¡No más diálogo!
El país vive secuestrado por sindicatos y “sectores sociales” delincuenciales que llevan ya tres semanas aterrorizando y manteniendo en vilo al país (sobre todo a La Paz). Son hordas delincuenciales y criminales porque bloquean el paso de alimentos, de combustible y de insumos básicos para los hospitales atentando sin piedad contra la vida de los ciudadanos. No son grupos que protesten de forma pacífica pidiendo aumento de sueldo o atención a problemas urgentes en sus comunidades, son delincuentes que llegan a las ciudades con dinamita, secuestran policías, golpean a transeúntes y ya han causado la muerte de al menos cuatro personas.
Muchos de estos bloqueadores e instigadores reciben además el patrocinio económico del perseguido por la justicia, Evo Morales, lo cual significa que reciben el patrocinio del narcotráfico. Los narcos vivieron plácidamente durante veinte años en el narcoestado masista y no les conviene en absoluto que se instale una alternativa política que pueda traer nuevamente a la DEA al país. Por eso financian con entusiasmo mucho de la revuelta desde el Chapare.
Los revoltosos piden, además, y sin remilgo alguno, la renuncia del presidente, es decir, la interrupción del proceso democrático. Escribo esta columna el sábado 23 de mayo en la tardecita y a esta hora se reporta que el Ministro de Obras Públicas fue emboscado un par de veces mientras él y un contingente policial trataban de habilitar un “corredor humanitario.” Dejémoslo claro entonces. Esta gente no está improvisando. Este es un ataque sistemático y coordinado con la intención de interrumpir la democracia, dar un golpe de Estado, despachar al presidente a su casa y volver a instalar la dictadura masista. Probablemente con otros actores, claro, pero con el mismo afán de adueñarse del país y volver al narcoestado.
Pero lo que más sorprende e indigna es que, pese a toda esta evidencia, el gobierno insiste en tratar de dialogar y alcanzar acuerdos con los delincuentes. Le exigen que renuncie, emboscan a un ministro, llegan a la ciudad con dinamitas, impiden que llegue oxígeno a los hospitales, impiden “corredores humanitarios” … ¡y el gobierno insiste en dar la otra mejilla y dialogar! Es que ya da vergüenza ajena ver a un gobierno tan timorato. ¡El mismo ministro Zamora, después de haber zafado de milagro de dos emboscadas violentas, reafirma que hay que dialogar! Por Dios, señores del gobierno… ¿hasta cuándo con la tibieza y la pusilanimidad? ¡Habrase visto! ¿Para qué los elegimos entonces, sino es para hacer cumplir la ley? ¿Para qué tenemos un gobierno sino cumple su rol básico de garantizar la seguridad de los ciudadanos? ¿Para qué tienen el monopolio legítimo de la fuerza (policía y Fuerzas Armadas) sino la usa para proteger a la ciudadanía y garantizarle el libre tránsito?
El gobierno de Rodrigo Paz no solo está haciendo el ridículo ante los bolivianos y la comunidad internacional, sino que además está incumpliendo el rol para el que lo elegimos. ¡Se muere de miedo! El mismo gobierno dice que no apresan a Evo Morales “porque no hay garantías para entrar al Chapare.” ¿Se imagina Ud.? El gobierno, que tiene a su disposición a la policía y a los militares, dice que no hay “garantías” para hacer cumplir la ley. ¿Qué espera? ¿Una carta de los narcos dándole “garantías” y una alfombra roja para entrar a su territorio? ¿De verdad son tan incompetentes? Un ministro dice que el gobierno “no caerá ante la provocación de violencia.” ¿Cuatro muertes, hospitales sin oxígeno, policías secuestrados, dinamita en las ciudades no son suficiente provocación? ¿Esperarán a que dinamiten el Palacio de Gobierno para recién responder?
La actitud pusilánime del gobierno que cede en todo y solo atina a pedir más diálogo solo provocará que más “sectores sociales” se sumen a la protesta porque verán que pueden lograr mucho con un poco de presión. Entiéndalo, Don Rodrigo Paz, con esta gente no se dialoga, a esta gente se le aplica la ley.
Decía Martin Buber, filósofo austro-israelí que dedicó buena parte de su vida a estudiar los principios filosóficos del diálogo, que este es una relación necesariamente basada en el respeto y la confianza mutua. De acuerdo con Buber, sentarse a charlar con alguien de buena fe implica reconocer en el otro un nivel mínimo de honestidad. Esto genera confianza, respeto a la palabra empeñada y la posibilidad de llegar a compromisos efectivos que resuelvan problemas.
¿Puede acaso alguien confiar en estas hordas patrocinadas por Evo Morales y el narco? ¿Puede alguien tenerle respeto a su palabra? ¿Es concebible pensar que un compromiso asumido por ellas sería respetado? ¿No nos han dado muestras sistemáticas de que no tienen ningún interés en proteger la democracia? ¿Es posible un diálogo con ellas como lo entendía Buber?
Absolutamente no. Si quieren guerra el gobierno debe darles guerra. Basta de diálogo, a un gobierno se lo elige para que haga cumplir la ley cueste lo que cueste y caiga quien caiga. Basta de cobardía. Imponga estado de sitio, saque a los militares, mande a la cárcel a los dirigentes y agarre a Evo Morales. La paciencia se acaba.