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Cristiano Ronaldo, inmortal
FIFA
Aquel año, las tiendas de pintura de Kazán, ciudad ubicada en el sudoeste de Rusia, hicieron su agosto. La región, conocida como capital de la cultura tártara, vio aparecer el primer mural el verano antes de que el país albergase la primera Copa Mundial de la FIFA de su historia.
El protagonista de la obra, que cubría por completo los 10 metros de fachada posterior de un edificio residencial, no era otro que Cristiano Ronaldo, representado en una intensa gama de colores vivos. Una escalera de incendios arrojaba una leve sombra sobre la frente del astro, mientras que una ventana reposaba sobre su hombro izquierdo.
Por supuesto, en las semanas anteriores al Mundial, apareció un nuevo fresco en la fachada del edificio de enfrente: un enorme retrato de Lionel Messi con barba, que parecía pintado por el mismísimo Roy Lichtenstein.
Antes de que arrancase el torneo y tras la aparición de un cuarto mural en las calles de Kazán —una imagen de Luka Modrić—, se modificó el retrato original de Cristiano Ronaldo con la siguiente frase: "He marcado cuatro goles. ¿Serás capaz de superarlo, Leo?".
La respuesta a esa pregunta, al menos en lo que respecta a una categoría concreta de lo vivido aquel verano en Rusia, fue negativa.
A unos dos mil kilómetros al sur de Kazán, a orillas del mar Negro, el fenómeno portugués hizo de las suyas y logró un hat-trick en el emocionantísimo empate a tres contra España.
Aquel encuentro, que abría el Grupo B, se considera uno de los partidos más memorables de la competición. Aquella tarde, en Sochi, nuestro protagonista grabó su nombre para siempre en los anales del fútbol.
Con 33 años y 130 días de edad, el astro de Madeira se convirtió en el jugador más veterano que marcaba un triplete en un partido mundialista. No es que le arrebatara el récord a su anterior titular, el extremo neerlandés Rob Resenbrink, por la mínima, sino que más bien lo pulverizó, ya que superó a su rival en nada menos que tres años.
Cuatro años antes, el Estadio Fisht había albergado la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Invierno. Haciendo honor a aquella velada, el portugués —frío como un témpano— abrió el marcador con un disparo perfectamente colocado desde los once metros, la recompensa ideal a la jugada individual que le valió a los suyos un penalti en el minuto cuatro de partido.
El segundo tanto del astro, que llegó tras un doblete de Diego Costa, fue el resultado de la potencia del portugués y de las manos titubeantes del guardameta español David de Gea. Transcurrida cerca de una hora de encuentro, Nacho adelantó a la Roja con un potente disparo desde las inmediaciones del área que ponía el 3-2 en el marcador y dejaba a Portugal con escasas opciones de puntuar.
Sin embargo, en el minuto 88 de partido, el árbitro señaló un libre directo tras un empujón de Piqué sobre CR7. El portugués lanzó la falta con la potencia y colocación que le caracterizan, y el balón se coló como un misil teledirigido en la portería de De Gea.
Fue el hat-trick número 51 de una carrera ya de por sí extraordinaria: además de lograrlo en una cita mundialista, le valió para convertirse en el futbolista más veterano que logra un triplete en la fase final del torneo.