2026-08-28

La espada en la palabra

Aniversario de una década de columnismo

Si Yahvé lo permite, escribiré hasta ser un anciano, tal vez hasta los 85 o 90; o sea, unas seis décadas más de opiniones semanales en 4.000 caracteres con espacios.

Este agosto estuve de aniversario: cumplí 10 años como columnista de prensa. Sin darme mucha cuenta, ya pasaron 120 meses, 521 semanas, más de 3.650 días, desde aquel día de 2016 cuando, con 21 años, comencé esta labor que me encanta porque me obliga a pensar un tema diferente para escribir todas las semanas, estimula mi cerebro y, de alguna manera, me exige estar al tanto de ciertas lecturas y temas del mundo.

Recuerdo que la vez que fui a aquel diario a solicitar un espacio para publicar mis ideas, me miraron de pies a cabeza y, con escepticismo, me dijeron que enviara un artículo de prueba grabado en un disco compacto (CD), para que lo evaluaran. Regresé a casa y lo escribí con entusiasmo. A la mañana siguiente, mi mamá me sugirió un título; entonces abrí el texto, lo edité, lo “quemé” en un CD y lo llevé al periódico. Unos días después, cuando vi mi artículo publicado, sentí una emoción difícil de describir y, aunque sabía que no lo era, me sentí una especie de celebridad. Disfruté el día entero leyendo y releyendo mi texto impreso en papel y colgado en la web, y me imaginé, aun cuando sabía que no era así, que miles de personas se habían enterado de mis ideas ese día. Algo muy similar cuenta que le sucedió Alcides Arguedas cuando publicó su primer texto periodístico.

Desde siempre tuve la sensación de que mis lectores son muy pocos, pero que son fieles, y esto ya significa mucho. De todas formas, a lo largo del tiempo algunos textos han tenido cierta repercusión y causado incomodidad en ciertos personajes del mundo de la política o el periodismo. Esto sucedió sobre todo durante los últimos meses de Evo Morales en el poder, en 2019. Debo reconocer que, pese a las injurias que pueda significarle el texto a su autor,  cuando eso ocurre el columnista se siente mejor que cuando pasa desapercibido, como una brisa ligera que no perturba a nadie.

No hice el cómputo oficial, pero estimo que ya tengo un poco más de 500 textos de opinión publicados y reunidos en cartapacios que desde aquellos tiempos mi papá iba comprando para poner a buen recaudo y para la posteridad los artículos de su hijo. Leyendo aquellos primeros escritos, noto que mi estilo ha cambiado mucho. A diferencia de hoy, en aquel tiempo escribía una prosa más barroca y grandilocuente, porque deseaba impresionar a mi lector. Mis ideas también cambiaron, pero creo que no tanto. Por ejemplo, en esos años de inicios de siglo creía en una suerte de esencia nacional boliviana o de “genius loci”. No me avergüenzo, pues pensar y crecer significa ir cambiando de opinión sobre algunos temas.

Escribir una columna también te disciplina, porque a veces lo último que puedes hacer cuando llegas a casa es sentarte a escribir, racionalizando la realidad y editando después… pero lo haces igualmente. Es como llevar a tu cerebro al gimnasio y ponerlo a dieta. También te enseña a verificar tus ideas, confrontándolas con el espejo de la lógica y la evidencia de los hechos. Por donde se vea, la mente sale fortalecida tras el ejercicio de la escritura de un artículo de opinión.

Si Yahvé lo permite, escribiré hasta ser un anciano, tal vez hasta los 85 o 90; o sea, unas seis décadas más de opiniones semanales en 4.000 caracteres con espacios. En ese lapso, habrá seguramente muchas contrariedades, pero espero que por ellas no deje la escritura, o que esta no me deje a mí, y que siempre haya un periódico caritativo que acoja mis modestos textos. Aparte de ser como llevar el cerebro al gimnasio, escribir es una forma de resistir al olvido y, ahora, a la IA, que amenaza con anular a los escritores. Y como yo no estoy dispuesto a que esto ocurra, ¡que vengan 500 más…!

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360.
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