2026-09-07

Pie de página

Tuto y su reforma del Senado: ¿cambiando las reglas del poder?

Si vamos a cambiar las reglas del juego, debemos hacerlo pensando en el país y no en quién ocupará circunstancialmente el poder.

Haciendo un recorrido por las propuestas de modificación de la Constitución Política del Estado (CPE) planteadas por Tuto Quiroga, nos encontramos con una modificación que, a primera vista, podría parecer intrascendente, pero que tendrá importantes consecuencias políticas: el cambio en la composición de la Cámara de Senadores y en la forma de elegir a sus miembros.

La propuesta de Tuto es volver, a lo que establecía la Constitución de 1967: una Cámara de 27 senadores, tres por departamento, de los cuales dos corresponderían a la primera mayoría y uno a la segunda mayoría. Esto significa que las dos fuerzas políticas más votadas en cada departamento tendrían representación en la Cámara Alta.

El sistema actual es diferente. La Cámara de Senadores está compuesta por 36 miembros y, en cada departamento, se eligen cuatro senadores de acuerdo con los votos obtenidos por las candidaturas presidenciales. La distribución proporcional permite que, dependiendo de la concentración del voto, los cuatro senadores puedan corresponder a cuatro fuerzas diferentes o, por el contrario, que una sola fuerza obtenga los cuatro escaños.

El cambio propuesto por Tuto tiene una consecuencia particularmente importante: dificulta que una sola fuerza política pueda alcanzar por sí misma los dos tercios del Senado. Con el sistema propuesto, una fuerza política tendría que obtener la primera mayoría en los nueve departamentos para alcanzar los 18 senadores que representan los dos tercios. En un país políticamente polarizado y territorialmente dividido como Bolivia, esto resulta extremadamente difícil. Basta recordar que el MAS, incluso en sus mejores momentos electorales, nunca logró ser la primera fuerza en los nueve departamentos. El actual sistema proporcional, en cambio, puede producir una importante concentración de la representación cuando una fuerza política obtiene una votación muy elevada en determinados departamentos.

Esto ocurrió reiteradamente con el MAS, especialmente en el occidente del país. En departamentos como La Paz, Oruro, Potosí, Cochabamba y Chuquisaca, la concentración de su votación le permitió obtener tres e incluso cuatro senadores.

De esta manera, una fuerza política podía no ganar en todos los departamentos y, sin embargo, alcanzar una representación parlamentaria suficiente para alcanzar los dos tercios.

La fórmula propuesta por Tuto modifica radicalmente esta posibilidad. Aunque una organización política arrase electoralmente en determinados departamentos, la segunda fuerza más votada tendrá asegurada representación en ellos.

La mayoría de dos tercios no es un requisito menor dentro de nuestro sistema constitucional, la elección de seis de los siete vocales del Tribunal Supremo Electoral, la designación de autoridades como el Defensor del Pueblo, el Fiscal General y el Contralor, y otras decisiones parlamentarias requieren dos tercios de votos. La consecuencia será inevitable: quien tenga la mayoría parlamentaria deberá buscar acuerdos con otras fuerzas políticas.

Y esto, lejos de ser una debilidad, puede convertirse en una de las mayores fortalezas del sistema democrático. Una mayoría que necesita negociar está obligada a escuchar; una mayoría que necesita votos de la oposición tiene que construir acuerdos.

Durante años hemos escuchado que los pactos políticos son una de las grandes enfermedades de la democracia boliviana. Es cierto que algunos pactos del pasado estuvieron motivados por intereses partidarios y repartos de poder. Pero no debemos confundir eso con la necesidad democrática de alcanzar acuerdos. En las democracias maduras, las mayorías gobiernan, pero las minorías participan y tienen capacidad de influir cuando se trata de decisiones que requieren mayorías calificadas.

Los acuerdos parlamentarios pueden transformarse incluso en verdaderos pactos de Estado cuando se construyen sobre políticas institucionales que trascienden a un gobierno determinado.

Por eso, la modificación propuesta para el Senado me parece positiva. Obliga a quien gobierne a construir consensos y evita que una victoria electoral pueda convertirse automáticamente en un poder institucional sin contrapesos.

Pero la reforma no puede quedarse a medias, creo que la propuesta de reforma constitucional debería ir mucho más lejos, quedan en el tintero cuestiones fundamentales que deberían ser abordadas si realmente queremos fortalecer nuestra democracia, entre ellas está el principio de un voto, un ciudadano, las cuotas de género y de indígenas, las suplencias, la representación uninominal, las circunscripciones espaciales, la residencia, etc., la propuesta de Tuto Quiroga constituye, en este aspecto, un buen punto de partida, pero la oportunidad exige más.

Si vamos a cambiar las reglas del juego, debemos hacerlo pensando en el país y no en quién ocupará circunstancialmente el poder. Una buena Constitución debe funcionar cuando gobiernan nuestros amigos, pero también, y sobre todo, cuando gobiernan nuestros adversarios.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360.
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