Bolivia a las regiones y las regiones a Bolivia
En un salón de la escuela de mi natal Quechisla, centro minero ubicado en la región de Los Chichas, departamento de Potosí, un gigantesco mapa de Bolivia tenía incorporado un punto y letras de molde cuidadosamente escritas con tinta china. Con el paso del tiempo, el negro de la tinta se fue tornando plomizo. Eso no importaba tanto como que el pueblo, con su historia, su identidad y su importancia económica, había sido incorporado, por cuenta propia, en un mapa que lo ignoraba.
Ese es el destino de Bolivia, cuya arquitectura tri-segmentada nacional, regional y municipal, requiere como estructura y como identidad la inclusión de sus regiones en el mapa económico, social, cultural y de las decisiones de políticas con la letra de las propias regiones. Este fenómeno, de larga data como reivindicación autonómica de las regiones y puesta nuevamente en el tapete con la propuesta gubernamental del 50/50, cobra vitalidad con las elecciones subregionales, que dejan como obligatoria e innegociable prioridad de las gobernaciones y municipios la definición de estrategias que hagan realidad la descentralización, el pacto fiscal, la coparticipación y, en suma, la inclusión de las regiones en su mayor desarrollo con la inyección de nuevos recursos, relacionamientos y articulaciones que tejan país desde sus territorios.
De la fragmentación y la dispersión a los acuerdos
No será tarea fácil, en un país polarizado y fragmentado en sus estructuras decisorias de las políticas regionales y locales, así como en sus culturas territoriales y las relaciones étnicas. El proceso electoral subnacional deja inocultables evidencias sobre lo afirmado. Una de ellas es la elevada fragmentación, que ha llevado a que municipios importantes tengan hasta 18 o 19 fuerzas en disputa. Algunas representaciones políticas, las menos, son partidos, otras son organizaciones ciudadanas emergentes mayoritariamente regionales y muchos centrados en personas más que en organizaciones. Es ilustrativo recordar que cuando el presidente del Tribunal Electoral presentó el primer anticipo de votación por siglas de las organizaciones sin sus candidatos, rostros de sorpresa visibilizaron el poco conocimiento o el desconocimiento sobre las mismas.
Como se puede suponer, esta elevada fragmentación tuvo su correlato en la gran mayoría de regiones con una altísima dispersión del voto, al punto que hay municipios en los que los ganadores no alcanzan el 20%, y gobernaciones en las que algunas segundas fórmulas pasan a segunda vuelta con el 8% del electorado. Se estima que el Concejo Municipal de La Paz tendrá representación de 7 organizaciones y El Alto de 8. Por supuesto que, en estas condiciones, ninguna alternativa autonómica encontrará caminos expeditos para sostenerse sobre la base de regiones supra-atomizadas.
De esta manera, del mismo modo que la gran mayoría de gobiernos regionales y municipales están obligados a lograr acuerdos con asambleístas o concejales de las otras fuerzas para garantizar gobernabilidad en situaciones inestables, volátiles y frágiles, el país debe redefinir el protagonismo de municipios de cinco mil o menos habitantes como depositarios de fondos con cifras repartidoras que no les permitirán inversiones significativas para el desarrollo. La recomposición de las regiones, las políticas intermunicipales, las mancomunidades y la metropolización de las urbes principales, son requisitos para diseñar planes de desarrollo significativos, inversiones y regímenes tributarios propios.
Una situación que es necesario tomar en cuenta con la referencia de las elecciones subnacionales y que ya se produjo en las elecciones nacionales de noviembre pasado, es la numerosa cantidad de votos blancos y nulos, que en términos electorales reflejan insatisfacción con la oferta existente y, en términos de gestión podría implicar la existencia de un núcleo de resistencias a las iniciativas de políticas regionales y locales. Su inclusión será sin duda un objetivo clave, y decisivo, en las votaciones de la segunda vuelta de las gobernaciones y en la gestión de los poderes locales y regionales.
Con la implementación del 50/50, también el gobierno nacional va a necesitar pactos y acuerdos que le permitan trabajar en estrecha coordinación con gobernaciones y municipios de todos los signos, sin exclusiones, en el sentido manifestado por el Presidente Paz Pereira, trabajando con quien gane, sin exclusiones ni preferencias. Este requisito resulta más importante en la realidad previsible que el desarrollo será dinamizado por acuerdos y acciones combinadas de nivel local, regional y nacional.
