2026-09-11

La espada en la palabra

Gracias por siempre, Capitán

Ya no corre como antes ni tiene la agilidad de una gacela que solía tener, pero su genialidad sigue intacta (las asistencias precisas y su liderazgo lo demuestran).

En una columna de hace unos días titulada “Messi, el rey que abdica”, el exjugador Jorge Valdano, ganador de la Copa del Mundo el 86, escribió: «“Me voy vacío”, dice su nota de despedida. “Nos deja llenos”, digo en representación de todos los que amamos el fútbol. Se despide de la camiseta más sufriente, querida y gloriosa para él».

¿Deberíamos sentirnos bien por haber nacido en época de Lionel Messi? Yo creo que sí. Para mí, es el más grande de todos los tiempos; no solo el futbolista, sino el deportista más grande.

Aunque ya había escuchado de él, conocí su rostro recién en el álbum de figuritas de la Copa del Mundo de Alemania 2006 y, unos días después, lo vi debutar con su Selección en el partido de Argentina contra Serbia y Montenegro, en el que la albiceleste goleó 6-0, con un gol precisamente de la Pulga. Fue un partido que vi en diferido, tras llegar a mi casa luego del colegio. En esas épocas, el estilo de juego del astro era diferente, con entradas en diagonal y corridas veloces que descaderaban a los más experimentados centrales. Recuerdo también la hermosa vaselina que hizo en la Copa América 2007, cuando colgó al Oswaldo Sánchez. Sin embargo, aquellos triunfales performances, que le auguraban una carrera brillante en la Selección, fueron seguidos por una serie de temporadas que no fueron las mejores para la joven promesa.

Durante muchos años, Messi no “entendió” al plantel argentino, ¿o este no lo “entendió” a él? Hacía magia en el Barcelona, pero con la camiseta de su patria no podía descollar. Por eso se ganó el encono de muchos periodistas e hinchas, que con frustración o malicia decían que no sudaba la camiseta, que no la sentía, que no era ni la sombra de Maradona. Esa mala racha se prolongó durante unos diez años, hasta que en la Copa América de 2016, casi entre lágrimas, dijo a la prensa deportiva que su paso por la Selección había terminado ahí.

Por dicha, el cariño de millones de hinchas lo hicieron desistir de su decisión y volvió a ponerse la albiceleste. Pero tuvo que esperar todavía cinco años para ver realizada su mayor aspiración, pues fue en el la Copa América de 2021 cuando, con un Maracaná con las tribunas vacías debido a la pandemia, levantó por primera vez una copa para su Argentina. Fue el punto de inflexión más importante de su carrera, ya que luego de ello ganó la Finalissima y, en 2022, la Copa del Mundo en Catar. Y la imagen del 10 levantando el trofeo dorado se inscribió en la galería de imágenes más icónicas de cuantas haya en todo el siglo XXI.

Hace unas semanas, en el contexto de la Copa del Mundo 2026, el cantante Palmito hizo una versión de No me arrepiento de este amor, de Gilda, en la que algunos versos decían: “Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo… ¡Argentina, quiero verte bicampeón!”. Y creo que no era un deseo exclusivo de los argentinos, sino de millones de admiradores del astro argentino que durante años quedaron cautivados por la calidad y la pasión con las que hizo fútbol. Ídolo de niños, adultos y ancianos, enseñó que con perseverancia las cosas buenas pueden llegar en algún momento. Pero además fue un hombre modelo en otros sentidos. Esposo y padre de una familia bien conformada, cristiano y humilde, en sus botines de este que fue su “último tango” llevaba estampada la frase “Fútbol y Familia”.

Ya no corre como antes ni tiene la agilidad de una gacela que solía tener, pero su genialidad sigue intacta (las asistencias precisas y su liderazgo lo demuestran). Además, ahora, cual un viejo patriarca bíblico, posee la experiencia que, en cualquier área de la vida, uno solo logra con los años. Y se retira de la Selección en el momento indicado, con un aura que nadie le podrá quitar. Pasarán varias décadas hasta que el mundo vea otro fenómeno de esta dimensión, no solo en el fútbol, no solo en el deporte, sino en cualquier área. Es poco posible que nuestra generación viva esa experiencia.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360.
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