2026-09-12

Dolor, "views" y política, lo que Viacha pone en evidencia

La política tiene derecho a discutir responsabilidades y exigir respuestas, pero debe recordar que una familia en duelo no constituye materia prima para una estrategia de posicionamiento público.

Varios días después de la doble explosión en el Regimiento Bolívar de Viacha, la gente todavía espera recuperar a sus familiares entre los escombros. Los "lives" de TikTok se redujeron; los discursos políticos, en cambio, crecen y se distribuyen como publicidad de negocio nuevo. La tragedia nos ha conmovido profundamente, pero ¿qué ocurre con las víctimas cuando su dolor comienza a tener utilidad política y de "viralidad"?

Una madre que atraviesa el momento más doloroso de su vida debería ser reconocida, ante todo, como una persona con derecho a la intimidad. La exposición pública puede transformar su sufrimiento en una herramienta para demostrar sensibilidad, reforzar una posición política o construir protagonismo.

Guy Debord, en La sociedad del espectáculo (1967), explicó que las relaciones sociales quedan cada vez más mediatizadas por imágenes: esta idea nos permite analizar lo siguiente: el vínculo entre quien sufre y quien mira ya no es directo, sino filtrado por lo que decide mostrarse. Es justo lo que pasa cuando un "live" de TikTok se vuelve el punto de contacto entre una tragedia y el resto de la sociedad.

Una tragedia necesita ser informada: la sociedad tiene derecho a conocer lo ocurrido, sobre todo cuando hay responsabilidades por esclarecer. Pero eso no justifica recurrir al morbo para ganar visualizaciones. La intimidad de una persona en crisis no debería desaparecer solo porque existe una audiencia interesada en observarla. Y en esta cadena, el periodismo tampoco es un actor neutral: a diferencia de quien graba un "live" desde su celular, tiene un código profesional que le exige preguntarse, antes de registrar, si ese instante del dolor corresponde ser expuesto.

La socióloga Eva Illouz ha mostrado cómo, en la cultura contemporánea, emociones y mercado se entrelazan cada vez más. Las emociones, lejos de pertenecer únicamente a la esfera privada, circulan también como mercancía dentro de lógicas de mercado y de atención. Extiendo este análisis al consumo mediático del dolor, donde una vez expuesto, puede volverse un activo de atención dentro de una economía mediática que ya no distingue entre informar y espectacularizar.

¿Y la política?

Cuando el sufrimiento ingresa al debate público, la política enfrenta una responsabilidad particular: una tragedia puede volverse un espacio de disputa por el sentido de lo ocurrido, y las víctimas podrían quedar subordinadas a las necesidades del discurso y de que sus experiencias sean utilizadas para construir legitimidad, indignación o adhesión.

Bourdieu y Passeron (1970) desarrollaron el concepto de violencia simbólica que, pensado para el ámbito educativo, ilumina también el terreno mediático, donde quienes tienen más capacidad de hablar públicamente imponen su interpretación del sufrimiento ajeno.

El sufrimiento de una familia puede convertirse en símbolo de una causa, argumento de una acusación o imagen para reforzar un discurso. Su experiencia íntima queda incorporada a una narrativa construida por otros. Allí aparece una forma de poder que merece ser observada con cuidado: la capacidad de definir públicamente qué significa el dolor de otra persona.

La política tiene derecho a discutir responsabilidades y exigir respuestas, pero debe recordar que una familia en duelo no constituye materia prima para una estrategia de posicionamiento público.

Quizás por eso resulta tan importante recuperar una pregunta elemental: ¿qué lugar ocupa la dignidad humana en medio de nuestra necesidad de informar y participar en la conversación pública?

En la tragedia, las familias merecen justicia, respuestas y reparación. Merecen también algo que debería ser mucho más sencillo de ofrecer y que, sin embargo, parece escasear en medio del ruido de las cámaras, los discursos y las redes sociales: humanidad.

¿Se puede informar sin convertir el llanto en contenido ni medir el dolor en "views"? Viacha nos obliga a preguntarnos esto cada vez que decidimos seguir mirando.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360.
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