Lo dicho hasta ahora es una clara demostración de que el proceso de autonomías, de urgente e impostergable realización, necesita diseñarse como un tejido que vincule y que integre todas las partes, todas las diversidades, en objetivos locales y regionales primero y, desde allí, en horizontes nacionales comunes con apertura al mundo. Las autonomías son un proceso combinado de descentralización municipal y regional y de articulación regional y nacional. Es un proceso de construcción territorial del desarrollo y no ya la ejecución local de políticas pensadas nacionalmente, salvo que se medien por acuerdos locales y regionales. Por ello es imperativo pensar en políticas nacionales-regionales-locales. Al final de cuentas, la democracia, en todas sus dimensiones, se construye con participación ciudadana.
Entonces, la descentralización no deberá reducirse a la entrega de recursos a título de desarrollo regional, con mayor energía debe contemplar la misión de crear capacidades locales para el diseño, gestión y manejo de inversiones con planes de desarrollo que garanticen el bien común en acciones con total transparencia. Las regiones tienen que contar con la tinta china para dibujarse en los mapas del desarrollo con sus trazos, sus letras y sus identidades. En este diseño el factor que motoriza su dinamismo es el diálogo, la escucha, el entendimiento y los acuerdos con una lógica en la que Bolivia se abre a las regiones y las regiones fortalecen Bolivia.
Es necesario un cambio de rumbo
Otro elemento ocurrido en las elecciones subnacionales y que es necesario contemplar para el desarrollo del país en sus regiones y con sus regiones, es la evidencia de que se vive un cambio de ciclo político. Lo vivido ha sido un proceso imperfecto que contiene factores que deben corregirse, como por ejemplo el escaso protagonismo de los partidos y de la forma militante, programática, con ideologías y visiones estructurales que en teoría tienen los partidos.
Una relación que el cambio de ciclo político pone en evidencia, es la aparente ruptura del clivaje MASismo versus AntiMASismo, tanto porque el MAS no participa en estas elecciones con sigla propia, cuanto porque dejó de ser el partido gobernante y el resto dejaron de ser las oposiciones. El clivaje en condiciones de alta dispersión y atomización, si no se alcanzan acuerdos pragmáticos urgentes, terminará tejiendo una relación de uno contra todos y de todos contra todos.
La renovación nacional es escasa, la innovación es mayoritariamente de conveniencia regional y local, lo que podría implicar que los acuerdos más que programáticos y formalizados con organizaciones políticas, se realicen directamente, de modo personalizado con líderes que alcanzaron gobernaciones, asambleas regionales, alcaldes o concejales municipales. En las nuevas presencias a nivel nacional queda por saberse todavía si conseguirán identidad propia con el impulso de sus conquistas de espacios de poderes locales o regionales, como es el caso de Nueva Generación Patriótica – NGP e Innovación Humana, cuyo posicionamiento se busca conseguir por distanciamiento de lo que llaman la vieja política. También Alianza Patria podría estarse dotando de estructura política en base a su presencia ganadora en algunos municipios y gobernaciones, pese a que sus aliados como el Partido Demócrata Cristiano – PDC, Unidad Nacional por regiones y el Vicepresidente Lara van con fórmulas propias por su cuenta.
Algunos partidos como Libre, Movimiento Tercer Sistema y Súmate logran triunfos en algunos municipios o gobernaciones y encuentran en esta situación la posibilidad de fortalecerse. Lo mismo el Bloque Popular, que podría reestructurarse a partir de la aparente disolución o fragmentación del MAS que tras la prohibición a participar con su sigla, en un ampliado decide que su militancia busque su inserción en diferentes fuerzas políticas para ocupar espacios de poder tanto a nivel departamental como especialmente municipal, con el propósito de rearticular proyecto desde esta diáspora.
