Hilando Fino
El deporte como circo
Me resisto a aceptar esa idea. Sí, el deporte es espectáculo, pero no es circo. Sin embargo, muchos políticos todavía lo ven como gasto, complemento o simple entretenimiento para llenar horarios vacíos en los colegios.
Mientras algunos países utilizan el deporte para construir salud, educación y desarrollo, en Bolivia muchos lo usan únicamente para la foto.
No señores: el deporte es inversión, no gasto.
La actividad física no solo entretiene; es una herramienta de salud pública y transformación social. La Organización Mundial de la Salud sostiene que invertir en actividad física reduce costos en salud y mejora la calidad de vida. Inclusive caminar veinte minutos al día representa un beneficio para un adulto mayor.
En niños, el deporte combate la obesidad y la dependencia a las pantallas. En adolescentes y jóvenes funciona como barrera contra las drogas, el alcohol y otros vicios destructivos.
Y algo que muchos olvidan: el deporte es formativo, recreativo y competitivo. Forja disciplina, responsabilidad, carácter y fortaleza mental.
Pero volvamos al problema de fondo.
Muchos políticos siguen viendo el deporte únicamente como circo. Por eso nombran en cargos importantes a personas que creen que por practicar una disciplina o haber sido dirigentes ya están capacitadas para conducir políticas deportivas.
Y no es así.
Practicar deporte suma, claro que suma. Pero una cosa es competir y otra muy distinta entender gestión pública, planificación y desarrollo deportivo.
Ahí está uno de los grandes problemas del deporte boliviano. Hemos tenido autoridades deportivas que fueron ídolos deportivos, bartenders, fotógrafas, agrónomos y odontólogos, seguramente muy buenos en sus profesiones, pero sin formación en gestión deportiva. Porque administrar el deporte no es un premio político ni un casting de popularidad; requiere capacidad y visión.
Ya vimos autoridades mal elegidas que terminaron sin gestión, cuestionadas e incluso con procesos judiciales.
¿Por qué ocurre esto? Porque muchos gobiernos solo buscan el “show”. Les interesa organizar actividades que generen cámaras y popularidad momentánea. Si la selección gana, aparecen para la foto. Si un atleta consigue una medalla, corren con cheques gigantes y montos mínimos para aparentar apoyo.
Eso no es política deportiva.
La verdadera política deportiva se construye con planificación, escuelas de formación, infraestructura y programas contra el sedentarismo.
El deporte no puede seguir reducido al espectáculo de un día.
Las autoridades recientemente electas deben elegir bien a las autoridades deportivas. El deporte no necesita improvisados ni figuras decorativas, sino personas capacitadas y con visión de desarrollo.
Porque un país que convierte el deporte únicamente en espectáculo termina perdiendo mucho más que medallas: pierde salud, educación, disciplina, deportistas y futuro.
Y porque aquello de “pan y circo para el pueblo” no construye ciudadanos; solo fabrica espectadores. Y eso, además, es muy maquiavélico.