2026-05-28

Mundial 1978

La sospechosa goleada que le propinó Argentina a Perú para ir a la final

La insinuación de “algo raro” o la denuncia de “arreglo” recién llegaría años más tarde, con el arribo de la democracia y la caída de la dictadura de Videla.

El 21 de junio de 1978, Argentina enfrentó a Perú en Rosario, con la consigna de marcar muchos goles para lograr su pasaporte a la final del Mundial que organizó. Palabras más, palabras menos, la frase sale como un automatismo y se repite con la convicción de verdad irrefutable: “Los milicos hicieron que la selección jugara ese partido más tarde que el de Brasil, para saber cuántos goles debía marcarles a los peruanos”.

Es absolutamente cierto que hubo un pedido ante la FIFA por parte de los brasileños y también de Polonia, su rival, para jugar a la misma hora que Argentina. La solicitud fue rechazada argumentando que el satélite para la transmisión internacional de la TV ya estaba reservado y no podía modificarse. Además, se adujo que, desde el mismo sorteo del Mundial, en enero de ese año, ya se había establecido que por razones comerciales Argentina jugaría todos sus partidos a las 19.15.

El Diario La Voz menciona que una vez que se rechazó la iniciativa, el calendario del cuadrangular semifinal prosiguió por sus carriles previstos: Brasil-Polonia a las 16.45 y Argentina-Perú desde las 19.15

En Mendoza, la verdeamarilha le asestó un 3-1 a Polonia con lo cual la selección de Menotti ingresó a la cancha de Rosario Central, 45 minutos más tarde, conociendo que para convertirse en finalista debía ganar por goleada. La alternativa era clara para los locales: vencer por cuatro goles de diferencia, o bien hacerlo por tres a partir de un 5-2 o superior). Un 4-1 en favor de los albicelestes hubiese determinado que el finalista saliera… ¡de un sorteo!

El seleccionado incaico que jugó esa versión del Mundial.

 

La goleada a los peruanos

Lo que siguió es por demás conocida: Argentina termino goleando 6-0, haciendo gala de un derroche de goles y provocando la ira de los brasileños que se autoproclamaron “campeones morales”. En esa Argentina de mordaza derivada de los años de plomo, sólo hubo espacio para los festejos. La insinuación de “algo raro” o la denuncia de “arreglo” recién llegarían años más tarde, con el arribo de la democracia y, tal vez, por la necesidad de achacarle algún delito más a una dictadura que ya estaba sepultada con sus propias atrocidades.

Las versiones abundan, aunque ninguna comprobada. Se escucha de todo. Que el arquero de Perú era un argentino nacionalizado (Ramón Quiroga), que el defensor Rodulfo Manzo pasó luego a jugar a Vélez, que el técnico puso a un par de jugadores sin experiencia… Pero el eje de la discusión siempre pasa por el tema del horario y de la ventaja de haber jugado a resultado conocido del rival.

Sin embargo, hasta ese dato es endeble. ¿Por qué? Simplemente porque esa ventaja fue una modalidad que se le acordó a todos los países anfitriones entre 1966 y 1982. Es decir que Inglaterra (en 1966), México (en 1970), Alemania (en 1974) y España (en 1982) contaron con el mismo beneficio derivado de su localía: jugar su último partido de grupo después que el resto. Por ello, es absurdo sugerir que fue una previsión de la Junta Militar, ya que esa disposición existió antes y después del Mundial 1978

Es más, ni siquiera después del 6-0 a Perú, la FIFA observó la necesidad de programar las definiciones de zonas de manera simultánea. El detonante para que ello ocurra recién surgió en 1982, con el escandaloso Alemania-Austria.

La FIFA, sospechada de varios acuerdos por bajo de la mesa, no quiso quedar aún más expuesta y desde 1986 dispuso la simultaneidad de las definiciones de grupo, una regla de oro que rige hasta nuestros días. Lo de 1978 fue, sin dudas, una ventaja para Argentina.

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