones

Es prioritario consolidar la excelente relación que el Presidente Rodrigo Paz ha establecido con los Estados Unidos. Ha hecho muy bien en aceptar la invitación del Presidente Trump a reunirse el 7 de marzo con los que Trump presume serán sus leales seguidores y colaboradores.

Urge designar a nuestro embajador en Washington. Enfrentará la ardua tarea de minimizar las reacciones amenazantes que vendrán de Trump si percibe que asumimos una postura que no sea total y absolutamente dócil a sus mandatos.

El Canadá puede ayudarnos a formar un bloque de defensa de los más chicos. Nos conviene enviar un embajador que conozca ese país y sea capaz de relacionarse con el entorno primer mundista de Carney.

En lo que concierne a nuestra vecindad, tiene sentido que el Presidente Rodrigo Paz asista a la toma de posesión del nuevo Presidente de Chile. Le ofrecerán el intercambio de embajadores sin pedir nada a cambio. Debe estar preparado para enfrentar las tácticas chilenas que se exponen en el artículo “Nuestra relación con Chile debe ser liberada de complejos.”

Estamos ingresando a un momento de crecientes riesgos a nivel mundial y regional. Algunos piensan que otra guerra global se nos viene encima. Si no tenemos un equipo capaz de enfrentar este complicado contexto, será difícil reponer a Bolivia en el mundo y traer el mundo de vuelta a Bolivia.

Es imprescindible la formación de un CONSEJO DE RELACIONES INTERNACIONALES, compuesto por una selección de nuestros más destacados expertos. Después de veinte años de una ineptitud galopante, es hora de que nuestra política exterior se ponga los pantalones largos.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

Temas de esta nota
Te puede interesar