Decíamos que el cambio de ciclo político se asienta en la ruptura aparente del clivaje MASismo versus AntiMASismo, porque esta relación está todavía introyectada en algunas mentes que aspiran a sus posicionamientos y proyecciones basando sus reflexiones en la desacreditación del Movimiento al Socialismo. Un claro ejemplo es la convocatoria del ahora ex alcalde de La Paz para conformar un frente antiMASista de resistencia a la gestión del recién electo alcalde César Dockweiler. Otra expresión, por demás contraproducente, ha sido la estrategia de desacreditación de algunas candidaturas relacionándolas con el MAS, apoyados en la crisis al final de su mandato. Sin embargo la realidad funcionó a la inversa, como en el municipio de La Paz y la gobernación de Cochabamba, donde los afiliados y simpatizantes del MAS cerraron filas en torno a estos liderazgos, otorgándoles claras victorias frente al voto fragmentado de las oposiciones en múltiples posibilidades.
En el plano regional el cambio de ciclo político ocurre por ejemplo con el resultado del candidato a gobernador por Santa Cruz, Fernando Camacho, hasta hace poco líder regional incuestionable, que en esta elección no alcanzó los votos suficientes para pasar a segunda vuelta, quedando relegado al tercer lugar. En la mayoría de gobernaciones se producirán cambios de dirección política.
La apertura a las regiones debe contemplar entonces las diferentes manifestaciones de lo que se podría llamar un orden político nacional-regional-local. Se necesita un cambio de rumbo. Si en los últimos años la dirección de la integración nacional se asentó en la fragmentación por reconocimiento de lo local según identidades diferenciadas, lo que llevó a un cuadro municipal de retazos y desvinculaciones, y por otra parte en el nivel nacional predominó el cetralismo, el desafío ahora, en el plano espiritual y material, real y simbólico, es tejer desde las partes, uniéndolas donde sea necesario y posible, vinculándolas siempre y articulándolas en composiciones intermunicipales e interdepartamentales.
Estrategias transmediales de acción comunicativa
Un último punto que se debe abordar, y que tiene su asidero en las experiencias de las campañas políticas en las elecciones subregionales, es la necesidad de trabajar estrategias comunicacionales desde los sentipensamientos y ya no más exclusivamente desde las emociones, porque la realidad ha demostrado que estamos viviendo un proceso de transición desde la individualización de la vida por las formas de acceso a las nuevas tecnologías de información, desde el tiempo del aislamiento y de la soledad característicos de la pandemia, desde los momentos intimistas de encuentro de las soledades, y desde las percepciones de evasión reflexiva y de priorización comunicacional del entretenimiento, hacia la recuperación de intereses, reflexiones y propuestas argumentadas porque vivimos tiempos de encuentros y de búsqueda de certezas, lo que conlleva el renacimiento todavía incipiente de la cohesión social, de las colectividades y la reelaboración de los pactos sociales.
El resultado de las elecciones subregionales ha sido muy claro. El estilo politainment o de la política como entretenimiento, y el estilo histriónico de gestión de los poderes, no ha servido para asegurar victorias salvo contados casos, que no suman los dedos de una mano. El electorado se ha mostrado ávido por superar la situación de incertidumbre que caracteriza sus vidas, buscando encontrar en las promesas electorales certezas visibles, apropiables y realizables. Con la inclusión de lo local y regional en el mapa del desarrollo nacional, hay una reposición de lo que Habermas llama la acción comunicativa, con discurso argumentado y promotor de la reflexión crítica.
Mayoritariamente, el voto no se guió por las emociones que destacan la popularidad, la algarabía, la novedad, la innovación o el espectáculo, ni se dejó engatusar con las promesas fantasiosas de obras colosales, ni por las heroicas historias de vida de los candidatos, ni por las veleidades de tiktokers convertidos en candidatos. En buena parte de las capitales departamentales y regiones, el voto, reflejo de la búsqueda de certezas, se ha guiado por el reconocimiento de lo positivo conocido, creíble, verificable, porque éste es un tiempo de construcción de seguridades con apoyo a líderes que le garanticen a la población resultados demostrables o promesas reales y realizables, y que garanticen acuerdos que antepongan el bien común de los territorios y del país a los fraccionamientos políticos.
Los procesos de Bolivia a las regiones y de las regiones a Bolivia, enmarcados en la política adjunta de Bolivia al mundo y el mundo a Bolivia, tienen que dinamizar experiencias comunicativas intensas, participativas, transparentes y rigurosamente planificadas en estrategias transmediales que aporten a la construcción de sentidos de país como unidad inclusiva desde la diversidad.