El debate de mañana
Al parecer la estrategia del cansancio utilizada por el gobierno viene dando resultado, han rebajado los puntos de bloqueo, por cansancio, no tanto de los bloqueadores sino de la gente que los rodea que requiere trabajar, producir, comercializar sus productos y al final tratar de sobrevivir, en un país en crisis, que ahora estará mucho más complicado, por más de 40 días de paralización obligada; tanto la COB como los Tupak y otras organizaciones no quieren rendirse así nomás, requieren retirarse con un empate por lo menos, para ellos y ellas lo ideal hubiera sido un estado de excepción, les hubiera dado el gancho del cual colgar su lucha y reivindicaciones, pero ¡cuidado! esto no queda así.
Evidentemente, el costo es muy alto, comercios sin movimiento económico, servicios parados y sin perspectiva de volver a prestarse de la misma manera que hace cuarenta días atrás. Recuperarse será muy difícil, muy lento y con un esfuerzo adicional que quizá no vaya a funcionar para muchos negocios, se perdieron fechas simbólicas en las cuales el comercio se mueve. Ahora vienen las vacaciones de invierno, una gran oportunidad para que el turismo interno retorné, los servicios logren reactivarse, la gente comience a comprar, esperemos que esto ocurra.
Seguramente en los siguientes días que los bloqueos vayan retrocediendo, los movilizados retornen a sus comunidades y actividades, los gases se dejen de oler en las ciudades y carreteras, las partes se atribuirán victorias. El gobierno dirá que su presunta vocación democrática y el diálogo fueron su arma fundamental, escondiendo bajo la alfombra su debilidad, la falta de musculo en su presencia territorial y organizacional, su inutilidad, en resumidas cuentas. Por la otra parte, seguramente los movilizados dirán que pusieron de rodillas al gobierno y a la población q´ara en las ciudades, enorgulleciéndose de su capacidad de movilización, la legitimidad de sus reivindicaciones históricas, sin darse cuenta que Bolivia requiere trabajar, producir para salir del pozo en el que los gobiernos masistas lo dejaron, luego de los 20 años de vergüenza.
En resumidas cuentas nadie ganó, todos y todas perdimos terriblemente, y seguiremos haciéndolo si en algún momento dejamos la mentira de que aquí no pasa nada, y finalmente nos sentamos y vemos que queremos para nuestra patria, ya no podemos autodestruirnos, discriminándonos, maltratándonos, contraponiendo nuestros intereses sectoriales por el bienestar general; debemos hablar para dejar de lado esa consigna artificial para muchos y real para otros de las “Dos Bolivias”, que no nos permite avanzar como país y sociedad.
Debemos sentarnos en un acuerdo nacional sincero y transparente, un plan plurinacional a mediano y largo plazo, para en primer lugar, reconstruir el tejido social, encontrar los caminos para finalmente dejar atrás el racismo y la discriminación, que resurgió con fuerza en este tiempo aciago, para entender que somos diversos y plurales, que nunca veremos la vida de la misma forma, pero debemos encontrar puntos y valores comunes que nos permitan convivir respetuosamente. La formula de la plurinacionalidad, será la vía a ser retomada, luego de que el masismo la desnaturalizó y otros la niegan, incluso la aborrecen, se presenta como el camino a recorrer para lograr una sociedad plural pero unida.
En segunda instancia, debemos hablar sobre el futuro, principalmente económico, porque sino el conflicto no cesará, pues las luchas sociales en nuestro país siempre fueron por la tierra, territorio, recursos naturales, los excedentes de la explotación de estos, los espacios para el comercio formal y principalmente informal, nuestra posición en el mundo y la región. Debemos definir que modelo propio debemos asumir, Bolivia nunca será socialista completamente ni mucho menos capitalista como algunos/as libertarios sueñan, lo que nos exige buscar formulas propias, que no dejan a nadie fuera y por el contrario todos aporten, sintiéndose parte del todo.
Por último, el debate debe asumir otros puntos importantes que tienen relación con los dos anteriores, como la estructura territorial; debemos reordenar el país, reducir municipios, crear polos de desarrollo regional que complementen el plan económico. Muchos dicen que la federalización sería la respuesta, incluso a los conflictos, pues desarticularía el entramado sindical y social, pero si no hemos logrado todavía ni quitarle los pañales a la autonomía, difícilmente podremos dar el salto, pero hay que debatir.
Es necesario ver el tema impositivo, realmente todos y todas deben tributar, caso contrario será imposible avanzar, esto requerirá patriotismo y entrega, pues los cooperativistas mineros, gremialistas, comerciantes y otros sectores deben formalizarse, no se puede seguir manteniendo el país con solo un puñado de empresas, ciudadanos y ciudadanas que le ponen el hombro al país, y que ahora están en una situación compleja y sin perspectiva de futuro.
Es evidente que se debe hablar mucho, este gobierno, en el que nadie cree ya, podría pasar a la historia como el gran reformador y reencaminar muchas cosas a partir de este Dialogo nacional y plural, sino octubre seguramente sellaría su destino, pero lo grave es que seguiremos ad eternum en esa espiral de desentendimiento y caos.