2026-06-26

Explicador

De pedir un pasaporte diplomático a exigir nuevas elecciones: el giro discursivo de Evo Morales durante el conflicto

Cómo cambió la narrativa del ex presidente en el conflicto social: seis etapas discursivas para justificar los bloqueos.

Bolivia Verifica

Durante los 52 días de conflicto y bloqueos que paralizaron al país, el expresidente Evo Morales reescribió en varias ocasiones el guion con el que intentó explicar y legitimar las movilizaciones.

Su discurso transitó de forma errática: desde demandas económicas y sociales hasta denuncias de conspiraciones internacionales, llamados a una transición política, advertencias de violencia y, finalmente, un conveniente distanciamiento de las medidas de presión con la fachada de tregua.

Esta evolución del relato político no solo acompañó la evolución de la crisis, sino que desnudó una estrategia orientada a blindar el liderazgo de Morales dentro del bloque popular y quebrar la legitimidad del Gobierno del presidente Rodrigo Paz.

La cronología evidencia que el discurso de Evo Morales mutó al menos en seis etapas bien marcadas: la reivindicación social, la denuncia de persecución, la acusación de injerencia extranjera, la propuesta de transición política, el respaldo abierto a los bloqueos y, finalmente, la victimización junto al repliegue parcial de las protestas.

Sin embargo, su afirmación final de que nunca exigió la renuncia del presidente Rodrigo Paz choca de frente con sus propias declaraciones públicas, revelando una estrategia destinada a amortiguar los costos políticos en un escenario marcado por el desgaste social de los bloqueos y la vigencia del estado de excepción.

Cronología discursiva

29 de abril de 2026

Evo aumenta tono de ataques

El conflicto comienza con un incremento de sus denuncias de presunta persecución y negativas reiteradas de que pensaba fugarse.

Antes de que las carreteras se cerraran, Morales, en medio de una de sus tantas denuncias, exigió al Gobierno la restitución de su pasaporte diplomático en su condición de expresidente.

Aunque se trató de un reclamo estrictamente individual, la demanda inauguró una etapa de creciente confrontación con el Ejecutivo y anticipó una narrativa basada en la denuncia de persecución política.

En ese momento, el conflicto aún no tocaba las demandas nacionales ni las reivindicaciones sociales.

10 de mayo

La narrativa social y económica

Tras comenzar el conflicto de la Central Obrera Boliviana (COB) con el Gobierno por el incremento salarial y otras demandas, y sumarse la protesta de indígenas de Pando por la ley 1720, Morales anuncia la denominada “Marcha por la Vida”, intentado sintonizar con el malestar ciudadano y erigirse en su portavoz.

El eje discursivo se movió hacia la defensa de la canasta familiar, el rechazo a la ley 1720, la denuncia de una supuesta privatización de servicios básicos y el evidente deterioro de la economía.

El exmandatario empezó a hablar de hambre, deserción escolar, combustibles de mala calidad y la pérdida del poder adquisitivo. En paralelo, idealizó su gestión de gobierno, comparando la crisis actual con los años de bonanza económica, el doble aguinaldo y los programas sociales de su administración.

Políticamente, esta narrativa buscó reconstruir el puente entre el evismo y los sectores sindicales y populares, apuntando especialmente a la Central Obrera Boliviana, para transformar un conflicto sectorial en una causa nacional.

15 de mayo

De la crisis a la conspiración externa

Apenas cinco días después, Morales cambió radicalmente el chip del discurso. Dejó en segundo plano la crisis económica y denunció una presunta operación militar coordinada entre Estados Unidos, la DEA, el Comando Sur y el gobierno de Rodrigo Paz para capturarlo o asesinarlo en el Trópico de Cochabamba.

La narrativa de la injerencia estadounidense se convirtió, desde ese instante, en uno de los pilares del blindaje discursivo evista.

El recurso de señalar a enemigos externos es un viejo conocido de Morales. Históricamente, el discurso antiimperialista le ha funcionado como un mecanismo infalible de cohesión interna y de legitimación frente a sus bases sindicales y campesinas.

19 de mayo

De conflicto a “sublevación popular”

Con las protestas ganando terreno, Morales redefinió el conflicto como una “sublevación contra el modelo neoliberal” encabezada por los movimientos indígenas y populares.

Las movilizaciones dejaron de presentarse como un reclamo por el bolsillo para convertirse en una disputa ideológica entre dos proyectos de país: uno nacional-popular y otro que el evismo tildó de neoliberal y neocolonial.

La nueva narrativa buscó darle una dimensión histórica al conflicto, vinculándolo con las luchas sociales que llevaron al MAS al poder en 2006 (12).

20 y 24 de mayo

Pide sucesión constitucional y elecciones

Entre el 20 y el 24 de mayo se produjo uno de los virajes discursivos más profundos y de mayor peso político. Morales lanzó públicamente que el presidente Rodrigo Paz tenía solo dos caminos: militarizar el país o dar paso a una transición política mediante una sucesión constitucional y la convocatoria a elecciones en un plazo de 90 días.

