2026-07-03

Líbero

Francia va por su tercera estrella

Sería un merecido cierre al magnífico trabajo de Deschamps. No cabe duda que es el mejor equipo de este torneo, pero ya sabemos que el fútbol es el dominio de lo impredecible.

La envidia, como lo confirman Alejandro Dumas y Auguste Maquet, puede ser el móvil del encarcelamiento de un inocente. Bajo la falsa denuncia y acusación de ser bonapartista, entra al Castillo de If, la penitenciaría para presos políticos, el joven capitán Edmundo Dantés, pero escapa de ese ominoso presidio el que llegaría a ser el insondable Conde de Montecristo. Es la inopinada amistad con el abate Faria, otro preso político, quien muere sin recuperar su cercenada libertad, la que transforma a Dantés en un ser humano que llega a conocer el gran valor de la educación. El tesoro de la Isla de Montecristo es sólo un medio, nunca un fin.

Quien haya seguido de cerca la trayectoria de Les Bleus sabe cómo naufragaron bajo la batuta del DT Raymond Domenech, quien, entre 2004 y 2010, apelaba a la superchería astrológica para definir las alineaciones de la escuadra francesa: no interesaban la capacidad ni el mérito de los jugadores convocados, sino el signo zodiacal de su nacimiento; en el delirio del detestable Domenech, era más importante para el equipo que no coincidieran en el ataque uno de Libra con otro de Capricornio, porque bajo su óptica eso causaba un choque energético (!) que debilitaba al equipo. Digamos que no era un DT sino un brujo o, en el ámbito andino, un yatiri metido en asuntos futbolísticos. Todos recordamos cómo el puma Anelka merecidamente lo mandó a rodar...

Hoy, en cambio, es todo tan diferente. En 1998, cuando Francia alcanzó su primer título mundial, el DT fue Aimé Jacquet, mientras que el capitán en aquella memorable final contra Brasil (3-0, con dos goles de Zidane) fue el actual estratega Didier Deschamps. Fue como sustituir a un hechicero por otro hombre educado por el abate Faria. Bajo la dirección de Deschamps, quien ha anunciado que se retirará después de este Mundial, este temible equipo llegó a un segundo título en Rusia, en 2018, y a ser subcampeón en 2022, tras la final a penales (4-2) que perdió ante Argentina. Es decir, Deschamps tiene el mérito de haber alcanzado el campeonato más importante del mundo futbolístico como jugador y DT. Pero su mejor logro es haber construido, desde 2012, en un largo y fructífero ciclo de 14 años, toda una institución que quedará en manos de su sucesor y compañero mundialista, el gran Zinedine Zidane.

Los galos celebran uno de sus goles a los suecos. Foto: Selección de Francia.

 

El edificio futbolístico de Deschamps se fundamenta en la claridad estratégica que se une armoniosamente con una generación de jugadores extraordinarios, línea por línea. Aplica por lo general un 4-2-3-1, aunque el esquema se moldea a las necesidades de la ocasión, lo cual ha convertido a Francia en una máquina demoledora de vértigo y peligro.

A la solvencia de sus centrales Upamecano y Saliba, agrega la fortaleza, movilidad y recuperación de Tchouaméni y Rabiot al centro, la contundencia del tridente ofensivo Dembélé, Olise y Barcola y, para consolidar las jugadas, Mbappé como punta. Cabe remarcar que en el último encuentro contra Suecia (3-0), en esta estructura azul de demolición brilló Olise que jugó un partido sublime, que incluyó una tijera que dio en el palo y dos o más pases de gol. Francia se ha dado el lujo de no convocar a talentosos jugadores como Camavinga, entre otros…

Con todos estos argumentos no es difícil afirmar que Francia va por su tercer título de la mano de la interpretación futbolística de excelencia de Deschamps. Sería un merecido cierre al magnífico trabajo de este líder francés. No cabe duda que es el mejor equipo de este torneo, pero ya sabemos que el fútbol es el dominio de lo impredecible.

 Como todo debe tener un cierre, Dantés se venga de los envidiosos y complotadores que quisieron causar su muerte física, civil y moral, pero entiende que es mejor el perdón. Es como concluir que la venganza, además de ser un plato frío, no es de los hombres, sino de la divinidad.

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