La mirada del escritor
Se te agota el tiempo
En política, el tiempo no se mide únicamente en meses de mandato. Se mide en confianza. Y cuando la confianza comienza a desaparecer, cada día pesa como una derrota. Rodrigo Paz todavía tiene tiempo constitucional por delante, pero su tiempo político empieza a reducirse peligrosamente.
El problema central de su Gobierno ya no es únicamente la crisis económica, la escasez de combustibles o la presión social. Es algo más profundo: la pérdida progresiva de credibilidad. Un gobierno puede resistir dificultades económicas, protestas e incluso errores administrativos; lo que difícilmente puede sostener es la sospecha permanente de que no controla su propia administración.
En los últimos meses, distintas denuncias, investigaciones y escándalos han rodeado a funcionarios y personas vinculadas al entorno gubernamental. Algunos casos continúan bajo investigación y, por tanto, sería irresponsable convertir acusaciones en sentencias anticipadas. Sin embargo, políticamente existe un problema que ningún expediente judicial puede ocultar: la acumulación de sospechas deteriora la autoridad moral del poder.
La ciudadanía no exige que un presidente sea omnipotente. Exige que gobierne. Que explique. Que actúe. Que establezca responsabilidades. Que no permita que el silencio, las contradicciones o las respuestas tardías terminen ocupando el lugar de la transparencia.
Los números también encienden alarmas. Un estudio de Ciesmori difundido en agosto registró una caída de la aprobación presidencial desde el 65% de noviembre de 2025 hasta el 32% en julio de 2026, mientras la desaprobación alcanzó el 55%. Ninguna encuesta constituye una sentencia definitiva, pero semejante tendencia debería obligar a cualquier gobierno inteligente a revisar su rumbo.
Rodrigo Paz llegó al poder representando, para una parte importante del país, la posibilidad de iniciar una etapa distinta. Precisamente por eso su responsabilidad histórica es mayor. No puede pedir paciencia indefinidamente ni atribuir todo el deterioro a conspiraciones, bloqueos, adversarios o campañas externas. Gobernar significa asumir también el costo político de aquello que ocurre dentro del propio Gobierno.
Bolivia está cansada de administraciones que prometen moralizar el Estado y terminan atrapadas entre denuncias, improvisaciones y explicaciones insuficientes. El cambio no se demuestra en discursos: se demuestra abriendo información, investigando sin protección partidaria, apartando a quienes estén seriamente cuestionados y sometiendo cada acto público al escrutinio ciudadano.
Paz todavía puede corregir. Pero debe comprender algo elemental: el capital político no es infinito. Cada escándalo sin esclarecer, cada crisis mal comunicada y cada promesa incumplida consume una parte de él.
Presidente, el reloj ya está corriendo.
No es todavía el final de su Gobierno, pero podría ser el comienzo del final de su credibilidad.
Porque cuando un presidente pierde la credibilidad, puede conservar el cargo durante años, pero comienza a quedarse sin poder mucho antes.
Se te agota el tiempo.