Hilando fino Mundialista
Rohayhu Paraguay
"Rohayhu" significa "te amo" en guaraní. Y anoche dejó de ser una simple expresión de afecto para convertirse en una declaración de identidad, orgullo y pertenencia. Millones de paraguayos pudieron decirlo con el corazón lleno: Rohayhu Paraguay.
Hay partidos que se juegan con los pies. Y hay partidos que se juegan con el alma.
Lo que vimos fue mucho más que noventa minutos de fútbol. Fue una demostración de amor propio y de esa fuerza invisible que aparece cuando una camiseta deja de ser una prenda deportiva y se convierte en una cuestión de honor.
Paraguay casi nunca tuvo la pelota. Pero entendió que no siempre gana quien más tiene, sino quien mejor aprovecha sus oportunidades. Y en una de ellas apareció Matías Galarza para marcar un gol que puede valer una clasificación y un lugar en la historia.
Miguel Almirón también quedará en la historia del partido. Habló más de la cuenta, vio la roja y perjudicó a su selección.
Fue un partido para vivirlo con los nervios a flor de piel. Los turcos empujaron con toda la fuerza de su historia. Dominaron, insistieron, atacaron. Pero el travesaño, el palo, las manos del arquero y ese misterioso aliado llamado destino parecían haberse puesto de acuerdo para impedir el empate.
Un equipo buscaba aplastar al otro aprovechando su superioridad numérica. El otro resistía mirando de frente a quien quería convertirse en su verdugo. Allí apareció una verdad tan antigua como la humanidad misma: cuando existe honor, los pueblos prefieren morir de pie antes que vivir de rodillas.
Pero Paraguay no murió de pie.
Paraguay triunfó de pie.
Y eso lo hace extraordinario.
Los turcos pelearon hasta el último minuto. Los descendientes de un imperio que alguna vez conquistó tres continentes intentaron derribar la resistencia guaraní. En el territorio que hoy ocupa Turquía se levantó la legendaria Troya, inmortalizada por Homero. Pero esta vez no hubo Caballo de Troya capaz de abrir las puertas de la fortaleza paraguaya. Paraguay resistió cada embestida y convirtió su área en una muralla inexpugnable.
Sin embargo, enfrente estaba Paraguay.
Una nación cuya memoria fue forjada en la adversidad. Un pueblo que lleva en sus cicatrices la historia de haber enfrentado a tres países al mismo tiempo durante la Guerra de la Triple Alianza. Aquella tragedia no quebró el alma guaraní. Esa misma fortaleza pareció reaparecer sobre el césped. Ayer también hubo sufrimiento, pero una vez más Paraguay siguió de pie.
Algunas victorias se explican con la táctica. Esta se explica con la historia y el corazón.
Anoche aprendimos que el honor no se compra ni se improvisa.
El honor se demuestra.
Y Paraguay lo demostró ante los ojos del mundo.
Rohayhu Paraguay.