Reporte
Fundación Ayuda en Acción: “La formación técnica-profesional es una gran alternativa para que los jóvenes incrementen sus oportunidades de trabajo”
La directora de la Fundación Ayuda en Acción, Isabel Cajías, asevera que la formación técnica-profesional es una alternativa para la población joven en el país, ya que brinda oportunidades de acceder a más empleo. Este jueves, esa fundación y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) presentarán el estudio “Educación y formación técnico-profesional en América Latina en el marco de la digitalización”, un análisis estratégico sobre el papel de la educación técnica y su influencia para conseguir empleo en la juventud latinoamericana.
“Es un informe de investigación sobre el impacto de la digitalización en la formación de los jóvenes y en sus posibilidades y oportunidades de tener empleo, porque el dato más importante que se tiene es que la formación técnica-profesional es una gran alternativa para que los jóvenes incrementen sus oportunidades de trabajo. Se ha demostrado que en los países de Latinoamérica esta clase de formación es un excelente camino para que los jóvenes incrementen sus ingresos y tengan mayores oportunidades de trabajo”, indicó Cajías en una entrevista con Visión 360.
¿Qué concluyó la investigación e informe que se presentará?
El primero es que la formación técnico-profesional es una alternativa para los jóvenes en toda Latinoamérica, porque gracias a ella pueden acceder o encontrar nichos de trabajo y así generar ingresos y mejorar su calidad de vida.
El estudio señala que los jóvenes que han accedido a una formación técnica terciaria han mejorado sus ingresos en un 40% y muchos de ellos han superado su nivel de pobreza. ¿Qué quiere decir eso? Que no solo han conseguido empleo, sino que se trata de empleos estables que les han permitido salir del estado de pobreza que tenían al inicio.
¿En qué lugares se debería implementar esta clase de formación?
El 90% de nuestro país se encuentra en zonas urbanas. Eso quiere decir, como ya sabemos, que las zonas rurales o ciudades intermedias del país realmente tienen muchas menos oportunidades para los jóvenes, tanto en la formación como en la generación de empleo.
Entonces, todos estos análisis que hace el informe dan lugar a algunas recomendaciones que también ayudan a la acción dentro de su margen de intervención y a su implementación en el país. Y una de esas es llevar la educación técnica profesional a esas zonas donde los jóvenes tienen menos acceso.
En el informe ejecutivo, en la última parte, se señala que el éxito de la transición digital en la educación de forma científico-profesional depende directamente de la capacidad del país; en ese sentido, ¿Bolivia está capacitada para ingresar en esa brecha digital o para superarla?
No, ningún país de Latinoamérica está 100% adecuado para ese ingreso, pero está en proceso, porque cada uno de los países tiene un nivel de progreso diferente. Bolivia tiene muchos desafíos. Para mencionar algunos: cuando hablamos de brecha digital, hablamos también de infraestructura y de conectividad.
Sabemos que hay áreas rurales donde todavía la conectividad en Bolivia no es la que esperamos. Entonces, hay que mejorarla. Hay que mejorar la infraestructura, sobre todo en las unidades educativas, porque podemos tener conectividad, pero si no contamos con computadoras o equipamiento que permita acceder a internet, tampoco funciona. Pero, más allá de eso, hay que trabajar en el tema de las capacidades y habilidades de los jóvenes.
¿Qué transformaciones estratégicas se plantean para sortear los desafíos en esta materia?
Lo primero es mejorar las currículas, actualizarlas e innovarlas, porque tenemos currículas atrasadas. Sabemos que los procesos de adecuación curricular en el país se realizan cada 10 o 20 años, cuando las condiciones del mundo entero, y sobre todo con la digitalización, cambian de manera continua.
Tenemos que incorporar nuevos conocimientos continuamente. Lo segundo es incidir en la formación de los docentes, porque si ajustamos las currículas, pero no contamos con docentes que las impartan de forma adecuada, también nos quedamos a medio camino.
Lo que plantea Ayuda en Acción, y también está reflejado en el informe, es que la formación técnica tiene una alternativa de formación flexible, a través de módulos y microcredenciales. ¿Eso qué significa? Que es una capacitación permanente. Es decir, uno se forma en tres años y puede salir capacitado en el uso de inteligencia artificial.
¿Qué es lo que pasa con la currícula en Bolivia?
Está un poco retrasada. No responde al 100% a las condiciones y criterios que puede requerir un empleo en una empresa privada o, inclusive, en una asociación de productores. Entonces, lo que hace Ayuda en Acción es tomar lo que ya existe —que ha avanzado mucho en el país— y tratar de aportar actualizando e innovando esas currículas.
¿En Bolivia se tiene esa incorporación de la formación técnico-profesional?
Se tiene. En la normativa educativa boliviana existen los Bachilleratos Técnicos Humanistas, que ya tienen más de 20 años de existencia. Estos bachilleratos, como sabemos, además de impartir la formación humanística, incorporan una formación técnica. Después, tenemos los Centros de Educación Alternativa, que brindan formación técnica tanto a jóvenes que han terminado el nivel secundario como a aquellos que no.
¿Qué rol debería jugar ahora mismo el Estado dentro de todo este escenario?
El principal, porque el Estado es el que define las políticas y establece la estrategia de desarrollo de la educación en Bolivia. Las ONG y otros actores complementan, apoyan y comparten conocimientos y modelos. Pero, al final, quien es el tutor de la educación en Bolivia es el Estado.
Reitero que las decisiones deben acompañarse a nivel multinivel —valga la redundancia—, no solo desde el Ministerio, sino también desde las gobernaciones y las alcaldías. Como Ayuda en Acción, valoramos mucho el rol de la empresa privada, porque quienes generan empleo para los jóvenes son las empresas privadas.