2026-06-18

La Tribuna

El silencio de Cristiano

El empate 1-1 de Portugal frente a la República Democrática del Congo sembró una inquietud inevitable. CR7 jugó los 90 minutos, peleó cada balón, pidió protagonismo, buscó su momento. Pero esta vez no llegó.

La primera fecha de la Copa del Mundo no solo dejó goles, triunfos y figuras deslumbrantes; también expuso una verdad incómoda: el tiempo no se detiene, ni siquiera para las leyendas. Mientras el Mundial ardía con actuaciones brillantes, una imagen quedó suspendida entre todas: la de Cristiano Ronaldo caminando en silencio, sin gol, sin explosión, sin esa furia que durante dos décadas convirtió cada partido en una amenaza para cualquier rival.

A su alrededor, las estrellas hablaron el idioma que mejor conocen: el gol. Lionel Messi firmó un triplete que recordó al mundo que la genialidad no envejece. Kylian Mbappé golpeó con autoridad. Erling Haaland y Harry Kane respondieron con contundencia. Todos aparecieron. Todos dejaron una marca. Todos hicieron ruido.

Cristiano, en cambio, dejó silencio.

El empate 1-1 de Portugal frente a la República Democrática del Congo sembró una inquietud inevitable. CR7 jugó los 90 minutos, peleó cada balón, pidió protagonismo, buscó su momento. Pero esta vez no llegó. No hubo grito de gol, ni salto eterno, ni celebración al cielo. Hubo lucha, sí, pero también algo que pocas veces se asocia con él: dudas.

Con 41 años, Cristiano se convirtió en el jugador de campo más veterano en iniciar un partido mundialista. El récord agranda su leyenda, pero también profundiza la pregunta. Porque el fútbol, cruel a veces, no premia la historia: exige presente. Y hoy, el presente de Cristiano está bajo la lupa.

Pero si algo sería injusto, sería sentenciarlo por un solo partido. Ahora empieza su verdadera tarea: demostrar que lo de la primera fecha fue apenas un tropiezo, una mala tarde, un accidente en medio de una carrera construida a base de respuestas imposibles. Si alguien ha hecho de la crítica un combustible, ese ha sido Cristiano Ronaldo.

Portugal tampoco puede permitirse olvidar lo que tiene entre manos. Esta selección no juega solamente por conquistar ese título soñado que aún falta en sus vitrinas; juega sabiendo que en su vestuario lleva a uno de los mejores futbolistas de la historia. Y eso implica una responsabilidad enorme: acompañarlo, potenciarlo y estar a la altura de su legado. El Mundial recién empieza. Y quizás, antes de hablar del final de Cristiano, convenga recordar algo: las leyendas rara vez se despiden en silencio.

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