Virus
Desconfianza, ataques y sueldos atrasados: la difícil tarea de responder al brote de ébola
EFE / Kinsasa
La propagación del virus del Ébola no es el único desafío para frenar la epidemia declarada el pasado 15 de mayo en el este de la República Democrática del Congo (RDC): la desinformación y los ataques de la comunidad, junto a los atrasos en el pago de salarios, también amenazan la respuesta, aunque la situación mejora lentamente.
"Nos han atacado en varias ocasiones jóvenes que se llevaban los cuerpos de sus seres queridos. Los manipulaban, los lavaban y organizaban ellos mismos los funerales sin ningún tipo de protección", relata a EFE por teléfono Triphonette Manenge, trabajadora de los equipos dedicados a llevar a cabo entierros seguros para los cadáveres de enfermos, extremadamente contagiosos.
"Estas prácticas suponen un enorme riesgo de transmisión del virus en la comunidad", añade Manenge, de 38 años y radicada en Bunia, capital de la provincia de Ituri (epicentro del brote).
En este sentido, subraya que "desde la recogida del cuerpo del centro de tratamiento de ebóla (CTE) hasta su lavado y posterior entierro, tras haberlos vestido" se aplican "medidas de seguridad muy estrictas".
"Hemos recibido la formación adecuada y disponemos del equipo de protección individual (EPI) necesario para protegernos a nosotros y a la comunidad", asegura, lo que supone una mejora respecto a la grave escasez de material que marcó el principio del brote.
Manenge y sus colegas hacen así frente al que se convirtió el pasado viernes en el segundo brote con más contagios registrados de la historia y en el mayor en cuanto a infecciones en la RDC.
El último boletín del Gobierno congoleño, con datos recopilados hasta el 3 de agosto, elevó a 1.751 el número de muertos y a 3.874 los casos confirmados.
Incendios y ataques
Las noticias sobre ataques contra centros de salud y equipos de respuesta al ébola no han dejado de reportarse desde la declaración de la epidemia, unas acciones alimentadas por la desconfianza, la desinformación y los rumores sobre la enfermedad.
La noche del 30 de junio al 1 de julio, por ejemplo, el CTE de la localidad de Bafwango (Ituri) fue incendiado, después de que un grupo enfurecido se negara a entregar el cuerpo de un muerto por ébola a los equipos de respuesta.
Como en otras ocasiones, esto hizo que varios enfermos huyeran, incluyendo dos casos confirmados de ébola y siete sospechosos.
"Los nueve pacientes huyeron del centro y siguen sin aparecer, lo que hace temer una mayor propagación de la epidemia en la comunidad", declaró entonces a medios locales el médico jefe de la zona de salud afectada, Joseph Pemanakue.
Un mes después, la pasada semana, una ambulancia fue atacada por jóvenes, lo que desató un tiroteo con la Policía en la ciudad de Beni, en la provincia vecina de Kivu del Norte.
Pese a estos episodios, la situación mejora poco a poco y las comunidades colaboran más que al principio, asegura a EFE Manenge.
"Acabamos de volver del cementerio tras el entierro de dos personas. Todo ha transcurrido sin problemas, especialmente gracias al apoyo de los jóvenes en la comunidad, que nos ayudaron a cavar tumbas", subraya con esperanza.
Salarios atrasados
Además de la desconfianza comunitaria, cientos de médicos y enfermeros han denunciado el atraso en el pago de sus salarios, en algunos casos desde el estallido del brote, en el marco de un sistema de salud deficiente que ya antes de esta epidemia tenía dificultades para sostenerse.
Esto ha llevado a muchos trabajadores a amenazar con convocar huelgas. Algunos han llegado a dejar de trabajar, si bien todavía no han hecho oficial un parón.
"El problema era real", admite a EFE Bibi Bazebisala, portavoz del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) de la RDC.
"Pero hoy les aseguro que todo el personal involucrado en la respuesta está recibiendo su pago. Ya hemos superado el 90 % del personal pagado. El problema está prácticamente resuelto", asegura, y justifica las demoras por retrasos en el sistema de digitalización.
Esta explicación, sin embargo, no parece coincidir con la realidad de los trabajadores enfrentados al ébola sobre el terreno.
Varios trabajadores, por ejemplo, bloquearon en la madrugada de este lunes la entrada principal del Hospital General de Referencia de Mongbwalu (Ituri), el pueblo donde se notificó el primer caso del brote, y fueron dispersados por la Policía con gases lacrimógenos.
"Exigimos el pago de nuestros salarios de los meses de mayo, junio y julio. Damos 24 horas a las autoridades competentes para que regularicen la situación. De lo contrario, iniciaremos una huelga sin prestaciones", declararon a la prensa local los manifestantes, repitiendo una amenaza que han hecho muchos otros profesionales.
También se quejan los trabajadores encargados de los controles de temperatura en los puntos de entrada al país, quienes aseguran recibir honorarios demasiado bajos comparados con los de los profesionales médicos.
"Es una injusticia. Pedimos a la OIM (Organización Internacional de las Migraciones) que corrija esta situación, ya que estamos expuestos al mismo riesgo y contribuimos a la misma respuesta", dice a EFE Christine Kongolo, del puesto de control del aeropuerto de Bunia.