Historias
Jairzinho, "el huracán" que propulsó a Brasil a la final de 1970
FIFA
La selección brasileña acudía al partido con Uruguay en la Copa del Mundo de 1970 presa de un ansia irrefrenable de desquite, todavía dolida por lo ocurrido en su único enfrentamiento anterior con los charrúas en la Copa Mundial de la FIFA en 1950. Sin embargo, tenía ante sí un reto considerable, como había advertido Pelé, quien dijo que "es un rival potentísimo".
El combinado charrúa, dirigido por Juan Eduardo Hohberg, había mantenido su puerta a cero en nueve de sus trece últimos compromisos, en gran medida merced a su arquero, el inmenso Ladislao Mazurkiewicz, y en sus filas estaba también un astro de la talla de Luis Cubilla. Por si fuese poco, sus jugadores se compenetraban a la perfección, ya que diez de los once titulares militaban en los dos grandes de Montevideo, Nacional y Peñarol.
Aun así, Brasil tenía motivos para el optimismo: era semifinalista con un balance de doce goles en cuatro partidos y en la fase de grupos había superado a Inglaterra y a su excepcional guardameta, Gordon Banks, en uno de los choques más apasionantes de la historia del certamen.
Además, aunque Zagallo había sido objeto de burlas por su empeño en confeccionar un equipo con cinco centrocampistas ofensivos —Gérson, Jairzinho, Rivellino, Pelé y Tostão—, la actuación de estos en México le estaba dando la razón, contra toda lógica posicional. Jairzinho, jugador del Botafogo de 25 años, se estaba mostrando especialmente intratable, al perforar las metas contrarias en todos los partidos, con un juego que le valió el apodo de "el huracán".
El partido
El recital de Jairzinho comenzó muy pronto y descolocó por completo a los uruguayos, que no acertaban a frenarlo. A pesar de todo, fueron estos quienes se adelantaron, por mediación de Cubilla. Clodoaldo igualó el marcador al filo del descanso, aprovechando un magnífico balón a la espalda que le puso Tostão.
Al regreso de los vestuarios, el Huracán alcanzó la categoría 5 y causó estragos en las filas uruguayas, exhibiendo una combinación espectacular de velocidad e ímpetu. Después de habilitar a Pelé con una acción exquisita, el propio Jairzinho adelantó a Brasil. Inició la jugada con una internada desde su propio campo y, tras llegar en un alarde de potencia a un pase entre líneas de Tostão, envió el adidas Telstar al fondo de las mallas mediante un tiro raso ajustado al palo.
Rivellino certificaría el 3-1 definitivo de un potente zurdazo en los instantes finales, pero la figura incuestionable de este duelo fue el Huracán Jair, una verdadera fuerza de la naturaleza.