Aunque posteriormente negó haber pedido la renuncia del mandatario, sus declaraciones implicaban, en los hechos, empujar la salida anticipada del Presidente.

Este discurso representó un salto cualitativo: el conflicto abandonó las demandas sociales para transformarse en una disputa abierta por la continuidad del poder político.

Este cambio le dio argumentos al Gobierno para denunciar que los bloqueos eran desestabilizadores, mientras el evismo intentaba posicionar que la única salida a la crisis era un nuevo proceso electoral (1,2,3).

25 de mayo

La advertencia: “va a correr sangre”

Con el endurecimiento de los puntos de bloqueo, Morales advirtió que cualquier intento de captura en el Trópico de Cochabamba desataría una ola de violencia impredecible.

“Gracias al Trópico no pueden detenernos. Aquí, si quieren intervenir, va a correr sangre, vamos a defendernos”, afirmó. Morales enfrenta un proceso por trata y tráfico de personas, pero no ha acudido a sus audiencias cautelares ni a su citación en Tarija, lo que derivó en órdenes de aprehensión emitidas por el juez Nelson Rocabado.

La declaración elevó al máximo la tensión política y fue interpretada, tanto por el oficialismo como por la oposición, como un freno directo puesto al Estado para blindar el principal bastión político del evismo frente a una eventual intervención (1).

27 y 29 de mayo

Estados Unidos vuelve al centro del discurso

A finales de mayo, Morales volvió a meter presión con las denuncias sobre una presunta injerencia de Washington en la crisis boliviana.

Acusó al Gobierno de estar sumiso a las órdenes de Estados Unidos, aseguró que planeaban imponer un estado de excepción con tutela extranjera y sostuvo que la Casa Blanca pretendía apoderarse de los recursos estratégicos, apuntando directo al litio.

La narrativa buscó internacionalizar el conflicto y camuflar la disputa interna dentro de una confrontación geopolítica global (1).

5 y 7 de junio

La victimización y la resistencia

A inicios de junio, Morales alertó sobre la existencia de un supuesto plan denominado “Delta Ñ” para capturarlo “vivo o muerto”. Poco después, aseguró que no se movería de Bolivia para “combatir” y exigió a la Asamblea Legislativa rechazar la ley de estados de excepción.

El expresidente jugó aquí a dos bandas: se plantó simultáneamente como la víctima de una persecución implacable y como el líder de una resistencia heroica frente a lo que calificó como una escalada autoritaria del Gobierno (1).

12 de junio

Morales asume el liderazgo político de los bloqueos

En uno de los momentos más sinceros del conflicto, Morales afirmó con contundencia que las organizaciones no levantarían las medidas de presión “hasta ganar esta batalla”.

Esta declaración significó el reconocimiento político explícito de su control sobre las movilizaciones, echando por tierra la tesis que los dirigentes evistas sostuvieron por semanas, quienes aseguraban que los bloqueos eran espontáneos y no obedecían a una jefatura centralizada (1).

15 de junio

El conflicto es comparado con el Plan Cóndor

Aprovechando la expulsión de activistas argentinos, Morales denunció la supuesta reactivación de prácticas propias del Plan Cóndor y advirtió sobre un giro autoritario por parte del Gobierno.

El uso de estas referencias históricas vinculadas a las dictaduras militares buscó golpear la imagen internacional del Estado y reforzar su propia narrativa basada en la defensa de los derechos humanos.

21 de junio

Distanciamiento y victimización

Con el estado de excepción ya sobre la mesa y el evidente desgaste de las movilizaciones, Morales empezó a tomar una prudente distancia de las carreteras.

“Respeto muchísimo a los compañeros que están movilizados, pero no es bajo mi convocatoria”, dijo.

Este repliegue discursivo coincidió con un panorama adverso para el evismo, asfixiado por el despliegue militar, el cansancio social y el enorme costo económico de las protestas. El relato se refugió nuevamente en la victimización, denunciando la persecución y estigmatización estatal.

22 de junio

El anuncio de un cuarto intermedio

Tras 52 días de alta tensión, Morales y las Seis Federaciones del Trópico anunciaron un cuarto intermedio en los bloqueos, asegurando de forma tajante que “nunca” habían planteado la salida de Rodrigo Paz.

Sin embargo, la hemeroteca de los días 20 y 24 de mayo —cuando planteó la sucesión constitucional y elecciones anticipadas— dejó en evidencia la contradicción entre el discurso de retirada y sus propuestas previas (1).

23 de junio

La narrativa humanitaria

En la fase de cierre, Morales trasladó la denuncia hacia los perjuicios económicos y sociales provocados por los cortes de energía en el Trópico de Cochabamba, detallando el impacto en hospitales, pequeños comerciantes y familias de la región.

Con este último movimiento, el foco abandonó la movilización combativa y se centró en la vulneración de derechos de los pobladores de su región.

 

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