Hilando Fino Mundialista
Los últimos guardianes del tiempo
Sus cuerpos vuelan por los aires como si la gravedad hubiera decidido perdonarlos. La ciencia insiste en que los años apagan reflejos, ralentizan movimientos. Ellos parecen empeñados en demostrar lo contrario. Mientras el calendario avanza, siguen lanzándose al vacío detrás de un balón como quien todavía persigue el mismo sueño de la infancia.
Hubo un tiempo en que jugar a los treinta y cinco años parecía una rareza. Hoy los futbolistas llegan antes a la élite y permanecen más tiempo en ella. Porque hay amores que el tiempo no consigue vencer.
Josimar José Évora Dias probablemente no le diga mucho a la mayoría. Pero si hablamos de Vozinha, la historia cambia. Su apodo, que remite cariñosamente al "abuelo", ha dado la vuelta al planeta.
Con 40 años y 8 días, el arquero de Cabo Verde se convirtió en una de las historias más entrañables de este Mundial. Su actuación frente a España recordó que la experiencia todavía puede desafiar a los gigantes. El guardameta que apenas reunía unos miles de seguidores terminó conquistando millones de miradas.
Y junto a él aparece otro nombre imposible de separar de la memoria futbolera: Fernando Muslera. A sus casi cuarenta años sigue transmitiendo seguridad. Sus reflejos permanecen intactos, aunque su mayor virtud sea la serenidad de quien ha visto de todo bajo los tres palos. Cuesta imaginar a Uruguay sin Muslera custodiando el arco.
El más veterano de todos aún espera su momento. Craig Gordon, de Escocia, llegó a este Mundial con 43 años y 162 días. Su sola presencia ya constituye una victoria sobre el tiempo.
También aguarda Guillermo "Memo" Ochoa, símbolo eterno de México, rozando los 41 años y resistiéndose al punto final. Quizá por eso conmovieron tanto sus palabras recientes, pronunciadas con lágrimas en los ojos: "Ya no tendrá sentido seguir en el fútbol sin la selección". Porque llega un momento en que la camiseta deja de ser una prenda deportiva y se convierte en una parte de la propia vida.
A esta lista se suman Manuel Neuer (Alemania, 40), Hernán Galíndez (Ecuador, 39), Mahdy Soliman (Egipto, 39), Weverton (Brasil, 38), Johny Placide (Haití, 38) y Roberto Fernández (Paraguay, 38).
La edad es apenas un dato en un documento. Lo que define a una persona es la pasión con la que sigue persiguiendo aquello que ama. Tal vez Matusalén viva, de vez en cuando, bajo unos guantes de arquero.
No lo decía un poeta, sino Gianluigi Buffon, quien aseguró que entre los 38 y los 45 años fue mejor portero que antes, porque la experiencia terminó superando a los reflejos puros.
Quizá por eso los arqueros más longevos de este Mundial no están desafiando solamente a los delanteros; están desafiando la creencia de que los sueños tienen fecha de vencimiento.
Estos últimos guardianes del tiempo. No vuelan más alto porque sean más jóvenes. Vuelan porque aprendieron que la verdadera fuerza no está en las piernas ni en las manos, sino en el corazón de quien se niega a renunciar.
Y mientras haya hombres capaces de lanzarse al vacío detrás de un balón, seguiremos recordando que algunos sueños no envejecen. Se llenan de cicatrices, de recuerdos y de años, pero continúan volando. Quizá con más sacrificios, pero con la misma ilusión de aquel primer día.